Anacrónicas / El arte en “la mira”

Ex-libris Martín-ChocoloConsidero que la discusión de si el grafiti es o no arte no tiene asidero y es inútil; claro que es arte, y del bueno, pues permite que los ciudadanos se expresen creativamente en lo público y ocupen esos espacios que el progreso invisibiliza, como los muros y las culatas de los edificios

Por: Martín Rodas

Gustavo Arley Trejos y Liliana Lizarazo, padres de Diego Felipe Becerra, el joven grafitero que murió en Bogotá en agosto de 2011, a manos de otro joven, en este caso un integrante de la fuerza pública, han remitido un sentido mensaje a los padres del otro grafitero muerto en Miami en circunstancias similares, el joven colombiano Israel Hernández. En esta misiva solidaria expresan que en “Una situación como esta, que le ha tocado vivir a su familia y a la nuestra, es difícil de soportar, pero es acá, en los momentos duros, cuando nuestra fortaleza, inteligencia y constancia deben brotar para evitar que la impunidad caiga sobre nuestras víctimas y que a más jóvenes se les violen los derechos a la libertad de expresión y al libre desarrollo de la personalidad”.

En esta relación de dos familias que sufren la pérdida de un familiar en hechos que nunca deberían suceder, se refleja el estado de intolerancia y el ambiente de violencia que es generalizado en el mundo de hoy. Los enfrentamientos no respetan nada y las ideas de rechazo y exterminio pululan en los imaginarios de muchas personas. Es el caso de las personas que se dedican al grafiti y que para muchos no pasa de ser un acto de vandalismo, un atentado al orden y a la decencia. Recuerdo que desde niño se me inculcó que “la pared y la muralla son el papel del canalla”, y esta “sentencia” cobra especial vigencia con la lógica del aniquilamiento de personas que se dedican a utilizar para sus obras soportes distintos al óleo o el papel y trabajan en escenarios que van más allá del estudio del artista e intervienen las paredes de la ciudad, que son su piel, para tatuarla.

Afortunadamente, el arte contemporáneo ha dado un vuelco a la concepción de “arte” y lo ha vuelto inclusivo, superando las barreras que anteriormente solo lo consideraban encerrado en las exclusivas academias y los grandes museos. Hoy en día, el arte ha desbordado sus propios límites y su inserción en la sociedad es cada vez más profunda. Los artistas trabajan en múltiples espacios y con diversidad de personas que aportan a la obra artística desde sus saberes; a la “gente del común” se le valora como poseedora de prácticas de vida que también hacen parte de las esferas creativas y merced a estos conceptos integradores y amplios los paradigmas estéticos han cambiado.

Es por esto que duele profundamente que todavía se presenten hechos tan lamentables como la muerte de artistas a manos de personas que no han sobrepasado esos esquemas cerrados y peligrosos que desembocan en tragedia. Desafortunadamente hay sujetos e instituciones que se amparan en anquilosadas ideas y que menosprecian a los artistas que salen a la calle a realizar intervenciones estéticas que solo pretenden entrar en diálogo creativo con la ciudad y sus habitantes.

Considero que la discusión de si el grafiti es o no arte no tiene asidero y es inútil; claro que es arte, y del bueno, pues permite que los ciudadanos se expresen creativamente en lo público y ocupen esos espacios que el progreso invisibiliza, como los muros y las culatas de los edificios, para que se conviertan en sitios iluminados por las obras de quienes poseen la sensibilidad para mostrarle a la sociedad que hay otras posibilidades, otros comportamientos y otras alternativas a la homogenización de un sistema que oculta y elimina la diversidad.

A la vez, estos crímenes son atentados a la paz, pues el arte no deja de ser uno de los mejores aliados a las dinámicas facilitadoras de procesos de convivencia y los artistas son mediadores sociales que aportan con sus obras a la comprensión de la multiculturalidad, la diversidad y la tolerancia. Mediante el arte, nuestras mentes y nuestros corazones logran abrirse al mundo y a la vida y nos permiten cultivar los más profundos sentimientos en torno al amor, la amistad, la dignidad, la justicia y la paz. Por esto, el arte no puede ser un “objetivo de guerra” ni una práctica de “tiro al blanco” por parte de ningún grupo; solo debe ser una herramienta sensible y hermosa que permita limar las asperezas o al menos estar frente a frente con mis contradictores y decirles que aunque no estoy de acuerdo con ellos, respeto sus opiniones y sólo pido que respeten las mías; y que eso, antes que un motivo de exterminio, sea un motivo de integración abierta y enriquecedora que permita crear chispas que iluminen nuestros caminos en la vida, una vida en donde tengamos el derecho a mirar juntos el horizonte y repasar tranquilamente nuestras huellas sin el estigma maldito de la sangre y el odio.

Como colofón, sé que algunas personas me dirán que quienes pintan consignas (barras de fútbol, movimientos políticos, etc.) y ensucian las fachadas de las casas no son artistas; pues tengo la opinión que este tema es de los más importantes en cuanto al fenómeno estético del grafiti y requiere de un tratamiento especial. Personalmente considero que estas expresiones sí son arte y que pueden ser un camino, si tienen la comprensión y el manejo adecuado de la sociedad, para construir estrategias poderosas que contribuyan a lograr la convivencia y la paz desde la formación adecuada y pedagógica de creatividades frustradas y reprimidas que muchas veces se fundan en la rabia, el dolor y el odio.