No es aceptable que por el temor permanente que mantienen los creyentes de perder su fe, el resto de la sociedad se pierda del placer y el privilegio de admirar obras como la mencionada

GLORIA INÉS ESCOBARPor Gloria Inés Escobar Toro

La mujer, a través de su cuerpo, ha sido denigrada y cosificada desde tiempos inmemoriales pero especialmente hoy día gracias a la expansión que de la pornografía y sus derivados, se ha efectuado por los medios masivos de comunicación y la internet.

La pornografía ha hecho del cuerpo desnudo de la mujer un objeto de consumo con el cual se vende y promociona toda clase de productos, eventos y hasta campañas con fines sociales, sin embargo, no todos los desnudos ni siquiera aquellos referidos específicamente a las partes más íntimas como los genitales, pueden considerarse ofensivos y obscenos. Los fines y tratamientos dados a las representaciones del cuerpo desnudo marcan una diferencia entre lo que puede considerarse lesivo o no para la dignidad de la persona. Es por ello que la exposición Mujeres Ocultas de la artista María Eugenia Trujillo en la que se recrea de manera erótica la vulva, no constituye una afrenta a la mujer. Pese a ello, la  apertura de la exposición prevista para finales de agosto en Bogotá, fue censurada.

En efecto, contra las piezas artísticas y su autora se levantaron voces de protesta que finalmente lograron la suspensión de la exposición. Una de las razones aducidas para justificar este hecho es que las obras “causarían un daño moral a sus visitantes y un atentado a la fe católica”. Bien, este argumento anodino por lo demás, no deja de ser interesante pues revela bien el lastre de una ideología machista y deformada por los prejuicios religiosos que ve en el sexo de la mujer, en su vulva más específicamente, una parte sucia, inmoral y corruptora.

La representación que hace la artista de la vulva (ver aquí) no sólo es hermosa y sensual sino que además para nada resulta dañina ni inmoral.  Vulvas como flores representadas a través de tejidos multicolores, enmarcadas en metal preciosamente repujado y realzadas en una especie de ostensorios, logran transmitir a través de la analogía orgánica, la estética siempre sorprendente y bella de la naturaleza.

La exposición Mujeres Ocultas al contrario de lo que hace la pornografía, eleva y dignifica a través del lenguaje artístico siempre sugerente y renovador, esa parte del cuerpo femenino que ha sido causa de dolor, violencia y mutilación, de comercialización y venta, de profanación y abuso, de rechazo y vergüenza.

Pero además de bella y profundamente simbólica, la propuesta artística de María Eugenia Trujillo es una invitación a cuestionar el tratamiento que la sociedad en general y la religión en particular, han dado a la mujer: seres de segunda, pecaminosos y endemoniados. Es aquí precisamente donde reside su enorme valor social.

Más aún, la obra es una apuesta transgresora que por medio de la confusión y la mezcla propone la subversión de la absurda división del mundo en dos espacios, el sagrado y el profano, eligiendo para ello dos elementos emblemáticos de cada esfera: el ostensorio y la vulva.

En efecto, en el ideario católico la custodia es el objeto más preciado, el sagrado lugar donde tiene representación la divinidad mayor, y en la cultura patriarcal religiosa, la vulva ha sido considerada el órgano más sucio e impuro, pues no se olvida que es ella la puerta por la que se expulsa el fluido menstrual tan abominado por dicha cultura y, al mismo tiempo, es ese obscuro objeto de lujuria tan perseguido. Pues bien, en la obra la artista logra de modo inteligente y creativo, dos cualidades esenciales en el arte, que lo sagrado se convierta en profano y lo profano se sacralice. Al romper estos límites aparentemente infranqueables María Eugenia Trujillo hace estallar en mil pedazos toda una ideología segregacionista que tanto daño ha causado a la humanidad.

Y si es esto lo que constituye un “atentado a la fe católica” lo que deberían promover estos guardianes del pudor y la moral pública es un ejercicio de fortalecimiento de la fe entre los feligreses que al parecer la tienen tan debilitada que ante la imagen de una vulva se tambalea, y no censurar una exposición a la que además no están obligados a asistir.

Sería realmente más beneficioso para la buena moral de la sociedad, motivo de su preocupación, que en lugar de dirigir su furia contra obras como la de la artista de marras, dedicaran todos sus esfuerzos a combatir la pornografía y sus actividades conexas, esas sí causantes de incalculable daño moral a la sociedad.

No es aceptable que por el temor permanente que mantienen los creyentes de perder su fe, el resto de la sociedad se pierda del placer y el privilegio de admirar obras como la mencionada.

Septiembre 7 de 2014