Es tan fuerte el arraigo de la gente hacia la coca, que hace tres años hicieron un paro armado tanto tan fuerte a raíz de las fumigaciones manuales, que Santos hubo de aceptar esa dura realidad socio-económica y ordenó suspender indefinidamente esas fumigaciones.
alvaro ramirezPor: Alvaro Ramírez González 
Tibú, La Gabarra, Teorama, El Tarra, son cuatro municipios del extenso, peligroso y hostil Catatumbo. Son más de 11.500 kilómetros cuadrados de territorio y un poco más del 50% del Norte de Santander. Son territorios montañosos de tierras fértiles y que baña el río Catatumbo. Casi todo el territorio de esta región nortesantandereana es frontera con Venezuela, donde no hay garitas, ni aduanas, ni control de la fuerza pública, desde que salió el Presidente Uribe.
El abandono centenario del Estado y esas condiciones geopolíticas han forjado en el Catatumbo una manera distinta de vivir y de trabajar para todos sus pobladores, con clara e inocultable dependencia de la coca, que sale procesada por Venezuela rumbo al África, donde llega con tarifa pero es tramitado su envío a las Canarias, que son un archipiélago español cerca a África. De allí pasan a territorio español y en tránsito para toda Europa. Y todo empieza en el Catatumbo colombiano.
Es tan fuerte el arraigo de la gente hacia la coca, que hace tres años hicieron un paro armado tanto tan fuerte a raíz de las fumigaciones manuales, que Santos hubo de aceptar esa dura realidad socio-económica y ordenó suspender indefinidamente esas fumigaciones. Hoy el Catatumbo está lleno como nunca de cultivos de coca y laboratorios de procesamiento. El control total de territorio y negocio lo tienen el ELN y el EPL. Ambos interactúan y negocian con las FARC; en esencia son lo mismo.
También es hoy y gracias al descuido miserable de Santos uno de los territorios más armados y peligrosos de Colombia. Con el Cauca, el Caquetá, Putumayo, Arauca, y muchos territorios más como la costa pacífica del Valle, Chocó y Nariño, son territorios de dominio pleno, militar, político y económico por parte del terrorismo. En esos territorios la fuerza pública hace presencia en unos cuarteles pero ni se les puede ocurrir una jornada contra el delito y la droga; son asesinados, atacados y expulsados como ya ocurrió en el Cauca.
Santos es un perfecto sinvergüenza que dejó perder la soberanía del Estado en una tercera parte del territorio nacional; de eso no se percatan los críticos, periodistas y columnistas rolos untados de mermelada hasta el bigote porque todos viven y funcionan alrededor de las zonas G y T de Bogotá, donde todo es divino y nada pasa.
Hemos perdido la soberanía y con el irresponsable y tramposo de Santos, hemos comprometido de manera muy grave nuestra economía. Hoy y gracias a este derrochón irresponsable, Colombia debe US$120 mil millones y la deuda pública es el peligrosísimo  11% del PIB, (ya es peligroso el 3%).
El Catatumbo queda en Colombia pero no está bajo el gobierno del Estado colombiano. Lo domina y lo gobierna plenamente el terrorismo. Gracias al incidente de Salud Hernández, el país mira hacia ese hermoso, extenso y rico territorio, que una vez fue colombiano. Y le muestra a los medios y al país que ese Catatumbo, por culpa de Santos, lo perdimos.