LINDO MORIR EN SU PLUMA

La violencia siempre en medio, siempre delante o atrás; a veces tardía, pero llega; algunas veces lenta, pero dura, y otras dura pero rápida…

 

Escribe / Jhonny Galvis – Ilustra Stella Maris

La Colonia, la República y progresivamente la nación de Colombia se comienza a perfilar dentro de las esferas de lo romántico y la heroína, dado al recorrido literario que a poco se irá conociendo por parte del español y el francés, quienes aportan a las letras una visión más amplia y desarrollada de la literatura en los ámbitos modernos. Aunque la literatura que le compete a la Nueva Granada está plagada de crímenes, ese tránsito es indispensable para dar personificación a seres intelectuales que remarcan una herencia violenta indiscutida y recurrente en la pluma colombiana.

El pensamiento barroco de la época tomó ejes fundamentales para ser implantados en el nuevo mundo, cosa que trajo al parecer un retraso, ya que en Europa se hablaba de modernidad y romanticismo, de esta manera la ciudad letrada de Ángel Rama se nos plantea como una búsqueda obligada en el correr frente al arte, será esta la que iluminará el paso de sujeto ocioso al sujeto interesado de verdad en las letras.

Es de recordar que en primera instancia las letras se toman como un quehacer ordinario, es decir se lee con el único fin de distraer, entretener; aspecto desarrollado por la mujer que espera a su esposo bélico, noble o caballero; mientras su arriba, ella lee, se distrae. Lo anterior se ve como un pasatiempo destinado a ciertas elites; sin embargo, les llama la atención y se preocupan por ello. Temen ahora a la novela, al cuento o al verso, las personas están tomando mucho tiempo con estos contenidos y al parecer se están trasformando, allí la elite teme y convierte tal estilo de vida en un pecado, a quien lo haga se somete a crueles mandatos y se busca de esta manera cimentar otra idea y pensamiento de lo que en un principio fue la literatura para el nuevo mundo.

Se modela una manera de pensar el cuerpo y la mente en ideas expuestas en “Monjas coronadas”, de la UNED, y “Un cuerpo para el espíritu” se hace visible un bosquejo de la violencia que va tomando protagonismo en la vida y obra del sujeto neogranadino.

Europa versaba de mejor manera el mundo romántico y la modernidad con sus logros industriales y sociales, mientras que la nueva tierra lindaba con el tránsito obligado a un cambio de poder, ese poder que materializó como pecaminosas muchas acciones. Nace de esta manera un interés del letrado en contar su diario vivir, sus ideas, pensamientos y formas de narrar; aparece uno de los movimientos más importantes en la carrera por el desarrollo literario en Colombia, “un costumbrismo” necesario para pasar a otras formas del narrar que luego se ven influenciadas por el despertar intelectual.

 

Narrar un abismo

En primera instancia el narrador cuenta historias tratando de ser lo más detallado posible, propone un relato subjetivo a la par con su tiempo; aquí tiene cabida la idea de que la manifestación literaria corresponde a la época. En este caso. la crónica y contextos históricos en la narración versan sobre la conquista como primer encuentro con las letras.

De igual forma, todo pensamiento individual y grupal por parte de la sociedad queda explícito en las narraciones, es el caso de El carnero  y Laurea crítica, donde se aprecia claramente los intereses por parte de los autores y lo que su sociedad quería leer o ver plasmada. Si bien no hay mirada a la trasgresión durante estos primeros esbozos, en el capítulo X de El carnero se comienza a crear un ser innovador y potencializado de las letras de la Nueva Granada; nace el mal, lo pervertido, la ruptura al canon, donde no hay dualidades. Doña Inés de Hinojosa se convierte en la primera mujer si se quiere que derrumba el costumbrismo, ya Rodríguez Freyle no solo puede hablar de conquistas y grandes señores, ya no de una Colonia mal lograda que él se encarga de elogiar, sino que escribe y versa de manera indirecta sobre el papel de una mujer emancipada y protagonista de las nuevas novelas que vendrían para aquellas tierras, donde la figura femenina se ve inteligente, sagaz, creándose un lugar y perfil de heroína.

