El duelo entre Deportivo Independiente Medellín y Atlético Nacional fue una verdadera fiesta del fútbol. Aparte del buen juego, se vivió un festival de goles que dejó como vencedor al ‘Poderoso’ 4-3. Al final los aficionados se fueron alegres para sus casas.

Texto: Carlos A. Marín 

Fotografías: Juana Botero

La capital antioqueña se postula como epicentro del fútbol colombiano. Es que tener al llamado ‘Rey de Copas’ Atlético Nacional, y al Medellín, dos escuadras que vienen mostrando el deseo de liderar el balompié local desde diferentes frentes, es casi un lujo.

Medellín se ha convertido en una ciudad futbolera, no solo por lo lejos que pueden llegar sus equipos, también por la resignificación que se le está dando ir al estadio.

El promedio de asistencia durante el semestre ha sido de 20.000 personas por partido para cada divisa, muestra que la gente está creyendo de nuevo en el deporte rey como alternativa de entretenimiento.

El paisa está entendiendo que la violencia de las comunas no debe llegar hasta el estadio, y desde que el Alcalde Federico Gutiérrez autorizó el regreso de ambas hinchadas a los clásicos, los aficionados han sabido responder.

Ya son seis los partidos disputados entre ambos equipos desde que se retomó la asistencia de las dos aficiones, y son más de 200 mil espectadores que los han frecuentado. Una cifra de la que hace alarde el mismo Alcalde, y hasta las autoridades que se metieron de lleno a intentar superar la problemática de violencia en los estadios.

Hace apenas unos días, en el clásico vallecaucano entre Deportivo Cali y América, se presentó un hecho catalogado como bochornoso: los espectadores de ambos elencos ingresaron al campo de juego con el fin de emprender una batalla campal. Hecho que fue repudiado en el entorno del fútbol, además prendió nuevamente las alarmas sobre qué hacer con la difícil situación que atraviesan las barras activas en Cali.

Pues bien, el festival de goles en el ‘Coloso de la 74’, como se conoce al estadio Atanasio Girardot, sirvió para comprobar que en Medellín la transformación se está dando. 

La tribuna popular norte estuvo a reventar con la Rexixtencia, y la popular del ‘Verdolaga’ le cumplió a su onceno, haciendo lo mismo en la tribuna sur. Dos hinchadas, una misma fiesta.

Aunque más allá del espectáculo, existe un trabajo que puede parecer particular, y lo es porque no compromete a la Dimayor, ente rector del Fútbol Profesional Colombiano (FPC).

En la ciudad de la ‘Eterna Primavera’ hace un par de años florece la idea que la problemática de la violencia en los estadios se debe atender de manera integral.

El electo Alcalde Gutiérrez, se rodeó de gente joven para poder trabajar precisamente esas necesidades latentes. 

Su secretaria de Juventud es Juana Botero, una joven emprendedora que tiene claro que la clave está en que los jóvenes crean en otros jóvenes. Asimismo, pudo llegar Daniela Maturana al Concejo de Medellín. Daniela es hija del estratega Francisco Maturana, ex técnico de la Selección Colombia y quien orientó a Nacional para conseguir la primera copa Libertadores de 1989.

Es decir, desde el mismo Gobierno, las ideas claras y con gente joven, se apuntó a disminuir los hechos de violencia en los estadios, el aliciente lo colocaron por supuesto los mismos equipos, quienes en campañas de identificación con sus clubes, han logrado que los seguidores se afiancen y tengan mayor sentido de pertenencia; sin embargo no todo es color rosa. Entre Nacional y Medellín, siempre ha existido una rivalidad marcada. La época de violencia en el país permeó intereses en diversos contextos, el fútbol no fue ajeno. 

Si en las comunas la violencia no cesa, al menos se celebra que no llegue hasta las tribunas del estadio para no empañar lo que para decenas de familias es un momento de entretenimiento.

En este clásico el hecho lamentable ocurrió a las afueras del estadio. Cuando el bus del Medellín regresaba al hotel, aficionados de Nacional lanzaron piedras. Esto ya es motivo de investigación para las autoridades. Afortunadamente el suceso no dejó lesionados.

Castilla, Manrique, Campo Valdez, San Javier, Santo Domingo Savio, son lugares vulnerables en los que pueden ocurrir casos de intolerancia entre barristas, pero se registran como situaciones aisladas para no relacionarlos directamente con el fútbol y provocar represalias.

Gutiérrez, en coordinación con las autoridades (Policía), está motivando a la individualización de los aficionados que protagonicen grescas. En el duelo entre DIM y Cali, válido por la fase regular, se ordenó la judicialización de más de 20 seguidores del Medellín. Otra prueba que se está tomando muy en serio el asunto.

Botero, Maturana, Gutiérrez y jefes de diferentes subsecretarías, están tan comprometidos con el tema, que siempre se le ve en los palcos presenciando los partidos.

La empresa privada no es ajena, en este último clásico incursionó Confama, caja de compensación familiar que se animó a la iniciativa promoviendo una campaña sobre la felicidad de asistir a los estadios, la cual pegó bien en el clásico 294 y los 37.066 amantes del fútbol que arribaron al escenario deportivo.

Así pues, el problema de la violencia relacionada con el fútbol no se ha superado del todo en Medellín; pero en el municipio se demuestra que el camino que se está siguiendo es el correcto, porque ha arrojado resultados favorables, el más importante es la reducción del pie de fuerza. Antes se utilizaban hasta 3.000 uniformados para salvaguardar la seguridad de los espectadores, ahora el número se redujo a 1.200

La Dimayor debería atender a este modelo e impulsarlo. Primero, porque no es nuevo, ya en Inglaterra se desarrolló, y segundo porque clásicos como el que se vivió en la noche del domingo, quedarán para la historia, no solo por el buen fútbol mostrado, sino porque miles pudieron llegar a casa a contar una historia positiva.