MARGARITA CALLE-1…los artistas se ven impulsados a proponer sus producciones bajo lógicas de complementariedad que, aún sin proponérselo, terminan redefiniendo el ser y la razón de ser de las creaciones.

Por: Margarita Calle*

Pereira ha venido experimentando transformaciones significativas en la gestión y visibilización del campo cultural, a raíz de las políticas implementadas por el Instituto Municipal de Cultura y Fomento al Turismo de Pereira desde el 2012, orientadas a estimular los procesos creativos y a la concertación de la oferta cultural de la ciudad, con organizaciones públicas y privadas.

Al asumir compromisos que trascienden el solo acto de crear y cobijan la interacción con unos públicos inquietos por la experiencia que prometen las obras puestas en circulación, los artistas se ven impulsados a proponer sus producciones bajo lógicas de complementariedad que, aún sin proponérselo, terminan redefiniendo el ser y la razón de ser de las creaciones.

Como lo señaló Marcel Duchamp en su célebre conferencia de 1957 titulada “El acto creativo”, “el artista actúa como un médium que, desde el laberinto del más allá del tiempo y el espacio, busca su camino hacia un claro”. Su lugar, en tanto creador, no está predeterminado.

La posibilidad de abrirse a la visibilidad que reclaman sus ideas no dependen exclusivamente de él, sino que están amarradas a la mirada del espectador, a los desenvolvimientos que va logrando lo creado cuando entra en relación con los otros y genera reacciones en ellos.

Es ahí cuando las obras empiezan a cargarse de los valores -estéticos, sociales y culturales- que les permitirán horadar el tiempo al que pertenecen, que no es otro que el del aquí y el ahora.

Los artistas no hacen obras de arte. De manera específica crean ciertas cosas, exteriorizan ciertas inscripciones o ciertos gestos que pueden tener el potencial expresivo necesario para inscribirse en el plano estético de una determinada cultura.

No obstante, como precisa Duchamp, es el espectador quien pone la obra en contacto con el mundo exterior y, de manera consecuente, quien fija el lugar que ésta ocupará cuando la posteridad escriba su veredicto.

Entonces, formar públicos inquietos, con capacidad para discernir críticamente los contenidos que las creaciones nos proponen, es una tarea apremiante a la que debemos contribuir con estrategias pedagógicas y discursivas las instituciones culturales, los centros de formación y, de manera específica, los medios de comunicación. De manera particular, estos últimos deberían empezar a jugar un rol más claro en los asuntos de la cultura replanteando, tanto la ambigüedad de los espacios a los cuales han relegado las prácticas del arte, la estética y la cultura, como las nociones con las cuales se visibilizan sus narrativas y sus lenguajes.

Las exposiciones, los conciertos, las presentaciones de teatro y danza como tales, no son eventos sociales; son fundamentalmente espacios de mediación o de puesta en relación para que tenga lugar un acontecimiento estético que, desde esta consideración, merece un mejor tratamiento en los periódicos y en los medios locales. Un cambio en esta dirección aportaría mucho a la formación de unos públicos más conscientes del rol tan importante que juegan en la redefinición de las creaciones artísticas de su tiempo.

* Directora Maestría en Estética y Creación, Universidad Tecnológica de Pereira