El 17 de marzo de 2020, en plena pandemia, la revista ARCADIA que conocimos fue suspendida por decisión del Grupo Semana. No entendimos claramente lo que eso implicaba. Ese día, La Liga Contra el Silencio y los 15 medios con los que había tejido una alianza para romper el silencio y la censura en Colombia, supimos que el proyecto cambiaba de rumbo y que su director y la mayor parte de su equipo de trabajo habían sido despedidos. 

En respuesta presentamos #LaRevistaQueNoFue, una propuesta de los colaboradores de la revista que quisieron publicar sus artículos, que ya no verían la luz, bajo el sello de La Liga. El buen periodismo -ahí el cultural-, ese que cabalga sobre terrenos inciertos, el que siguen haciendo periodistas, escritores y profesionales de distintas disciplinas, tiene su espacio aquí.


Warhol fue un pionero de la deificación del mercado característica del neoliberalismo. El primer artista neoliberal de la historia.

Texto / Antonio Caballero* – Ilustración de portada / David Aronnax García Tapasco

Una señora mira atentamente –a pesar de que en la foto está de espaldas se le nota el interés absorto– un cuadro, o quince cuadros, de Andy Warhol, que representan no una sino quince latas de sopa Campbell, idénticas entre sí e idénticas también a los anuncios publicitarios de la sopa Campbell. La foto en sí misma no tiene ningún interés: una señora de espaldas con un abrigo rojo y un bolso colgado del hombro. Lo que tiene interés es el interés  absorto de la señora que mira el cuadro. O los quince cuadros. Aunque por el momento parece concentrada en uno solo, el del centro de la composición.  Tal vez los va mirando uno por uno, para comparar. Tal vez alguno le parece mejor que los otros, o al menos le gusta más.

¿Y por qué tan atento interés ante semejante demostración de inanidad artística?

Porque el autor de los quince cuadros es el famoso Andy Warhol. O por lo menos el firmante. A partir de sus primeros éxitos, Warhol  abandonó el laborioso oficio de pintar y lo confió a unas cuantas docenas de empleados de su taller de artista, al que llamó “la fábrica” (The Factory), mientras él se dedicaba a las relaciones públicas. Con lo cual floreció su fama como artista.

Es esa fama, y no la obra en sí, lo que le interesa a la señora de la foto. Una fama de la cual él mismo se burló en su famosa –sí, famosa– frase según la cual “en el futuro todo el mundo tendrá quince minutos de fama”. Un cuarto de hora que a él le ha durado ya casi sesenta años. Y se ha expandido hasta el punto de que esta foto es tomada de la ilustración de un artículo de prensa (revista Semana, febrero 23 de 2020, página 75) que se titula “¿El más grande?”. Los signos de interrogación no bastan para atenuar la admiración que despierta Warhol, sobre quien se han escrito millares de artículos, docenas de libros. Este artículo cuenta que en el más reciente, una biografía escrita por el crítico Blake Gopnik, A Life as Art (Una vida como arte), se afirma que Warhol “ha superado a Picasso como el artista más importante y más influyente del siglo XX”.

Es una exageración. No por lo de la influencia, sino por su calidad de “artista”. Más bien sería el comerciante más influyente del siglo XX. No solo por los precios descomunales que alcanzaron sus propias obras en vida, y que después de su muerte han superado en varios casos las decenas de millones de dólares, sino porque consiguió convencer al público de que la única medida del arte es su precio comercial. En alguno de sus propios libros –pues Warhol no sólo fabricó centenares, tal vez millares de cuadros, sino que además produjo cientos de películas y publicó docenas de libros– resumió su visión al respecto en una frase lapidaria: “Hacer dinero es un arte, y un buen negocio es el mejor arte”.

El Pop Art, del cual Andy Warhol fue uno de los principales promotores, es una de las derivaciones del descubrimiento que hizo Marcel Duchamp hace poco más de un siglo: que cualquier cosa es arte. Y el Pop, en su versión warholiana, se centra en  que esa cosa cualquiera pertenezca al ámbito del consumismo: las sopas enlatadas, las botellas de Cocacola, las actrices famosas, la omnipresente imagen del dictador chino Mao Tsé-tung. Todo ello, canalizado por el mercado. En su arte de mercado, regido por el precio, Warhol fue un pionero de la deificación del mercado característica del neoliberalismo. El primer artista neoliberal de la historia.

Si no fuera por el peinado, desordenado y sin laca de peluquería, la señora que contempla embelesada las latas de sopa repetidas hasta la náusea podría ser la mismísima Margaret Thatcher.

*Antonio Caballero es periodista, escritor, autor de la novela Sin remedio.