CARLOS VICTORIALa indigestión política que produce este tipo de platos típicos ya es conocida por los colombianos para quienes, no obstante, está dentro de sus preferencias a la hora de escoger en la mesa.

Por: Carlos Victoria

El menú electoral de 2014 comenzó a prepararse donde siempre se han cocinado los manjares del poder. El pacto del Marriot, en Bogotá, ratifica que la democracia de hacendados no está de gangazo y que, por el contrario, tiene el zurriago y las espuelas listas para arriar sus tropas contra cualquier intento de detrimento de sus propiedades, como se pretende  desde la mesa de La Habana.

Los ingredientes del bistec a caballo  incluyen una  agenda “moderna, desarrollista y propositiva”, y de postre –como para salir directo al WC- tienen estas recomendaciones: “el carácter ético del servicio público y la eficacia, eficiencia y trasparencia en el manejo del Estado”, como si a los colombianos no nos hubiese ido mal con el chef que tuvo a su cargo nuestra dieta por ocho años consecutivos.

 El bistec a caballo, como ustedes saben, lleva dos huevos fritos. Y nada mejor que esta receta en manos de quien reivindicó los tres huevitos del patriótico gourmet: la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. El problema es que con las gallinas ponedoras resolvieron hacer sancocho, lo que equivale –en el argot de la gastronomía nacional- a un trifásico el plato fuerte que sirven en la Casa Santos desde el 7 de agosto de 2010.

 La sazón de nuestro bistec está en manos expertas. El presidente de Fedegan, José Lafaurie, quien gerencia el poder de la carne, ha sido muy claro en reiterar que los aderezos de su receta no están en discusión: seguridad, riqueza y bienestar. El problema es que esta salsa criolla ha desatado cólicos y daños de estómago, al punto que la CPI está dispuesta a  tomar cartas en el asunto.

La indigestión política que produce este tipo de platos típicos ya es conocida por los colombianos para quienes, no obstante, está dentro de sus preferencias a la hora de escoger en la mesa (de votación). El bistec se comenzó a sazonar a fuego lento, en víspera del cese al fuego de sus más encarnizados competidores: las Farc, cuyos líderes prefieren aporreado de ternera, exquisito plato de los cubanos.

¿Y los comensales? La invitación a saborear este bistec está extendida al “Partido Conservador, al Partido de la U, a sectores liberales y de la izquierda democrática, a otros movimientos políticos y a ciudadanos sin partido”, y a millones de colombianos prestos a devorarse las  migajas que caen de la mesa.