Si eres colombiano y naciste, como yo, a finales del siglo XX y estás pensando en hacer política lee la siguiente lista de consejos no pedidos, inconexos y arbitrarios, escritos por una persona que jamás ha solicitado un voto.

 

Por / Edgar Quintero Herrera

La posibilidad de presentar tu nombre para un cargo de elección popular o de participar, a través de organizaciones de la sociedad civil, en la elaboración de políticas públicas es uno de los rasgos inequívocos de una democracia.

1. Olvídate del lugar común que concibe a la juventud como un conjunto de virtudes. Salvo por el torrente de energía, generalmente mal encauzada, que circula por el cuerpo, tu edad no supone atributos especiales. Te encuentras en un momento de la vida donde confundes los principios con el dogmatismo, la valentía con la temeridad y los debates agitados con los debates importantes. La juventud es, como reza el lugar común, un estado mental y muchos políticos nunca logran salir de ella.

2.Cuida tu lenguaje: es una las formas de preservar la convivencia democrática. En una entrevista reciente para Noticias RCN, el exalcalde de Medellín Federico Gutiérrez afirmó que Gustavo Petro era el “coronavirus de la política”. No es difícil advertir los peligros de la metáfora de la enfermedad como ataque a un líder político. Instala la peligrosa sensación de que la democracia colombiana requiere de una asepsia contra un grupo de ideas que aspiran legítimamente a gobernar. En ciertos momentos de nuestra historia ha sido el preludio de la violencia política.

3.No busques en la Ley los factores reales del poder. Una mirada formalista sobre las funciones del Presidente de la República, diseñadas en la prolífica producción constitucional de Colombia, parece advertir un poder omnímodo, incontestable. La Historia, sin embargo, ha revelado que el contrapeso de una elite regional o la presión de un poder criminal, asentado en un territorio periférico, fisuran la solidez aparente del poder presidencial.

4.Forma un criterio propio sobre la política internacional. ¿Has reflexionado sobre la pérdida de poder de las potencias de Occidente, las señales que marcan la decadencia de los Estados Unidos y los polos económicos, militares y culturales que atraen al mundo desde el Extremo Oriente y el Sudeste asiático? ¿Por qué fracasaron los proyectos, concebidos durante la década de los 2000, para impulsar la integración política de Latinoamérica? ¿Cuál es tu valoración sobre la histórica relación que ha mantenido el Estado colombiano con los Estados Unidos?

5.Lee Historia. En 1810, la reacción inesperada de la élite criolla frente a un acontecimiento extraordinario en Europa, la invasión de España por parte del ejército de Napoleón Bonaparte, sentó las bases de nuestra república. Dos siglos después, las interacciones entre los herederos de esa clase dirigente, los sectores políticos y sociales que surgieron con la Independencia, las comunidades étnicas, las instituciones modernas que creamos —partidos políticos, gremios empresariales, sindicatos obreros, colectivos feministas, entre otras— y las poderosas fuerzas ilegales han construido una democracia estable y funcional, limitada y violenta.

Comprender los procesos históricos donde se han gestado los triunfos y las tragedias colectivas de Colombia e identificar las alternativas y los dilemas que enfrentaron sus protagonistas es indispensable para neutralizar nuestros demonios y potenciar nuestras virtudes. Sirve, por ejemplo, para encontrar una tradición intelectual que fundamente una nueva plataforma política, o advertir ante un público escéptico las nefastas consecuencias del dogmatismo y la polarización excesiva.

6.Cultiva las artes. Un joven de Medellín que vive en un barrio marginal, improvisado, construido sobre las laderas de la ciudad, halla un refugio momentáneo, fugaz, en el punk e intenta sin éxito aferrarse a esa música extraña para sortear el alud de dolor y sangre que se avecina.

Un hombre de mediana edad, vecino de una próspera comunidad asentada en la frontera entre Francia y Suiza, asesina a su esposa, a sus dos hijos, a su padre y a su madre, cuando la perversa ficción que sostiene su vida se derrumba.

