Duberney GalvisLuego el pleito es con el modelo económico. El del presidente que persiste en mantener la economía nacional atada al mástil del modelo extractivo, evitando oír así las peticiones de la economía cafetera que se ve cada vez más sustituida.

 

Por: Duberney Galvis

Diversidad de actividades han realizado los cafeteros para que el Gobierno los escuche. Hicieron llegar miles de firmas al Congreso, acudieron a sus parlamentarios para realizar un foro en el capitolio, se movilizaron en Manizales y distribuyeron la protesta en el resto del territorio cafetero nacional. Al cierre del 2012 se congregaron en las puertas de la Federación el día del Congreso cafetero.

Pero a pesar de que lograron hacer reversar el aumento en la contribución cafetera, sus peticiones de fondo no han sido atendidas. Y muchas de las tibias acciones adoptadas por el ejecutivo ya se agotaron como tendencia propia de las medidas cicateras a desaparecer al poco tiempo de su demagógico anuncio.

Mientras tanto la crisis cafetera que se ha tornado incuestionable, empeora. Ya suenan en coro los 7,7 millones de sacos del 2012 como la peor producción cafetera desde hace 35 años, la caída del precio del grano que tiene a los cafeteros vendiendo dos cargas por el precio de una a finales del 2011, y una revaluación que desde el inicio de año no supera la barrera de los $1.800 por dólar levantando lamentos en todo el agro nacional. Súmese la insolvencia financiera en la que están 200 mil productores, el equivalente al 36 por ciento del total de familias cafeteras.

Luego el pleito es con el modelo económico. El del presidente que persiste en mantener la economía nacional atada al mástil del modelo extractivo, evitando oír así las peticiones de la economía cafetera que se ve cada vez más sustituida. Y esto, para poner un ejemplo micro, en regiones como el viejo Caldas, donde el café representa cerca del 50 por ciento del valor agregado primario, es gravísimo[1]. Malo es también para los nuevos mayores productores como el Huila. Los opitas, que ven como la producción aventaja los precios, padecen el mal por igual, en parte porque en países como Vietnam los costos de producción cortan por mitad ante los de Colombia.

En este orden está claro que abrocharse más el cinturón y esperar, ya no es una opción, pues además de las altas producciones de los competidores como Brasil, con récord de 50.83 millones de sacos para 2012[2], más de 16 por ciento respecto del 2011; persiste el tema de la poca capacidad del grano para responder a cambios de precios en términos de demanda, escenario en el que sólo podrán sobresalir los países con capacidad de intervenir con subsidios para sustentar precios por debajo de los costos.

Se requerirá entonces de un paquete de medidas para una recuperación estructural: precio remunerativo, alivio de deudas y subsidiar costos como insumos. Controlar las importaciones que han crecido en más de 4.000 por ciento desde el año dos mil, e impedir la mutilación de territorios cafeteros a manos de la megaminería. Respecto al último punto el riesgo es inminente en el noroccidente de Caldas, Cajamarca Tolima, parte del occidente del Huila y otros que se hayan agazapados en la geografía cafetera. Todo está recogido en el pliego de peticiones que se reafirmará con el Paro Cafetero del 25 de febrero.

Y plegado a lo anterior debe ir el tema de los instrumentos para controlar la revaluación como lo sugiere el editorial de El Tiempo del 9 de enero (“Se enfría el café”). Hay para escoger, control a entrada de capitales y/o fijar un piso al tipo de cambio, se dirá que “no gustan”, pero son necesarias.

-¿Y el encuentro por la prosperidad en Chinchiná? Son conocidas las rechiflas. –Hubo lección, sí: rebeldía cafetera no se resuelve con panes ¿la aprenderá Santos?

[1]. Un pacto por la región. Informe Regional de Desarrollo Humano, 2004.

[2]. http://bit.ly/XbWHTp