Este 2018 que inicia es un año bastante importante para Colombia. Con elecciones al Congreso el domingo 11 de marzo y con la primera vuelta presidencial el 27 de mayo. De hecho, la campaña empezó desde hace muchos meses, e incluso algunos candidatos, como Germán Vargas Lleras, están en campaña desde hace varios años. Además, nuestra selección de fútbol masculina participará en el Mundial de Rusia, entonces desde ya podemos decir que nos la pasaremos los próximos seis meses hablando de política y fútbol con mucha intensidad, aunque esto no es que sea muy diferente de lo habitual.

 

Por Edwin Hurtado*

No sé si como se dice prácticamente cada cuatro años, las elecciones de este 2018 en Colombia sean las más importantes de la historia; pero es evidente que hay muchas cosas en juego, sobre todo el futuro de la implementación del acuerdo de paz, que como ya todos sabemos tiene muchas dificultades, pero ha venido avanzando. Y el ritmo de su continuidad se verá sin duda afectado por la conformación ideológica del nuevo Congreso que empezará a sesionar el próximo 20 de julio y por el nombre que remplace a Juan Manuel Santos a partir del próximo 7 de agosto. Además, las personas que elijamos para estos importantes cargos también serán determinantes a la hora de buscar soluciones para los problemas que más importan a los colombianos, que a juzgar por las más recientes encuestas son la salud, el desempleo, la educación, la corrupción y una creciente preocupación por el medio ambiente.

Sin embargo, a pesar de la importancia que tienen o que al menos deberían tener estos cargos para la vida de todos nosotros, muchos de nuestros compatriotas habilitados para votar no lo hacen. ¿Por qué? ¿Se puede sostener que estamos en una democracia si usualmente más de la mitad del electorado potencial no vota? No pretendo decir con esto que la democracia se reduzca a lo electoral, pero innegablemente que haya elecciones periódicas, libres, justas y competitivas es una de las condiciones para que exista o al menos nos aproximemos a ella.

No creo que la abstención tenga un solo motivo, de hecho, las investigaciones y el sentido común indican que son muchas las razones por las cuales la gente no vota, aunque las diferentes vertientes ideológicas siempre señalen sus razones favoritas, este asunto ya lo comenté hace unos años en mi blog.

Entre estas razones están, claro, la abstención política con la cual, aunque no estoy de acuerdo, creo que debe respetarse. Un sector de la población está definido en contra de la democracia electoral, y tienen derecho y razones para estarlo, por tanto, siempre me he declarado y me declararé en contra del voto obligatorio, que ha logrado reducir la abstención en otros países, pero a costa de la libertad de sus ciudadanos de elegir participar o no de estos procesos.

Otra razón importante es la apatía e indiferencia, que no es tanto fruto de una posición ideológica sino fruto del desconocimiento –con diferentes causas– de la importancia e influencia de estas decisiones en la vida de todos nosotros. Pienso entonces que no debe equipararse el abstencionismo claramente argumentado con la apatía producida por el desconocimiento del funcionamiento de los estados de derecho.

Una más es la pereza. A muchos les puede la madre de todos los vicios, cuando, a pesar de que tenga preferencias por un partido o uno de sus candidatos, toca levantarse un domingo de la cama, dejar a un lado por un rato los partidos de fútbol, las series de Netflix, superar el guayabo y la desesperanza, y dirigirse al puesto de votación correspondiente. Lo anterior, para los que vencieron la pereza al menos para inscribir la cédula, ya que a muchos ni siquiera les alcanza la voluntad para eso; pero sí para quejarse los siguientes cuatro años por los políticos corruptos y descarados que indirectamente ayudaron a elegir. No quiero decir con esto que no nos podamos quejar, tanto los abstencionistas convencidos como los derrotados por la pereza, tenemos el derecho a quejarnos, incluso de aquel por quien votamos, también se trata de eso.

