La ausencia pasa aquí como libre de culpas, libre de investigaciones, libre incluso de rendir cuentas a la ciudadanía, libre de discutir las ideas ante sus pares. La ausencia no es más que vanidad en tanto Alejandro Char se considera a sí mismo investido de cualquier responsabilidad.
Escribe / Damian Rodriguez Vera – Ilustra / Stella Maris
Las semanas anteriores Alex Char fue objeto de polémica por las fuertes declaraciones realizadas por la ex senadora Aída Merlano. Vale mencionar con antelación que, estas noticias no son nuevas o al menos en su mayoría, pues ya durante el año 2019 Merlano había presentado similares acusaciones que comprometían a Alex Char y su familia. Sin embargo, una peste –y precisamente no fue la pandemia- al mejor estilo macondiano y coadyuvado por los medios de comunicación sepultó en el olvido aquellos señalamientos que casi dos años después fueron desenterrados por las nuevas pesquisas periodísticas que aportaban nuevos elementos.
Una de las cosas más sorprendentes de aquellas declaraciones ha sido la estrategia de Alex Char por mantener un mutismo que chilla con todas las denuncias que carga atrás de sus espaldas. Y es que, Char es una de las figuras políticas que suma más de cuarenta investigaciones dentro de los distintos órganos de control y que, no obstante nunca ha surtido efecto sobre este gamonal. Pero sorprende más que la estrategia sea compartida, es un silencio cómplice que pone a la luz el entramado político y la influencia que tiene el Charismo en la institucionalidad colombiana. Dicho de otra manera, Char ha logrado una estrategia de parcial cooptación del Estado.
Para colocar un ejemplo, Luis Enrique Guzmán Chams quien denunció a Alex Char por el pago de coimas en el año 2019 en su segunda alcaldía resultó con una investigación preliminar en la entonces procuraduría de Fernando Carrillo y que, en el momento de posesionarse Margarita Cabello (ex ministra de Justicia) terminó frenando esa investigación. Pero vale agregar que las amenazas que recibió Guzmán Chams fueron respaldadas utilizando el nombre de Margarita Cabello para hacerle desistir de las denuncias que el ganadero había presentado contra Char.
Y para colmo de males, cual señor feudal, la frase lapidaria haciendo referencia a lo intocable de Alex Char como lo denunció Chams, nos recuerda el tufillo absolutista que solo contrasta en la actualidad colombiana con Álvaro Uribe Vélez.
Este silencio cómplice no sólo se evidenció con el hecho de frenar esta investigación de la procuraduría de Cabello, sino en todos los demás órganos de control que llevaban más de 40 investigaciones a Alex Char años atrás. Existe un leitmotiv en los órganos de control y judiciales donde a pesar de lo altisonante que suena abrir las investigaciones, éstas mueren meses después en el olvido. Cabría preguntarnos ¿Qué pasó con la compulsa de copias por parte del Consejo de Estado ante la Fiscalía y Procuraduría por las irregularidades de la adjudicación de la doble calzada Bogotá –Girardot?
A propósito de la Fiscalía ¿Qué pasó con el pronunciamiento estridente del Fiscal Néstor Humberto Martínez quien declaró a cuatro vientos que Colombia quedaría escandalizada ante el entramado de corrupción en el Atlántico y quién solemnemente decidió que las revelaría después de la segunda vuelta en el año 2018 para no “torpedear” las elecciones? ¿A caso fueron reveladas? Definitivamente la historia se repite primero como una tragedia y luego como farsa. Ahora el nuevo personaje es el Fiscal Barbosa quién en su lozanía bajo un acto de regresión institucional pareciese repetir casi con exactitud las palabras de su predecesor: “no permitiré que la fiscalía sea vehículo electoral”. De esta manera Barbosa no sólo señalaba que no podía investigar a Merlano por haber denuncias, cosa por cierto completamente falsa puesto que la misma ex senadora había indicado haber presentado dos denuncias en el año 2019, sino que nos revela su actitud de escudero ante los “saboteos” al Clan Char.
El silencio es también cómplice cuando la Coalición Equipo por Colombia -coalición de derechas que reniega a sí misma de su propia naturaleza- decide abrazar y encubrir a su adversario y pre candidato presidencial con comunicados aquiescentes ante la categoría de los escándalos que se ha envuelto Char o, por otro lado bastante taimados que le hacen el juego al complot ladino de la injerencia “castro chavista” en las elecciones, no podremos olvidar que tanto Enrique Peñalosa, David Barguil y Federico Gutiérrez señalan a Aída Merlano como una protegida del régimen de Nicolás Maduro y, por supuesto, no podría faltar con la intención de inclinar las elecciones a favor de Gustavo Petro. La narrativa pírrica no tiene otra intención que pormenorizar la versión de Merlano sino, de poner fuera de contexto el debate de corrupción, compra de votos que se vive en cada época electoral en el país, especialmente en el Atlántico, y hasta donde, al parecer, llegan las manos del Clan Char.
Cabe preguntarle a renglón seguido a la ciudadanía colombiana si el país merece un presidente de esta categoría. Un candidato que ha utilizado el silencio desde que ha iniciado su carrera política. Un candidato que ante los niveles más grandes de corrupción, guarda silencio esperando que la peste macondiana nuevamente llegue a plegarse en el país. Pero valdría agregar algo más, la actitud fatua de prescindir de los espacios de debate, de discusión de ideas, de la deliberación y críticas de programas para el país dejando ausente los espacios, incluso con su propia cofradía como pasó el día sábado 19 de febrero programado por La Silla Vacía y Caracol Radio refuerza la ausencia como idea de vanidad.
La ausencia pasa aquí como libre de culpas, libre de investigaciones, libre incluso de rendir cuentas a la ciudadanía, libre de discutir las ideas ante sus pares. La ausencia no es más que vanidad en tanto Alejandro Char se considera a sí mismo investido de cualquier responsabilidad. Nuevamente nos recuerda la frase lapidaria conque pretendió amedrentar a Luis Enrique Guzman Chams:
“Métete en la cabeza que yo soy intocable”


