Mantengo la esperanza de que lo único negro que se derrame en este país, sean las excelentes cervezas negras que se elaboran y se venden por los bares, y que algún día podamos, con el choque y tintinear de sus botellas, brindar por el fin de la infamia en Colombia.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

En esta puta ciudad todo se incendia y se va, 
matan a pobres corazones
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Fito Páez

 Créanme que cuando vi los encabezados de sus comunicados, de inmediato mi paladar, cervecero a más no poder, empezó a babear sibilante, imaginando el color, el sabor y la textura de esa nueva cerveza que salía al mercado, con un color sugestivo y un nombre Poderoso. Ya mi mente imaginaba el súper comercial televisivo en los canales nacionales, un par de mujeres de raza negra, altas, esbeltas, con sus atléticos e inmensos cuerpos, dorándose al sol del caribe, deslizando la botella de ese elíxir sagrado de los vikingos escandinavos, fría, por sobre sus pieles sudorosas, sus gestos de frescura…

Ya me veía yo, en los bares de esta ciudad, pidiendo una tras otra, sintiendo cómo bajaba por mi gaznate, seco de conversar, ese sutil ácido refrescante, ese ardor reconfortante…

Cual sería entonces mi decepción al saber que Las Águilas negras no eran, como lo maquinó mi cabeza, una nueva cerveza de cervecería Águila, sino un grupo delincuencial, anónimo y amenazante, que resurgía de las cenizas de un narco paramilitarismo agazapado en los últimos años del gobierno de Juan Manuel Santos, como consecuencia del proceso de paz con las FARC.

En este país de “emprendedores” –discurso que ha servido para que, con ingresos inestables y empresas frágiles, disminuyan por tiempos las estadísticas de desempleo– los únicos emprendimientos rentables y apoyados por el estado son los ilegales.  Y es que las Águilas Negras son una empresa criminal, con una jerarquía, un logo, un eslogan, unas tarifas de servicios al cliente y un estilo muy particular de vender y publicitarse que marcan tendencia en Colombia, y marcan futuros posibles y realizables asesinatos, a quienes desde esta vera hemos decido pensar, soñar, sentir y hacer país distinto.

Para desgracia de este pueblo no es una cerveza negra, es un ave, pero no de paz; es un símbolo, pero no de unión, sino de intolerancia, de muerte, de violencia, de locura de poder y desgracia. Bastaron más de 10 millones de votos para que estas estructuras delincuenciales perdieran la vergüenza y se desataran, justamente donde la paz se venía construyendo entre los intersticios de las más profundas heridas; en los territorios donde ganó la sensatez política, la propuesta del cambio hacia un país más justo, moderno, democrático e incluyente…

Rechazo total al accionar de estos cobardes grupos armados, de estas estructuras clandestinas del odio y la muerte, rechazo a seguir sembrando dolor y miserias en la población, no más líderes asesinados por sus convicciones, por sus luchas justas y democráticas, no más macartización haciéndonos creer que eran paras o guerrillos. Presidente Santos, Ministro Villegas, respondan políticamente y judicialmente por estás muertes; Presidente Duque, le pedimos que usted “solito” quede como un “Rey” construyendo las condiciones para que esto cese y tomando las acciones que se requieran para que los responsables, que montan a caballo y se quiebran costillas, paguen por sus delitos y crímenes. Hágalo usted “solito”…

Mantengo la esperanza de que lo único negro que se derrame en este país, sean las excelentes cervezas negras que se elaboran y se venden por los bares, y que algún día podamos, con el choque y tintinear de sus botellas, brindar por el fin de la infamia en Colombia.