Nos encontramos con casos en los que, por afán de presentar una noticia, reciben cualquier tipo de video y no se toman el tiempo y el trabajo de investigar, de revisar el entorno de la denuncia, de escuchar otras voces.

 

DIANA CAROLINA GOMEZPor Carolina Gómez

Los noticieros televisivos de RCN y Caracol están educando a una gran mayoría de la sociedad colombiana. Es por eso que el tema me inquieta sobremanera: la forma, la configuración, la apariencia, la imagen, el aspecto, el formato, la estructura, la manera, el estilo… el tono. En los medios de comunicación colombianos se presentan frecuentemente noticias e informes periodísticos sostenidos en videos de cámaras escondidas. Hasta ahí todo medianamente bien, pues es bien sabido que una de las funciones del periodista es, precisamente, investigar las irregularidades que pueden presentarse en cualquier esfera social, y si es posible, denunciarlas. Por esto, en muchas ocasiones utilizan esta forma de capturar información, que  aunque no es legal, está usándose por el bien común.

Nos encontramos con casos en los que, por afán de presentar una noticia, reciben cualquier tipo de video y no se toman el tiempo y el trabajo de investigar, de revisar el entorno de la denuncia, de escuchar otras voces. Además abusan del recurso y terminan presentando un noticiero que más que notas informativas, tiene imágenes pixeladas de diferentes cámaras escondidas regadas por todo el país.

Un caso particular fue el del pediatra que fue presentado como el verdugo de una pobre madre que había pedido una cita con un año y medio de antelación, y que por llegar diez minutos tarde, ya no pudo ser atendida. Se presentó un video incompleto grabado por ‘la víctima’ y la información no fue contrastada.

Es decir, este tipo de periodistas no ejercen su profesión, pues para publicar cualquier video no se necesita haber estudiado nada, y se termina entonces entregando una información amarillista, victimizando al supuesto victimario y poniendo en tela de juicio la integridad de personas profesionales.

Sin contar, además, con todo lo que esto produce en la audiencia, que pasa a tomar una posición frente a algo que no se contó de forma veraz e imparcial, y hasta surgen protestas de gente indignada por algo que no está confirmado. Si bien la objetividad es una utopía, el sesgo es una decisión.

La idea de grabar en un lugar privado sin tener el debido permiso, puede parecer una falta del periodista, pero es importante tener en cuenta si se está apelando al principio de solidaridad o el derecho a la información, pues de esta manera el periodista no tendrá que enfrentar ninguna acusación penal.

Es allí donde radica todo. Es en cada uno como persona donde nace el motivo por el cual se realiza una acción. Es en sí mismo donde el periodista busca la razón por la cual decide grabar en un lugar privado y es esa razón lo que puede llevarlo a una demanda o a la satisfacción de la labor cumplida, de haberle entregado a la sociedad una información importante que, tal vez, pueda salvar vidas.

Surgen entonces las preguntas por la regulación de la información, ¿hasta qué punto es libertad de expresión y hasta qué punto se debe velar por la rigurosidad periodística y búsqueda de la verdad?