ANGELA MORALESLas leyes son tan complicadas y tan fáciles de malinterpretar que gente inocente va a la cárcel por mucho tiempo y la gente mala, aquella a quienes se les encuentran pruebas para estar por muchos años y pagar sus cuentas, paga poco tiempo.

Por: Ángela Morales Chica

No soy novelera porque las producciones colombianas no me llaman la atención y porque las historias no me atrapan. Sin embargo, la nueva producción del Canal Caracol ‘5 viudas’ alcanzó a interesarme con los primeros capítulos. No tanto por la historia, sino más bien por el tema que trata y el trasfondo que tiene para mí, el cual espero el canal tenga intención de trasmitir al televidente: el hacinamiento carcelario en el país.

La semana pasada, el gobierno colombiano decretó una Emergencia Carcelaria, debido a las condiciones de insalubridad y el hacinamiento que alcanza un 53.6 por ciento. De esta manera confirmo una pequeña teoría que vengo guardando desde hace algún tiempo. La propiedad privada, un juicio justo en un plazo razonable, la salud y un medio ambiente sano y equilibrado, son algunos de los derechos fundamentales del ser humano que se están violando en este momento en casi todos los centros penitenciarios del país, donde los presos viven en un estado de hacinamiento que la Corte Constitucional denunció en 1998.

Según cifras de la Defensoría del Pueblo, durante los últimos 12 años la población carcelaria se incrementó hasta llegar a contar con más de 117.000 reclusos, teniendo así una sobrepoblación de más de 40 mil presos en las cárceles del país. Entre los planes del Gobierno está crear 20.000 nueva plazas carcelarias para finales de año, con lo que se reduciría a la mitad el problema del hacinamiento. Pero, ¿cómo piensan hacerlo si durante el año de seguro se irá incrementando el número de reclusos?

Uno de los tantos problemas es que la justicia ha ordenado en los últimos días el cierre de 16 penales para que no puedan ingresar más internos y entre estas se encuentra la de Pereira, junto a la de Medellín, Bucaramanga, Manizales, Armenia y Santa Rosa de Cabal, entre otras. No es de extrañar que las cuatro cárceles más importantes del eje cafetero ya no tengan cupo, pues con la cantidad de crímenes que se vienen presentando y las penas que se les dan a los juzgados, sean culpables o no, es lógico que no alcancen a cubrir las necesidades básicas de los que ocupan ahora las cárceles y, menos, recibir a más presos.

En resumen, el hacinamiento es impresionante. Eso no se puede negar. Las leyes son tan complicadas y tan fáciles de malinterpretar que gente inocente va a la cárcel por mucho tiempo y la gente mala, aquella a quienes se les encuentran pruebas para estar por muchos años y pagar sus cuentas, paga poco tiempo. Otra injusticia de la vida.

Una solución: hablar con empresas privadas y que sean ellas quienes se encarguen de abrir lugares con un determinado sistema de seguridad y cierto cuidado, pero  que allí se generen focos de empleo en áreas que Colombia no sea tan fuerte, para que los presos trabajen, se les pague un salario razonable y de esta manera ellos se mantienen, generando así ganancias para la empresa, por ser mano de obra barata, pero también para los internos, pues de esta manera sustentan su alojamiento y su futuro.

Podrá estar un poco descabellada la idea, pero uno nunca se imagina. Podría hacerse realidad y alivianar un poco la crisis carcelaria en el país.