Llega Manuela de Eugenio Díaz Castro y María de Jorge Isaacs, que presentan dos costumbres, dos heroínas, y dos visiones de la vida rural, eclesiástica y amorosa que cooperan en la visión de una herencia; sin embargo, la herencia que planeo desarrollar no resulta ser tan romántica o moderna.

Propongo la herencia violenta que narra la Colombia contemporánea basada en todo el trasegar vivido y sufrido para lograr ser la nación que resulta ser en términos literarios, expresión casi periódica de la realidad. En Manuela se nota el poderío masculino, el racismo, el maltrato como ejes de violencia, sucesos que no ocurren en María, pero sí una visión más poética de la violencia del corazón, ahora quien sufre es el ser y el alma está de luto.

De esta manera la violencia presente en los primeros días de la Conquista tiene mucho que ver con el papel religioso. Es bien sabido que los soldados españoles fueron incitados por algunos personajes religiosos a exterminar gentes de aquellos terruños, allí la literatura y el pensamiento que se iba formando iban a comer de este plato. La decadencia española de Jaime Jaramillo Uribe pone de relieve la falta ética y moral del sujeto español, tardío y ocioso, dado que no contaba con un desarrollo social y menos personal, convirtiéndose en tirano, además la Iglesia participa del banquete.

La mujer vista como un demonio en contra de las leyes de Dios y sus evangelios; los negros y los indios tomados como esclavos o animales serían insumo e ingrediente expuesto en aquellos días en la semilla de lo que luego sería Colombia. Existe una criminalidad. La araucana, de Alonso de Ercilla y Zúñiga, presenta algunas imágenes referentes al sufrimiento del mundo descubierto, teniendo como escenario principal la nación chilena no escapa para mostrar hasta qué punto el poderío español, en lo que tiene que ver con el uso de la pólvora, iba un paso delante de aquellos hombres que corrían desnudos y peleaban con lanzas.

Un español devoto a la providencia, un español algo griego a quien las deidades se le presentan y le muestran el camino, un español que obra la muerte en nombre de su único Dios, quien competía por dar muerte, caso en que el nuevo mundo seguía inexperto, aun sumergido en entender la razón de la violencia y destierro de sus montañas, esto se evidencia en la sangre que brota en las obras latinoamericanas posteriores.

El escritor de la Nueva Granada retoma aspectos críticos para crear, revivirse, contarse en la literatura. Esas puntadas críticas están ligadas a la política, al surgimiento de la urbe, al modo en que se llevan a cabo los procesos sociales y culturales, todo ello convertido finalmente en una tradición literaria que narra un personaje hispánico con sus dolencias, un género poético a tener en cuenta como principal medio para cantar el verso violento.

El español, al querer reconstruir la decadente Europa, asumió muchas obligaciones, ocasionando que en la mayoría de temas sociales fuera impreciso. Sin embargo, todo ello cooperaría al servicio de unas gentes que demandarían el cambio, que buscarían el medio para reavivar el honor perdido. Malcolm Deas, en Del poder y la gramática dice: «una historia regional o rural si es hermética no puede ser completa»; el autor remarca que el pensar solo en el momento dado, en la actualidad no tendría sentido alguno; por eso el escritor hispano mira su pasado y recalca en el presente lo que hubiera sido y lo que es, existe siempre una mirada al pasado para mirarse, -cuando miro atrás me conozco-, por ende, el narrador logra conocer los cambios sufridos y los detalla, aunque por otra parte la violencia al parecer no mengua y se convierte en una abertura o posibilidad para crecer en la poética.

 

La modernidad de la violencia

Aflora una violencia moderna y es la Independencia, surge una militancia civil con el fin de hacerse escuchar, de producir el cambio a como dé lugar; de igual manera aparece un cambio trascendental en la novela, ahora se muestra poemática, costumbrista, realista. Se crea un vistazo diferente hacia a la violencia, ya no es directa pero sí psicológica, moral, ética y en ocasiones física y sin duda emocional, ello representado en la negra Manuela, una Manuela sensible que termina por ser dura y corroída ante el afán del amor, como escribiría José Eustasio Rivera «jugué el corazón al azar y me lo ganó la violencia». La violencia siempre en medio, siempre delante o atrás, a veces tardía pero llega, algunas veces lenta pero dura y otras dura pero rápida, en fin, siempre existe el concepto de violencia y en el perfilamiento literario colombiano ella no pierde papel protagónico. El siglo tendrá ires y venires violentos convirtiéndose en un concepto cultural donde las gentes se familiarizan con ella.

