Pero, ¿solo al gobierno le toca cumplir? La educación es de todos y para todos, entonces todos le podemos cumplir a la educación. Así si se abren otras puertas.

 

Por: Andrés Calle Noreña

Hemos escuchado entrevistas, hemos leído sobre las dificultades de la negociación del paro de los maestros. Podría uno pensar que aquí no pasa el tiempo y que este es el mismo paro de hace uno o varios años atrás. Hay que volver a decirlo siempre: los maestros merecen todo nuestro respeto, porque ellos nos enseñan a ser personas y a ser país.

El nombre de maestro es todo un proyecto de vida. También se habla de: profesores, educadores, docentes, instructores y, qué tal, facilitadores. Mejor maestros que doctores. Maestros como el de la película de La lengua de las mariposas y maestras imprescindibles como las de otro documental, Las maestras de la República, o en Colombia, como Laura Montoya Upegui o Virginia Gutiérrez de Pineda, o las que enseñan con su vida, como Zulia Mena, Eulalia Yagarí, Imelda Daza, y las más desconocidas de tantos pueblos y veredas, que se quedaron a vivir en las vidas de todos nosotros.

Hemos recibido las versiones de los negociadores, de la Ministra, de los representantes de FECODE, de los senadores. Mucho menos hemos tenido noticias de los padres  y madres de familia y de los estudiantes, es cierto.

En Colombia nosotros hemos aprendido de negociaciones, de las más difíciles, de las que se hacen con enemigos que no fueron vencidos. Estamos preparados para  salir por el mundo a dar cátedra.  Esto nos debe hacer reflexionar y debe crear una cultura, otra manera de afrontar los conflictos. Bueno, para volver al Paro, uno se imagina que una negociación no se hace ni para pedir lo imposible ni para dilatar los debates indefinidamente.

Un representante de los maestros, anoche en TV y hoy en la radio, para comenzar, o antes de explicar cualquier cosa, dice: “el gobierno no cumple”, “nunca ha cumplido”, sigue y vuelve y repite lo mismo. Uno puede suponer que también podría concluir: “y no van a cumplir, entonces para qué insistimos”. Se podría discutir si es o no es así. Pero no nos podemos quedar en este punto, varados.

La educación es un derecho, eso está perfecto para una pancarta. Y es una obligación. Tampoco se puede descalificar al gobierno de entrada. Ellos son los interlocutores ineludibles, porque se trata de la educación pública y así fuera de la privada, hay que hablar con el gobierno. Pero, ¿solo al gobierno le toca cumplir?

La educación es de todos y para todos, entonces todos le podemos cumplir a la educación. Así si se abren otras puertas.

Tal vez no es el momento, porque están tan caldeados los ánimos, pero es pertinente preguntarles a los educadores no solo si le cumplen al papá Estado, sino si cumplen como maestros, si son buenos en su oficio, si leen, escriben, investigan, se preparan, se actualizan y son ciudadanos cabales. Porque es una realidad que los resultados no son satisfactorios, que tenemos una educación muy mediocre y que esta situación es determinante para detonar muchos problemas sociales. Por ahora no los distraigamos que están en negociaciones.

Así haya Paro, todos podemos estudiar. Por eso la educación tiene que ser continuada, a distancia, a deshoras, desborda las aulas, se hace con interconexiones, en redes, es para los niños, los jóvenes y para todas las edades.

Claro, nos reclaman, si no paramos ¿cómo vamos a hacer presión? Pues paren, pero los padres y madres, los estudiantes y la ciudadanía podemos aprovechar el tiempo y aprender en todas las circunstancias. Si ampliamos los consumos de bienes culturales, aprendemos lenguas, si leemos novelas, si argumentamos, todo esto se convierte en un proceso pedagógico. A todos nos toca cumplir.

Por supuesto, a veces las condiciones son adversas, no hay ni siquiera cómo satisfacer las necesidades básicas, la gente está muy pobre, todo está peor. Posiblemente esta y no otra sea la cruda realidad. No obstante, en toda América Latina, en el Tercer Mundo, en India, hay miles de experiencias de obreros industriales, textileras, campesinos,  mineros,  indígenas, migrantes, refugiados, presos, prostitutas y muchos más, que leen, escriben, cantan, dibujan… y no se quedan esperando a que otros negocien cómo les pueden mejorar las condiciones de trabajo, de vida. Sí, es muy triste, hace falta una Pedagogía del oprimido y hay que salir a marchar, todo lo que quieran, pero no se puede parar la formación.

Es un derecho poder declarar un paro  y formar los sindicatos.  Pero mientras pasa el paro, que tiene que llegar a un término, la Radiodifusora Nacional, los medios en general, las instituciones, todos, podrían estar divulgando contenidos para acompañar a los estudiantes, propiciando un ambiente de producción de cultura, de reflexión y no solo de activismo, para los mismos maestros y para la ciudadanía, para que seamos más educados. Es así de simple. En el Brasil entran y salen cantando a las manifestaciones, hacen una fiesta popular. La Revolución nicaragüense, con la tristeza que da ver en lo que está el país, se hizo mientras todos entre sí se alfabetizaban. Los guerrilleros del M19 en las cárceles hacían teatro, escribían. Los excombatientes de las FARC, en unos campamentos que todavía no están bien adecuados, se están educando, están cursando el bachillerato, aprendiendo oficios. Así la educación se vuelve democracia.

Declaren el paro. Negocien. Hagan política. Y está bien que el gobierno pondere si tiene o no tiene dinero para cumplir. En los populismos, de izquierda y de  derecha, la salida es más fácil, se dice a todo que sí y punto. Si los guerrilleros pudieron negociar y además nos dan lecciones de transformación del discurso, podríamos esperar algo más de los maestros. Los maestros tienen que ser unos interlocutores por excelencia, porque ellos cultivan el conocimiento y la racionalidad.

Mientras pasan los días, los padres de familia y los estudiantes también tienen muchas dificultades, sobre todo en las áreas rurales y periféricas, ellos están esperando que lleguen a unos acuerdos. A los maestros los acompañamos, defendemos sus derechos, los admiramos. Así mismo, invitamos a la ciudadanía para que multipliquemos las cátedras, las cartillas y las lecciones, de ciudadanía, de democracia, de geografía, de botánica, de higiene, de arte y oficios, de política, de paz… así esperamos, que la cotidianidad, como en las épocas de Radio Sutatenza, se vuelva una escuela abierta, novedosa y alegre.

@mambresimplicio