El orgullo LGBTIQA+, de la fiesta a la protesta

Movilizamos nuestro sentir y orgullo desde la permanente y fluctuante búsqueda de otras formas del deseo, del amor y del placer, más allá de las rancias consignas del “amor es amor” y de “más marica el que no ama”. Nuestro orgullo es estar vivas, vivos y vives, siempre en tránsito, siempre en construcción, siempre en disidencia. Siempre contra los discursos blanqueados y políticamente correctos de la inclusión.

Escribe / Chris Niño Posada | Oshnur Marikaña Alt* – Ilustra / Stella Maris – Fotografías / Kelly Díaz

El 28 de junio de 1969, en el bar Stonewall Inn en Nueva York (EEUU), una multitud enardecida, de personas trans, gays –me gustaría más llamarles maricas–, lesbianas –machorras– y drags, se opuso violentamente a una redada de rutina de la policía local en horas de la madrugada. Por primera vez los policías huyeron y se protegieron de los ataques de aquellas personas a quienes históricamente habían –y han– violentado. Sobre ese momento histórico hay mucha información que no me cabe en esta nota [1]. Lo que quiero resaltar con ello es que lo que hoy se conoce como el orgullo LGBTIQA+ [2] empezó siendo una protesta y una revuelta contra las fuerzas del Estado y de la institucionalidad que, desde el lugar de la hegemonía cis-heteronormativa, han criminalizado, estigmatizado y perseguido a las poblaciones marginadas en razón de sus orientaciones sexuales y expresiones e identidades de género no hegemónicas, pero también ha sucedido con personas atravesadas por otras opresiones estructurales como el racismo, el clasismo, la misoginia y la xenofobia.

En Pereira, el domingo 3 de julio se llevó a cabo la marcha del orgullo, anunciada desde la institucionalidad como el “16 Pride Pereira, Carnaval por la vida, vive tu orgullo”. La marcha, o mejor dicho, el Pride, fue convocado por distintas organizaciones con personería jurídica como el Colectivo Prisma, la Fundación Plataformas, Recolvih, Siempre Joven; por bares de homosocialización como The Cotton Club, Evolution Café Bar, Artículo 13, entre otros, y fue apoyado por las alcaldías de Pereira y Dosquebradas y la Gobernación de Risaralda. Todo ello en el marco de ExpoDiversa, la semana de la diversidad sexual, con una programación que iba desde conversatorios sobre derechos para las poblaciones sexogénero diversas, hasta carreras en tacones y pasarelas de arte drag y transformista.

Recuerdo que meses antes el equipo de Equidad de género y diversidad sexual de la Secretaría de desarrollo social y político nos convocó a las diversidades y disidencias sexuales y de género a lo que llamaron un espacio de diálogo con la gestora social de Pereira, que tuvo lugar el 9 de marzo en el noveno piso de la Alcaldía. Asistimos personas de varias organizaciones y colectivas, menciono especialmente a mis amigas, amigos y amigues de CinenShute, la Escuela Feminista Guadalupe Zapata, el Colectivo Transtornados y mi familia la ALThaus. Más que un espacio de diálogo, sólo dijimos nuestros nombres y hablamos de lo que hacemos con nuestras colectivas; Ángela Aguirre, la gestora social y primera dama quiso socializarnos la Política Pública de Diversidad Sexual, sólo socializarnos, nunca nos convocaron públicamente –al menos nunca me enteré– para aportar desde nuestras experiencias divergentes a la construcción de la política.

Al concluir esa socialización Ángela nos preguntó, así sin más, ¿qué hacemos para ExpoDiversa? Sí, quería que le armáramos la agenda de ExpoDiversa. Hubo inconformidad frente a ese hecho, porque más que programar una semana en junio queríamos que nuestro trabajo y nuestra existencia fuera dignificada y tomada en cuenta durante todo el año. Propusimos ciclos de talleres y conversatorios, encuentros con distintas poblaciones durante los meses anteriores a junio, todo gestionado por nosotres y apoyado por la Alcaldía. Asistimos a un par de reuniones más hasta que nos hartamos de sentirnos usades y cooptades por la institucionalidad, de sentir que nuestras propuestas y anhelos no estaban siendo tomados con seriedad. Dejamos de participar en esos espacios institucionales.

Coincidencialmente las amigas de CinenShute empezaron un nuevo módulo de su escuela feminista Cuerpos sonoros, sobre las experiencias vitales, estéticas y creativas de las disidencias sexuales y de género. Conspiramos el módulo de contrasexualidades, un espacio de encuentro e interlocución entre CinenShute, ALThaus, Escuela Feminista Guadalupe Zapata, Fraternidad BDSM F65 y otras personas sexogénero disidentes, alrededor de la producción de formas de saber-placer alternativas, contrahegemónicas, disidentes de la sociedad normativa y la cis-heterosexualidad. Durante un mes y medio compartimos cinco talleres de investigación y creación alrededor de esta propuesta epistemológica y política contrasexual; finalmente decidimos que queríamos reapropiarnos de la marcha del orgullo como un espacio gestado por, para y desde las bases sociales de las diversidades y disidencias sexuales y de género, desconociendo la pretensión de la institucionalidad del Estado de hacer de esta conmemoración histórica un carnaval lleno de color y entretenimiento para captar turistas, como alguna vez lo mencionó la gestora social Ángela Aguirre.

