JULIAN ARIASSobre la relación paradójica entre los colombianos y Colombia, a ritmo de la canción Traicionera, interpretada por Alci Acosta.

 

Por: Julián Arias

“Como me gusta estar entre tus brazos” Colombia, cantamos todos los enamorados de esta tierra, envueltos en esta funesta ilusión de cantina.

Sentimos mucha rabia por este país, vituperamos de él, lo criticamos, pero lo amamos y lo endiosamos, es un amor tormentoso, que perdura en el tiempo, que sobrevive a todo. “No me importa que juegues con mis sueños”, le decimos, enajéname, abandóname, “no me importa que tú me martirices”, permíteme quedarme aquí, disfrutar de ti, de tus riquezas, de tu esbeltez y tu hermosura, permíteme disfrutar esos brazos cálidos que me envuelven, que acarician y maltratan.

Esta es nuestra realidad,  la historia de un amor amargo, cambiaríamos hasta el color de la bandera, acabaríamos con lo hijos más ilustres, pero somos felices aquí, los “más felices del mundo”… qué honor, qué orgullo, como “nos fascinan tus mentiras”. Este es nuestro país, el de los discursos demagogos, el de la guerra eterna, el de la tierra teñida de sangre. Que paradójica es esta relación, que amor tan absurdo, amor que desplaza, violento y corrupto, amor narcótico. “No me importa que tú me martirices, yo he de adorarte siempre hasta que muera”, con este amor incondicional, pero también con esta ira por tus muertos, por tu abandono, por tu miseria. Como se puede querer algo y odiarlo al mismo tiempo, como se puede ser tan ciego, volveríamos a nacer aquí, y moriríamos por esta patria.

Este es amor de verdad  es un querer que nace en los momentos difíciles, en la compasión, en la ternura que nos produce tu falta de identidad, en tu historia de saqueo y depredación, en tu tolerancia genocida, en tu sometimiento perpetuo, no nos importa, “yo te entregaré toda mi vida”, lo declaramos, cuidaremos tu desigualdad y tu plutocracia, porque este amor lo supera todo, tus borracheras diarias, tus palizas constantes.

Qué amor tan triste, cuánta discordancia, creemos vivir en el paraíso, te magnificamos Colombia, nos sentimos tiernamente aprisionados por tus vicios, por tu perversión, por tu apaciguamiento, ese sosiego con el que le vendes el alma al mejor postor, pero no importa, seguiremos sobreviviendo, seguiremos luchando, seguiremos viendo “como gozas cuando nos haces padecer”.

Así cantamos todos los colombianos a ritmo de bolero; confundidos en la voz nostálgica de Alci Acosta, ensimismados en este amor de cantina, que adoramos esta nación, que somos afortunados de vivir aquí, porque aquí nacimos, porque “tu tierra es pasión”. No me importan las mentiras ni tu incesante apatía, te quiero, sométeme a tus caprichos, juega con mis sueños, traicióname, condéname a la penuria de vivir en ti, pero “no te me vayas de la vida, quédate entre mis brazos traicionera”.