En el caso de la novela tocada por la herencia romántica de Europa, la violencia estará presente y demarca una escritura periodística y poética; la periodística dirigida al público, hay una sed de contar, de decir a la sociedad, algo que se considera necesario a la pluralidad. Mientras que la poética nace con una mirada para sí y ante sí, es decir, que violencia ahora no es ajena, hace parte del poeta, del narrador, es este quien sufre las dolencias de su mundo. En ese sentido son los intelectuales quienes producen en el siglo XX una sensibilidad y enfoque no antes visto o por lo menos no tenido en cuenta, nace una ruptura entre la acostumbrada poesía y la nueva narración, el escritor utiliza otros medios para contar el verso y el cuento siguiendo un camino a la modernidad.

Diría Pombo: «fundar una realidad que debía ser nombrada», en este caso el autor presenta otro enfoque de la narración, donde la realidad se mueve entre las fantasías, pero no deja de ser verídica y menos expositora de las violencias. Una mirada diferente ante los sucesos que operan en reconocer el valor tras de sí, en encontrar el rostro detrás de la máscara o por lo menos correr el pliegue del verdadero sentido. En palabras de Caro, tener «accesos a una realidad superior», contar lo que nadie cuenta, ser lo que el otro desconoce, narrar o versar de un manera que usted no se quede solo con la abstracción, que vaya más allá del significado y encuentre el verdadero sentido de las cosas. Allí los poetas concuerdan en estudiar a fondo el poema o el trabajo literario, estos tienen más que decir además de las palabras a secas, es la labor del poeta mostrar desde otras perspectivas lo que es común para el hombre, allí tienen acogida las versátiles formas de decir la muerte como sinónimo de violencia y expresión.

El proceso evolutivo de la novela en Colombia, un proceso que además de ser poético y trasgresor no deja de hablar de los sufrimientos, de esa violencia moderna, narraría Epifanio Mejía  -«ladran tristemente los perros en la sierra». El perro, mejor amigo del hombre, el hombre mismo con su sepulcro, con sus costumbres diarias, con su puesto en la sociedad, un perro que toma un lugar cada vez más importante en el mundo, es la representación de que algo duele, algo sufre. El mismo autor dice: describí una tierra de soledad.  Allí, con una mirada al apocalipsis, el escritor es un doliente, es un herido de la vida, el cual cuenta con base en la herencia violenta de sus antepasados lo que es ahora, un romántico que ve la violencia en la inevitable perdida de la amada.

Está regulado el hablar de conflicto, violencia y otros términos, por tanto hay una tradición violenta que se teje desde la Conquista hasta el siglo XX, aparece una disputa civil, hay quienes detestan el liberalismo colombiano y quieren eternamente la esclavitud; por eso se habla de que en Colombia se construye primero la novela histórica, con el afán de contar lo callado, lo oculto, siendo la cara menos cruda de la herencia violenta que sufre el país.

Se busca que la historia no siga siendo contada por las elites, ellas cuentan a su amaño, en busca de ello mutan unos nuevos roles, la mujer ahora subordina lo establecido, es la actriz principal de la literatura, expone su opinión y sus padecimientos; ahora quien cuenta la historia y la violencia es otra pluma, por lo cual se hace necesario releer los pasados siglos para entender la razón por la cual en el siglo XXI se sigue escribiendo y hablando de violencia hereditaria.

Esa que sin tener fin muta luego en guerra de guerrillas y demás conflictos que serán el pan de cada día en el mundo de un escritor contemporáneo que debe ponerse de frente al problema. El papel femenino se divisa en ese trasegar y se funda además como personaje literario de sumo valor, una mujer capaz de todo sin temor a la eternidad; ello hace que aunque triste, sea importante leer y recordar todo un proceso de crecimiento intelectual que arroja como resultado que las letras colombianas se engrandecen por mujeres poetisas y narradoras que sin lugar a dudas cuentan mejor la violencia, se escucha más lindo morir en su pluma, siendo ellas el gran avance literario del siglo XX, dando otras perspectivas y ópticas al mundo actual de la literatura colombiana.