Camilo AlzateEl dilema entre la guerra y la paz, como el Presidente ha querido vender su campaña chantajeando con el miedo al mal mayor, es un dilema falso porque según mi criterio no se decide en 8 horas de comicios.

Por: Camilo Alzate González

Álvaro Uribe es propietario de una extensa hacienda ganadera: El Ubérrimo. Está ubicada en Montería (Caribe colombiano), zona con fuerte presencia de escuadrones de la muerte paramilitares desde los 80 a la fecha. Iván Cepeda Castro, congresista y activista del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado popularizó el nombre de esa propiedad. Una investigación suya demuestra los estrechos vínculos del proyecto político del expresidente con la brutal violencia paramilitar, causante de varios millones de desplazados, innumerables masacres, un genocidio político y el recrudecimiento feroz del conflicto colombiano. La investigación tiene un título sugerente: “A las puertas de el Ubérrimo”.

El país espera el domingo el desenlace de la última batalla. Uribe se jugó el todo por el todo por rescatar su proyecto político, anclado a su figura y acorralado en los medios, los estrados judiciales y los corrillos de las élites de siempre. Si como indican algunas encuestas Óscar Iván Zuluaga, candidato de Uribe, pierde por estrecho margen contra Juan Manuel Santos, lo probable es el colapso del uribismo, que naufraga ya en la peor crisis de escándalos y corrupción de la historia reciente de la nación.

La polémica de los últimos días se ha centrado en apoyar o no la reelección del Presidente con votos. Para gran parte de la intelectualidad no se trata de votar por Santos, sino de hacerlo contra Uribe. Santos fue hábil, mucho. Logró atravesarse en esa disyuntiva y lavar su imagen, sumamente desprestigiada. Hoy atajar el uribismo pasa por reelegir al que fuera uno de sus alfiles.

El dilema entre la guerra y la paz, como el Presidente ha querido vender su campaña chantajeando con el miedo al mal mayor, es un dilema falso porque según mi criterio no se decide en 8 horas de comicios, como no se decidió tampoco en las votaciones anteriores, que eligieron a Santos a la sombra de su antiguo jefe para ser continuador absoluto de la guerra. Contra el pesimismo obvio, señalé inmediatamente después de los resultados de primera vuelta varios factores que podrían ser mucho más influyentes que el conteo inocente de votos. Todos sucedieron. Enumero:

1. El cerco jurídico al expresidente se apretó con más escándalos del espionaje realizado al gobierno, los vínculos de su hermano Santiago Uribe con paramilitares, la cacería de María del Pilar Hurtado fugada en Panamá (estuvo al mando de Uribe frente al espionaje de periodistas y figuras de la oposición). