Javier García

Existen un sinnúmero de lugares que evocan expresiones afectivas en relación a nuestra manera de interpretar la realidad, es decir y a lo que a nuestra percepción respecta, sólo le otorgamos un valor de contemplación  a  aquello que nos llama la atención. De alguna manera, por no decir mágica, se trae a colación emociones y algunas veces recuerdos que nos permiten admirar con particularidad  ése espacio específico, a diferencia de como lo haríamos con lugares que normalmente frecuentamos.

Por otro lado, existen personajes que parecieran estar encargados de exponer estos espacios en diferentes circunstancias bajo el valor agregado de su experiencia y su mirar agudo desde una estética, aquel protocolo que como sujeto, aplica, en el instante del observar, un ritual de la apreciación, el atisbe y la admiración.

Un cuarto de cámaras antiguas, una exposición en el pasillo siguiente; subiendo las escaleras un gran gato blanco que mira lateralmente al cuarto de exposición artística; si, es también uno de esos lugares que evocan algún tipo de afectación. Muchas fotografías y retratos pintados. Un cuarto de revelado fotoquímico y otra foto, en ella su padre; un hombre que no habló demasiado, que dejó a su archivo hablar por él, aquel que incluían la arquitectura, los acontecimientos y personajes de la sociedad en la capital Risaraldense y también Caldense; narrando circunstancias y momentos poco imaginados como la niñez de Cesar Gaviria y algunos de los hermanos Drews Castro en el Liceo de Clory , lugares como la escuela de Boyacá o el cementerio san Camilo después de su construcción en 1931.

Arch Donato 520 copia

Liceo de Clory                                                                                              Arch Donato 532

A unos pasos del autorretrato, enmarcado y colgado en el pasillo, se encuentra la oficina de su hijo, uno de los herederos del legado compuesto por imágenes y por supuesto, de la imaginación creadora para la construcción de la memoria desde su subjetividad y estética particulares, con una Pereira que fue, es y seguirá siendo su musa de inspiración.

Javier García, quien usa un marco cuadrado para sus gafas, expresiones serenas y sencillas, pausado y bastante atento, se sienta a dialogar acerca de la historia, esa historia que narra su legado.

¿Cómo empezó la fascinación por la fotografía?

Los inicios en la fotografía, siempre fueron a través de mi familia, porque mi familia era de fotógrafos; mi padre, mis hermanos y yo que soy el menor de siete hijos. Pero, mi fotografía, la empecé a hacer más o menos en 1977, año en que hice la primera exposición que se llamó “El color en Javier García”, expuesta en el edificio donde se encontraba anteriormente ubicada la Cámara de Comercio.

¿En qué consistió la exposición?

Era básicamente una elucubración sobre el color, es decir, en ese entonces hacer fotografía en color no era muy bien visto desde el punto de vista del arte, ya que la fotografía artística era en blanco y negro;  en ese sentido, empecé a hacer estas fotografías, puesto que era lo más “lógico” para justificar mi exposición. Se llevó a cabo entonces en el antiguo edificio de la Cámara de Comercio, específicamente en la calle diecisiete con carrera séptima, en un local con una cantidad de fotos, cerca de cincuenta. Esa misma exposición estuvo en Manizales, Bogotá y Cali.

¿Cuál fue su motivación para esta primera exposición?

En realidad, era el resultado de una investigación sobre fotografía, específicamente sobre aspectos naturales en donde fotografiaba flores, paisajes y uno que otro animal por ahí.

A partir de su trayectoria como fotógrafo ¿cuál cree usted que sea la esencia de la fotografía?

Sinceramente, no sabría decirte cual es la esencia de la fotografía, es decir, debo verlo desde un plano demasiado personal. Yo, hago fotografía para que no se manifieste lo obvio, en otras palabras y aunque en la primera exposición hice fotos de flores, paisajes, animales, etc. Lo que intento ahora no es buscar un atardecer para lograr una foto, aunque me guste bastante, pero es en relación a cómo lo percibo y lo disfruto sin fotografiarlos; lo que me ha hecho encontrarme con una fotografía más pictórica donde el color es muy importante, con el objetivo no de transmitir una idea, un mensaje o algo por el estilo, sino algo que busque el juego entre las formas y el color.

Entonces… en eso se basa toda la esencia de su trabajo.

En este momento, sí.

¿Qué nos puede contar de ese archivo fotográfico que dejó su padre, del legado que le dejó a la ciudad, de su legado?

Obviamente es una evidencia de la Pereira de antes desde su arquitectura, sus automóviles, la vestimenta de las personas, contextualizando una ciudad durante las décadas del treinta, cuarenta y cincuenta.

¿Cómo era concebida en ese entonces la fotografía por los ciudadanos?

Realmente es complicado, mi padre nunca me habló de esto, sin embargo, tengo algunos referentes, como los álbumes de fotografía que eran numerados y cuyo fin, no sé si era comercializarlos o regalarlos a personas que buscaran sus servicios como fotógrafo y, bueno, lo que él les pudiera proveer desde su almacén; por otra parte, podría decir cómo se concibe ahora, puesto que se experimenta anecdótica, desde el recuerdo que les evoca la Pereira antigua, los cambios por los que ha pasado y que además es herramienta para estudios de antropólogos, historiadores y demás para obtener un complemento en su registro. También, a manera de expresión, las personas se preguntan ¡¿ayer fue así?!, evocando la belleza de la ciudad en aquel entonces.

¿Cuál fue la motivación para que se fundara el espacio de “La cuadra”?

El hecho de que no existieran salas alternas al Museo de Arte, o al Centro de Arte que existía antes en la ciudad, además de que las exposiciones sólo eran para artistas con un “reconocimiento”, lo que produjo que para iniciar, mostráramos nuestro trabajo en nuestras casas, realizando allí talleres e invitando a diferentes artistas emergentes para que llevaran a cabo sus exposiciones en aras de empezar con la iniciativa.

¿Cómo fue su proceso de creación (el de “La Cuadra”) y cómo se ha asimilado con el paso de los años?

Empezó con un parche de cuatro amigos que vivían en un perímetro de un poco más de cien metros en cuatro casas diferentes pero muy cercanas, amigos que se conocieron por el arte y que trabajaron alrededor del mismo para expresarlo de alguna forma, tomando las casas como espacio experimental para ser abiertas al público, en este caso los Pereiranos, quienes querían conocer cuál era la dinámica dentro de las casas; desde cómo estaban organizadas, cuáles eran las exposiciones, los talleres, etc.

Nuevamente y no para hablar de la esencia, ¿qué es la fotografía para Javier García?

Es un divertimento realmente. Disfruto mucho haciéndola y no busco nada, sólo una expresión plástica, no sabría qué más decirte.

Y, según el legado que se le puede dejar a la ciudad, ¿qué puede ser la fotografía?

Bueno, como lo que otorgan Donato o José, una carácter histórico, pero también la posibilidad de encontrar nuevas formas de expresión.

Bueno y, ¿quién es Javier García para Javier?

Bueno, podría decir que, soy una persona que tiene muchas actividades, además, no sólo soy fotógrafo, también a veces, soy ingeniero, otras veces finquero… Soy una cuestión muy ecléctica, muchas cosas, una revoltura muy miedosa.

 

Especial para TLCDLR

Entrevista realizada por estudiantes  de la Licenciatura en Comunicación e informática Educativa de la Universidad Tecnológica de Pereira