La palabra. La pachamama y las cosas simples que conserva el viento. Las tradiciones que defienden los misak o guambianos. Una comunidad indígena que siente el respeto por la vida misma hecha tierra, viento, verdes exhalantes de una tranquilidad inmarcesible, en aquel parque, en aquella calle, entre el calor del fuego y alrededor aquellas personas, donde es bienvenido todo el mundo. ¡Dicen! Pareciera etéreo un territorio en el municipio de Silvia, Cauca. Donde las historias mágicas de la región se escuchan en la cocina, mientras manos cargadas de universos cosechan los frutos de la eternidad y la hermandad.

Una cita en una cancha, donde el bastón es el elemento principal después de la palabra que cumplen cada año los mamas y taitas de una identidad cultural que se organiza para repartir el cuidado de sus tierras, confiando en la palabra de los que reciben el bastón como el símbolo del compromiso, y en las acciones de todos que preservan esos suelos plácidos.

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