El orgullo LGBTIQA+, de la fiesta a la protesta

Nosotras, nosotres y nosotros, las contrasexualidades, consideramos que la marcha del orgullo ha sido cooptada por el capitalismo y el Estado como posibilidad rentable de generar recursos para las ciudades y el sector privado del entretenimiento, o para mostrar indicadores de gestión en proyectos de inclusión de la diversidad. Contra ello nos rebelamos. Descabezamos la institucionalidad de la fiesta y encabezamos la marcha de la protesta. Reivindicamos nuestro orgullo en tanto infinita posibilidad de ser la disidencia del sistema blanco, cis-heterosexual, patriarcal, machista, colonial, clasista y misógino.

Rechazamos la pretensión de la institucionalidad de apropiarse de nuestras luchas, exigimos una rendición de cuentas del presupuesto invertido en el Carnaval por la vida y reclamamos respeto a nuestra acción de protesta, ya que algunas personas de la institucionalidad nos insultaron más de una vez por situarnos en el frente de la marcha. Asimismo, exigimos que todas las colectivas sean tenidas en cuenta tanto para la elaboración de la Política Pública de Diversidad Sexual como para la programación de ExpoDiversa, con justa y digna remuneración, sea mediante convocatoria o mediante trabajo mancomunado entre la institucionalidad y las colectivas. ¡Ah!, también solicitamos que se realice una mejor selección de la persona que oficie como maestra de ceremonias del evento central de ExpoDiversa, dado que no nos reconocemos en ninguna de las formas en que Krysthal Andrews De La Vega nos habló a las diversidades y disidencias sexuales y de género durante el evento del domingo. No todas las mujeres gritan “arepa”, no todos los hombres gritan “chorizo”, y las personas trans binarias y no binarias no encajamos en esa forma tan burda de congregar y llamar a los ánimos colectivos. Estamos seguras, seguros y segures de que hay personas que pueden hacer un trabajo más divertido y respetuoso.

Movilizamos nuestro sentir y orgullo desde la permanente y fluctuante búsqueda de otras formas del deseo, del amor y del placer, más allá de las rancias consignas del “amor es amor” y de “más marica el que no ama”. Nuestro orgullo es estar vivas, vivos y vives, siempre en tránsito, siempre en construcción, siempre en disidencia. Siempre contra los discursos blanqueados y políticamente correctos de la inclusión que pretenden convertirnos en indicadores de gestión e impacto sin resolver las condiciones estructurales de la opresión que se cierne sobre nuestras corporalidades y experiencias del mundo.

Reclamamos nuestros derechos, no sólo a casarnos y formar familias hegemónicas, sino a educarnos, recibir atención digna en salud, tener oportunidades laborales, habitar los espacios de la calle y la fiesta sin sentirnos siempre en peligro y a la defensiva, a crear y recrear nuestra identidad y nuestra expresión como se nos antoje, a que esa identidad y expresión se nos respete y defienda tanto en el ámbito de lo privado como de lo público. Exigimos el derecho de las infancias a tener una educación sexual integral que les permita definirse como lo sientan y deseen, que no se les imponga la cis-heterosexualidad obligatoria ni en las clínicas donde nacen, ni en las familias en las que crecen, ni en las escuelas donde se forman. Reclamamos celeridad en las investigaciones de los transfeminicidios y los homicidios de personas sexogénero diversas y disidentes, así como el respeto y la protección de nuestra integridad personal y colectiva por parte de la fuerza pública.

Reclamamos nuestro derecho a habitarnos con dignidad, por fuera de la necesidad que la institucionalidad quiere imponernos a ser incluides, incluidas e incluidos en una sociedad blanca cis-heteronormada. No festejamos, resistimos, ¡porque nuestro orgullo es protesta!

[1] Existe, por ejemplo, una película documental de 1984 llamada Before Stonewall. The making of a gay and lesbian community. Dirigida por Greta Schiller y Robert Rosenberg, la película recoge testimonios orales de personas con sexualidades no hegemónicas que habitaron y vivieron ese periodo histórico que antecedió a la revuelta en el Stonewall Inn, considerado oficialmente en todo el mundo como el inicio de la conmemoración del orgullo LGBTIQA+.
[2] Este acrónimo hace referencia al colectivo heterogéneo de personas con orientaciones sexuales y expresiones e identidades de género no hegemónicas: Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans, Intersexuales, Queer, Asexuales y más.
*Marica no binaria, performer, bailadore y escritore. Licenciade en Comunicación e Informática Educativa y candidate a Magíster en Historia por la UTP. Le interesa la intersección entre las artes vivas, las ciencias sociales y humanas, los estudios decoloniales y los estudios de género.