Además, hay otras razones para la abstención, por ejemplo: el cambio repentino de lugar de vivienda, el trabajo, las enfermedades, los accidentes, las pérdidas de documentos, entre otras. Estas pueden clasificarse como no previsibles y por lo tanto no son de simple solución. Por esto, este escrito está principalmente dirigido a aquellos que se abstienen por apatía y por pereza. Reflexionen. Su participación puede ser muy importante para el futuro del país, y aunque no me atrevo a decir con certeza que incluso ya ha sido definitiva, quiero contarles algo:

Como recuerdan, el pasado 2 de octubre de 2016 se realizó el plebiscito sobre el acuerdo de paz con la antes guerrilla y ahora partido político FARC, en dicho plebiscito la opción de NO apoyar dicho acuerdo ganó a la del SÍ, pero con una diferencia muy leve: la votación final fue de 50.21% por NO y 49. 78% por el SÍ, pero con una abstención grandísima e histórica del 62.59%. Entre las causas de esta escandalosa abstención, ante un escenario a todas luces importante para el país, seguramente hay varias causas, como la falta de pedagogía del gobierno, el desinterés de muchas personas que deben estar más ocupadas sobreviviendo y las arriba mencionadas, sumadas al huracán Matthew y a que nuestro exvicepresidente candidato y algunos caciques electorales no pusieron a funcionar con toda su maquinaria costeña.

Al ver este nivel de abstención se me ocurrió la idea de hacer una encuesta un mes y medio después en la Universidad de Antioquia, de la cual era estudiante, pero solo a aquellas personas que no habían votado, para tratar de averiguar la razón. La encuesta consistía básicamente en tres preguntas: ¿Votó usted en el plebiscito del 2 de octubre? Y sólo los que respondían negativamente a la primera eran consultados nuevamente: ¿Por qué? Y después se les preguntaba: ¿Por cuál opción habrías votado? Estas tres preguntas las realicé entonces a 151 personas en el campus principal de la Universidad de Antioquia, y los resultados fueron los siguientes:

Razones para no votar Número de personas Porcentaje
Cambio de ciudad 40 25.5%
Lejanía del puesto de votación 12 7.9%
Trabajo 11 7.3%
Abstencionismo político 20 13.2%
Viaje 7 4.6%
Pereza 10 6.6%
Otros 51 33.8%

 

Opción que habría apoyado Número de personas Porcentaje
96 63.5%
No 19 12.5%
No sabe/No responde 10 6.6%
No habría votado 26 17.2

 

Podemos sacar varias observaciones de este ejercicio: muchos de los jóvenes que han cambiado de ciudad para estudiar no se han tomado la molestia de inscribir su cédula en su nueva residencia, y si tenemos en cuenta que muchos jóvenes de las regiones de nuestro país, como yo mismo lo hice, van a Bogotá, Medellín, Manizales, Cali y otras ciudades a estudiar, y que las votaciones son usualmente en época estudiantil, este puede ser un ingrediente importante en la abstención. Además hay otros factores a tener en cuenta como el trabajo (aunque estos deben otorgar los permisos para votar, en algunos casos es complicado), la lejanía del puesto de votación, la enfermedad y la pérdida reciente de los documentos por robo o cualquier otra razón. En cuanto al abstencionismo político, creo que debe respetarse, y aunque se puede discutir con quienes lo sostienen, no creo que el voto obligatorio sea la solución. Algunos, después de debatirlo, quizás piensen en votar al menos algunas veces, otros seguirán pensando que no sirve para nada y esa es una posición respetable y defendible.

Ante el panorama que se nos viene escribí este texto para invitar a mis amigos, conocidos y lectores, que aún no han inscrito la cédula es sus ciudades actuales, para que lo hagan hasta este jueves 11 de enero, y a que se informen sobre los candidatos al Congreso y la Presidencia para que en los meses de marzo, mayo y junio, puedan participar con su voto, sus opiniones y debates en el futuro que tendrá el país por los próximos cuatro años, aunque es claro que no dependa solo de la política electoral y que todos nuestros problemas no se solucionarán. Quizás desde ya podamos empezar a involucrarnos más en política y entender que aunque a veces no parezca tan atractiva, de esta depende gran parte de nuestra vida.

*Biólogo de la Universidad de Antioquia y Educador ambiental del Zoológico Santafé