SE BUSCA ADVERSARIO

¿Dónde está la oposición? Por ahora, los que se alzan con este estandarte son los representantes del Centro Democrático. Sin embargo, la palabrería de la senadora María Fernanda Cabal se asemeja más a un show.

 

Escribe / Christian Camilo Galeano Benjumea – Ilustra / Stella Maris

Aquel diecinueve de junio se grabará en la memoria de muchos como un día de fiesta, casi como un carnaval postergado por décadas. Las calles silenciosas del centro de la ciudad, antes de caer la tarde, eran el presagio de la algarabía, el grito, el llanto y el abrazo que se materializarían al llegar la noche. Poco a poco el centro de la ciudad se fue llenando —como una copa que recibe un trago de ron—  con una caravana de automóviles desde donde gritaban y mostraban los carteles de Gustavo Petro y Francia Márquez. Todos embriagados por la imagen de la nueva dupla presidencial.

En medio del carnaval se armó una tarima improvisada para escuchar los infaltables y soporíferos discursos de victoria. Uno a uno, hablaron aquellos que apostaron por una propuesta de gobierno de izquierda en un país donde la derecha política se ha aferrado al poder como un ladrón se aferra a una cartera que ha acabado de hurtar. Quizá por esa fiereza, la muerte ha estado ligada a la política. Pero esa noche era diferente, ya que era el momento para celebrar lo impensable: la victoria de un candidato de izquierda.

Por mucho tiempo se pensó que era poco probable que un gobierno alternativo llegara al poder. Los más férreos militantes declaraban una y otra vez que su trabajo político no lo verían ellos, que la carrera por el cambio en Colombia era una prueba de largo aliento, una prueba de más de doscientos años. Incluso, en la segunda vuelta presidencial, muchos compartían ese pesimismo de considerar valioso el esfuerzo de Petro por llegar al poder, pero esta era una lucha perdida. ¡La fortuna de estar equivocados! Eso hizo que la fiesta de esa noche se disfrutara con mayor pasión.

Aun así, en toda fiesta siempre habrá alguna ausencia, aquel que no está invitado, y que tampoco espera asistir. Ni durante ni después de la algarabía se ha podido dar con el próximo adversario del presidente Petro. Los pactos, las transacciones, los acuerdos programáticos e, incluso, los encuentros con expresidentes han provocado que la idea de oposición se difumine en el paisaje político nacional.

Nadie sabe por ahora el precio de esas transacciones. El mayor peligro es que las buenas intenciones petristas de reformar la sociedad colombiana se queden en el aire, porque gracias a los acuerdos y pactos, las reformas que necesita el país terminan por ser un saludo a la bandera: letra muerta. Al estar en lo que se ha llamado “Acuerdo Nacional”, los partidos tradicionales saben que pueden quitarles fuerza a todos los cambios. Las mayorías parlamentarias no son una garantía, más bien, parecen una amenaza.

La ausencia de un adversario político que pueda liderar una oposición férrea desde el Congreso perjudica al mismo Petro. Porque todas las maquinarias se despojan de sus “ideales” para adaptarse al nuevo discurso gubernamental, en tanto que se preserven sus privilegios. Pueden llegar a otorgar una gobernabilidad en el papel, pero en la práctica todo puede permanecer igual. El Congreso puede quedarse en discusiones bizantinas, alargar los debates, discutir con la minuciosidad de un filólogo cada artículo de las nuevas reformas, para acabar con los tiempos de aprobación. El Congreso puede devorarse a sí mismo para evitar que el cambio llegue.

¿Dónde está la oposición? Por ahora, los que se alzan con este estandarte son los representantes del Centro Democrático. Sin embargo, la palabrería de la senadora María Fernanda Cabal se asemeja más a un show. Se construye como una férrea opositora a partir de azuzar las redes sociales con proclamas y frases incendiarias, los argumentos no son necesarios en este caso, porque su objetivo está en las próximas contiendas presidenciales.

Por su parte, el expresidente Álvaro Uribe tras la reunión con Petro sabe que debe caminar con cautela. El llamado a una “oposición reflexiva” es la muestra de que en este momento de su vida política no está para tomar la posición que tomó contra Santos: declarar una guerra política. Quizás el patriarca que ha perdido el poder espera asegurar un terreno, una parcela que aún pueda dominar, con sus cuotas burocráticas y extensiones de tierra. ¿Hasta dónde podrá llegar esta “oposición reflexiva”?

En esa búsqueda del adversario vale la pena preguntarse: ¿para qué sirve un opositor? Un elemento negativo, adverso al gobierno, es el reverso del accionar político que puede vigilar los pasos de Petro. Un otro que mira, y en ese mirar, revela al gobierno, lo denuncia. Agudiza las contradicciones políticas nacionales y permite llevar el debate a otros límites. Porque a pesar del ambiente de renovación que se respira, del aire de responsabilidad que tiene Petro al expresarse, este no es perfecto. Mucho menos su bancada de gobierno. Y es por esa esperanza —en ocasiones ciega— que es precisa la existencia de un adversario para evitar caer en los oasis de optimismo político.

A pesar de lo políticamente incorrecto que puede llegar a ser el opositor del gobierno Petro, su presencia es indispensable. Se busca un adversario que se posesione antes del 7 de agosto.

ccgaleano@utp.edu.co

@Christian.1090