Sin embargo, es una vergüenza que el general Palomino, envuelto desde hace más de un mes en dicho escándalo, haya tenido que dimitir no por sus supuestos vínculos con esta tenebrosa red, sino por un escándalo netamente moralista…

ADRIANAGONZALEZCOLUMNAPor Adriana González

El escándalo sucedido la semana inmediatamente anterior –la renuncia del general Palomino a su carrera policial– deja más sinsabores que lecciones moralizantes y éticas para la ciudadanía colombiana.

Un cuerpo policivo atravesado desde hace muchos años por escándalos de corrupción, de conexiones non sanctas con grupos armados, cadenas de narcotráfico y otro sin número de comportamientos que rayan con los delitos que en teoría combaten, debiera tumbar a más de un general empotrado en el poder.

El último escándalo de la Policía Nacional, el de la descriptiva titulación “comunidad del anillo”, da cuenta de la red de prostitución de los estudiantes y agentes que como cualquier ser humano desean un ascenso y trabajan para ello, pero que para lograrlo deben acceder a favores sexuales no solo para sus superiores sino además para congresistas y altos funcionarios estatales. Dicha práctica se tipifica como delito, de hecho la Fiscalía General ya inició investigación penal por tales hechos.

Sin embargo, es una vergüenza que el general Palomino, envuelto desde hace más de un mes en dicho escándalo, haya tenido que dimitir no por sus supuestos vínculos con esta tenebrosa red, sino por un escándalo netamente moralista y por qué no, con cierto tono homofóbico, que sacara a la luz pública la también puesta en cuestión –y con razón– Vicky Dávila.

La conversación íntima de dos adultos –incluso entrados en años–, sobre sus preferencias, gustos y deseos sexuales, pertenece única y exclusivamente a quienes la realizan. No mediando una relación de poder –como sí sucedió con Otálora–, la intimidad de las personas es cosa que no incumbe ni a la prensa, ni a la opinión pública. Por ello creo que la salida de Palomino se debe exclusivamente a un hecho moralista, que es abiertamente utilizado por aquellos que pretenden dar lecciones y ser el tótem de moralidad de una nación –algo descompuesta ya–, y que a nombre del Estado buscan imponer un orden netamente confesional, olvidando que viven en un país constitucionalmente laico, y claro que me refiero al Procurador Ordoñez.

Este hecho homofóbico y moralista de una periodista que pretendió ser estrella, escarbando subrepticiamente en la intimidad de una persona y aprovechada maliciosamente por el denunciante, no deja una reflexión y un aprendizaje serio para la sociedad. Un general no debería caerse por un hecho moral, sino por aquellos hechos que en realidad perjudican ética y funcionalmente a una institución.

Pero tal parece que para el alto gobierno y las fuerzas armadas, pesa más lo que sale de puertas para afuera, que lo que sucede de puertas para adentro.

De esto debería quedarnos una gran reflexión: los funcionarios del Estado puestos en cuestión tienen la obligación de apartarse de sus cargos, pero solo por hechos relacionados con sus actos institucionales y no por sus gustos y prácticas intimas que no vulneran derechos fundamentales de terceros, pues el ámbito de la intimidad entre adultos libres pertenece a ellos y solo a ellos.