SIMON BLAIR (IZQ)Consecuentemente, tampoco estoy de acuerdo con las recomendaciones del voto en blanco y el abstencionismo de Jorge Robledo. Me parece insostenible porque finalmente uno de los dos candidatos debe ser el presidente. 

Por: Simón Blair

No es una sorpresa, primero que todo, que Marta Lucía Ramírez del Partido Conservador apoyara pocos días después de la primera vuelta presidencial al candidato Óscar Iván Zuluaga. En la prensa, en la radio, en la televisión se notaba a leguas que el panorama político y social de ambos candidatos es idéntico. Por eso me preguntaba cuál era la razón de que dos candidatos que son casi iguales compartieran diferente sillón en los debates presidenciales. El Partido Conservador, como siempre y es obvio de esperar, ha mostrado unas ideas bien retrógradas que ahora comparte en primera plana Zuluaga, el zorrito del lobo Uribe. Los puntos sobre la conformación de la familia, los derechos individuales y la misma dignidad humana “pertenecen en este plan de gobierno al siglo XIX”, como dijo César Caballero. 

Este mundo de las alianzas es muy extraño. Hace días, cuando salió la noticia de los cincuenta conservadores que apoyan la reelección de Santos, vi a Roberto Gerlein a su lado aplaudiendo. El godo más grande de los godos vivos y por vivir estaba, sin lugar a dudas, apoyando a un candidato que se ha distanciado del modelo de sociedad del conservadurismo y el propio Álvaro Uribe. Recordamos que el presidente ha señalado que la lucha contra la drogas sí es un fracaso y que deben existir otras formas de solucionar el problema -legalización, por ejemplo- o que está de acuerdo con que parejas del mismo sexo se casen, o que una mujer que no desee ser madre pueda abortar.

Al contrario de mucha gente, me parece que las decisiones tomadas por el Partido Verde y el Polo Democrático son coherentes.  No puede ser que este último partido, casi el único de la oposición colombiana durante años le dé ahora por aliarse con un candidato que difícilmente va a tomar en cuenta las pautas de la izquierda. Es cierto que es un caso excepcional el que vivimos ahora en Colombia -con un candidato de ultraderecha a punto de ganarse la presidencia-, pero también me parece extraño pensar que si un candidato pacta una alianza, inmediatamente y por magia salida de una varita, todos corran a votar por el aliado. Lo que sí me atrevería a decir que es incoherente es el hecho de que quienes votaron conscientemente por un partido de izquierda y centro izquierda resultaran votando por el candidato del extremismo colombiano.

Consecuentemente, tampoco estoy de acuerdo con las recomendaciones del voto en blanco y el abstencionismo de Jorge Robledo. Me parece insostenible porque finalmente uno de los dos candidatos debe ser el presidente. Por esa razón, prefiero la mesura de Clara López de dejar libres a sus electores (lo cual, de todas formas, significa ser coherentes).

Por último y partiendo del punto de la insostenibilidad del voto en blanco y de lo que se debe tener en cuenta para elegir presidente de acuerdo con las ideas de izquierda y centro, Santos se aproxima más, no solo por defender el proceso de paz que deseamos que concluya exitosamente  sino también por sus nuevas políticas de derechos civiles y libertades individuales. Esperamos que sea cierto.