El Colombia bueno, es un país desnudo y solo lo notamos los poquitos que estamos limpios del mercenario holocausto en el que los ríos de sangre no amedrentan ni conduelen al ostentoso aparato militar…                                                                                                                                                                                                                                                                

editada2Por: Henry Carvajal Castro

henrycampeon@hotmail.com

La agnosis es la incapacidad para reconocer lo que se ve. ¿Y cómo se llama lo que siente, y no siente, todo un país, ante la borrasca de muertes, corrupción y miles de colombianos mutilados el cuerpo y seca el alma, por un conflicto fratricida en el que el único que gana es el poder que desde el podio de la ignominia habla de arreciar con la jauría absoluta, de un país que mata al otro país por seis largas décadas?

Colombia ve, como todos los días Abel golpea a Caín de frente y Caín mata a Abel por la espalda y en medio de los dos, la plata del conocimiento, único camino posible al desarrollo y de las necesidades básicas satisfechas, se convierte en tanques, fusiles, bombas y Black Hock  para mantener viva la guerra más larga, cara e inmunda de América.

El Colombia bueno, es un país desnudo y solo lo notamos los poquitos que estamos limpios del mercenario holocausto en el que los ríos de sangre no amedrentan ni conduelen al ostentoso aparato militar, ni mucho menos la demencial ceguera guerrillera apostada en la sombra y la sorpresa  de quienes hablan de liberar a Colombia de la oligarquía resumidas en las siete empresas, el mismo número de la colonia, que domina hoy, lo mismo que ayer,  a 45 millones de habitantes.

No es solo en  la naturaleza humana, donde algunas veces no todo se pierde y algo se aprovecha. ¿Y qué espera la naturaleza guerrera de una nación imbuida en un implosión dantesca que lacera y daña la sangre y de tanto llorar, se volvió inmune al dolor y no lo espanta la miseria del  único conflicto que no acepta  pausas, intermediación, intercambios humanitarios y cierres de paz, porque las contaminadas neuronas guerreras de cada bando, creen que la razón está de su lado, ignorando que perdemos todos?

Colombia es un país joven, con un conflicto anciano, que ha vivido tanto y sin embargo tanto vivir, no le ha servido absolutamente de nada.  La conciencia del machete le dio camino a la barbarie del fúsil y la bomba, mientras los estratos bajos se mueren de hambre, los serviles del conflicto van en muletas, tienen una cruz encima y los estratos cumbres van de Cartagena a París, como si acá no pasara absolutamente nada.

¿Hasta cuándo la Agnosis?  ¿Cuándo vamos a entender que la historia hablará de una Colombia milenaria amamantada y amante de la guerra fratricida? El anhelado  camino de la paz, es tan ancho y tan corto, pero requiere de voluntad, porque la Agnosis no nos deja ver la violenta trama de una  nación que se mata todos los días. No vemos cómo lloran las madres. Ni mucho menos las cruces con nuestros hijos que invaden  los cementerios. No vemos el hambre, y cómo el desarrollo nos pasa por un lado, pero nos llena la guerra, alimentada por el omnímodo poder, que sabe que es el emperador en el que no cabe la paz, sino la guerra de largos sesenta años, que infortunadamente le permite seguir, no gobernando, sino reinando así sea en palacios de sangre.

ARRECIAR O RESURGIR  a través de la soñada y mágica palabra PAZ, que nos haga a todos Abéles y más hermanos y no para resucitar a los inocentes que armados con flores o AK47  usados  por unos y por otros  para mantener viva la  guerra más idiota del mundo

LAS GRANDES CIUDADES SE CONSTRUYEN ALREDEDOR DE LAS GRANDES DECISIONES.