Nicolás Maduro, a la sombra de Hugo Chávez y este a su vez bajo el ala de Fidel Castro, y así retrospectivamente, continua con un discurso rancio y anacrónico de división de clase, de chavismo, fidelismo, chauvinismo y xenofobia.  

 

300x225Por: Diego Firmiano

José Martí, el venerado apóstol cubano de la revolución, llamó a América el continente de la esperanza humana. Tenía razones de fondo para afirmarlo, ya que creía en el enorme potencial que latía en las entrañas y en los corazones de los americanos del nuevo mundo. Hoy, estos ideales de Martí son sueños sin base, porque los socialistas modernos, inspirados en las anacrónicas doctrinas de Marx y el fracasado modelo de  la revolución cubana, se han encargado de minar los fundamentos continentales de libertad y esperanza.  Qué entienden por democracia los gobiernos socialistas de izquierda: ¿ coacción, imposición, censura, o eliminación de la oposición?

Si hace más de medio siglo la doctrina americanista de Monroe azuzaba los ánimos de los comunistas, hoy, el socialismo se ha encargado de radicalizar esa misma doctrina imponiéndola por medio de la fuerza bruta (curiosamente citando a Martí), y bajo el disfraz de democracia. Nicolás Maduro, a la sombra de Hugo Chávez y este a su vez bajo el ala de Fidel Castro, y así retrospectivamente, continúa con un discurso rancio y anacrónico de división de clase, de chavismo, fidelismo, chauvinismo y xenofobia.

En el gobierno de Maduro, las mismas manos que acarician a los pobres son las manos que aplastan a un pobre con una opinión contraria al modelo de estado socialista. Este mandatario, que realza su discurso hablando de libertad,  en la práctica coarta y  censura a sus connacionales, y ahora quiere imponer este modelo americanista de libertad, seguridad y patria a Colombia. Que enorme error, Maduro está equivocado.

Y eso sin contar que el mandatario es cojo en internacionalismo, porque se inocula enemigos y conspiraciones imaginarias, y a su vez, cree que los extranjeros son sus enemigos (hostes, como los llamaban los romanos), incentivando rivalidades  y llevándolas al plano de la xenofobia más obtusa.  Sin duda, hay un temor a los extranjeros muy marcado en el gobierno venezolano, porque al coartarse las libertades migrantes de los colombianos, se está demostrando el irrespeto a la libre movilidad, y el atropello de sus derechos como personas y americanos con esperanza, como lo soñó Martí.

El bloque de países socialistas,  (que se asemeja más a una religión que una región, ya que sólo basta que uno de los países que no comulgue con sus modelos económicos critique o reclame sus abusos, para ponerse en su contra), ahora se refleja en la actitud de Rafael Correa, presidente de Ecuador, de mandar a que ningún ecuatoriano compre productos colombianos.  ¿A qué le tienen miedo los socialistas?  ¿A que colapsen sus modelos de gobierno y se descubra que en el fondo eran unos acérrimos capitalistas amparados bajo la pobreza de su electorado y la ilusión del populismo? ¡Ay, Martí!