Una mujer, abusada sexualmente desde la infancia, asesina a su pareja, un hombre violento y alcohólico, despedaza su cuerpo con un cuchillo afilado y después de empacar los restos en una bolsa negra de basura toma un bus para arrojarlos en un lugar lejano.

Un pianista pretensioso y una actriz frustrada se conocen por casualidad, forman una pareja hermosa —¿qué otra cosa pueden formar Ryan Gosling y Emma Stone?— y deciden labrar sin fortuna un destino juntos, y a pesar de la nostalgia por un futuro que nunca vivirán se miran y sonríen.

El cine y la literatura, como la música y las artes plásticas, iluminan los espacios desconocidos de nuestro universo moral y señalan un nuevo ángulo para pensar, muchas veces con horror, las posturas éticas que defendemos.

Estimulan la imaginación, esa capacidad natural que nos permite sentir el cuchillo afilado entre las manos, la resignación serena de un amor que no pudo ser, y que es el fundamento principal de la empatía, una disposición que no reforzará tu estructura política, la organización de tu campaña, pero que te hará —ojalá— un mejor político.

7.No subestimes las emociones de los votantes. Existe una colección de aburridas columnas de opinión, escritas durante cualquier campaña electoral, que nos invitan a reprimir nuestras emociones, evaluar con mesura y ponderación los programas de los candidatos y después de un análisis desapasionado, sereno, argumentado —¿ya se durmieron?— emitir nuestro voto. Un voto, sin embargo, es una decisión compleja donde nuestros sueños y frustraciones, las pequeñas inquinas personales, los prejuicios, las entrañas, los temores reales e infundados, importan. Y la política también es la gestión de los sentimientos.

8.No subordines la verdad a la solidaridad de grupo. Si has manipulado los datos de un hecho verificable, o tergiversado el argumento de un contradictor hasta hacerlo irreconocible, anteponiendo el discurso de un partido o de un movimiento político que te identifica, estás a punto de cruzar una frontera peligrosa. Empiezas por defender la integridad ideológica de una colectividad política, demostrando tu lealtad, la consistencia de tu militancia, y terminas con brazaletes, uniformes, hogueras y banderas rabiosas. No renuncies a tu libertad: las ideas hermosas suelen ser perversas.

9.Cuidado con las fronteras morales. Una tentación contemporánea, potenciada por los algoritmos de las redes sociales y las sólidas burbujas cognitivas que crean, nos invita a trazar límites morales absolutos, infranqueables. Las convicciones políticas son una de las principales coordenadas para demarcar un nuevo mundo dividido entre buenos y malos. Un mundo de fieles y herejes.

Una duda permanente sobre las motivaciones de tus ideas políticas y de las ideas de quienes coinciden contigo; comprender que, por lo general, una ideología no define la bondad de una persona; albergar la sospecha de que puedes estar equivocado y comprender que existen esferas personales, como el amor y la amistad, que pueden abstraerse de la política; todas ellas son acciones que debes emprender si no quieres terminar arrinconado en la soledad de una trinchera moral.

10.Lucha contra el cinismo y la resignación. Un sofisticado sistema de intercambios de favores soportado en la desigualdad social e impulsado por una élite dinámica, compuesta por políticos y empresarios, que controla una vasta porción del poder institucional ha instalado una peligrosa idea entre los colombianos: “todos los políticos son iguales”.

Uno de los corolarios del cinismo institucional promovido por el clientelismo concluye que el pueblo colombiano es una masa acrítica, incapaz de sacudirse de los lazos que lo sujetan a una élite consciente de su mediocridad, despojado de fuerza y vitalidad. La fórmula es perfecta: imponen un sistema político injusto y además nos convencen de que no tenemos la energía y la capacidad para cambiarlo.

Romper con ese ciclo perverso de la política colombiana, sin perder en el camino las libertades y los derechos sociales que hemos conquistado, es una tarea pendiente que debes asumir.