No sé cuantos ancianos caficultores quedan en pie en este abismo social. Pero sí sabemos que los muchachos no quieren saber nada de coger café. En Filandia nos decían que era mucho más fácil exportar una libra de cocaína que una de café ante las múltiples trabas que tienen los pequeños y medianos caficultores de poner los cafés especiales en los mercados internacionales.

Cafeteros que viven de un pasado que ya no será

Por Carlos Victoria

Luis Gonzaga es un campesino conservador que pasó la barrera de los ochenta años esperando un milagro. Vive aferrado a los santos en una casa tan vieja como él y a punto de rodarse por un voladero en las faldas de Balboa, Risaralda. Los santos no lo son todo, también subsiste pegado a un hueso de res, al cual le saca la sustancia suficiente cada vez que su estomago pita del hambre. Don Luis muere de inanición.

“Los doctores del comité no prestan un peso porque ya estoy muy viejo”, dice, mientras recuerda que de niño escuchó los mismos argumentos en Quimbaya, Quindío, antes de brincar a la cordillera occidental. Gonzaga es uno de los miles de pequeños cafeteros arruinados que languidecen en silencio bajo la mirada impotente de un santoral pegado a las paredes de bahareque.

Al final nos despedimos de don Luis con un hasta pronto...

Esta es la cara oculta del paisaje cultural cafetero. El rostro de Don Luis es la huella fehaciente de un modelo que lapidó a miles de campesinos rezagados por el libre mercado y las políticas de un gremio que jamás favoreció a los caficultores pobres. “La variedad de café que sembré necesita mucha plata…que se va en abonos” añade. Esta es una de las claves de la ruina para los pauperizados cafeteros de Risaralda.

No sé cuantos ancianos caficultores quedan en pie en este abismo social. Pero sí sabemos que los muchachos no quieren saber nada de coger café. En Filandia nos decían que era mucho más fácil exportar una libra de cocaína que una de café ante las múltiples trabas que tienen los pequeños y medianos caficultores de poner los cafés especiales en los mercados internacionales. Los de Apía demoraron más de siete años antes de llevar un contenedor a un buque.

Con Gonzaga muere una generación de caficultores arruinados y esperanzados que algún día la mano invisible del mercado los sacara a flote. Esta semana varios de ellos reunidos en Santa Rosa de Cabal, y ante la inminencia del aumento del impuesto de contribucióncafetera,

...exclamaron que ya estaba lista la lápida para enterrar de una vez por todas un sector de la economía nacional...

 que desde mediados del siglo XIX fuera su motor. Hoy es un vagón destartalado.

Gonzaga ha sobrevivido a todas las crisis: la roya, la broca, las deudas, los bajos precios, el invierno, el costo de los insumos, el estado de las vías, entre otras. Pero no parece subsistir a otros factores que golpean sus bolsillos: la revaluación del dólar frente al peso que reduce los márgenes de rentabilidad y el impuesto de contribución cafetera (seis centavos de dólar por libra exportada) que como espada de Damocles se cierne sobre la cabeza de no menos de 80 mil familias, las cuales viven con menos de 200 mil pesos al mes. Así están las cosas.

La reducción de algo así como 7 millones de hectáreas sembradas en todo el país podría ser un síntoma del final. El impacto social aumenta la masa de desempleados y rebuscadores que deambulan por doquier. El eje cafetero puede ser eje, pero cada vez menos cafetero. La producción nacional ahora se concentra en Huila, Nariño y Cauca. Allí los campesinos no cayeron en la trampa de las políticas de la Federación y conservaron las prácticas del café tradicional: menos plagas, más sostenibilidad y mejor calidad.

Solo invitamos a escudriñar en el paisaje humano, allí donde se consume una sociedad rural empobrecida y sin mucha esperanza

En vísperas de entrar en vigencia el TLC con Estados Unidos, la tierra es una bolsa que ya está en las alforjas de inversionistas extranjeros y pulpos nacionales, el reconocimiento de UNESCO es como un premio de consolación, dicen algunos, pero la renta turística será incomparable con la renta cafetera. ¿En manos de quien quedará? Solo invitamos a escudriñar en el paisaje humano, allí donde se consume una sociedad rural empobrecida y sin mucha esperanza. A merced de cazadores de renta que los siguen expulsando de sus terruños.

Al final nos despedimos de don Luis con un hasta pronto, pero conscientes de que el viejo se asemeja a un gato sin dueño: sobrevive al abandono… Hace parte de la manada de campesinos que tiene más de 7 vidas… Resisten…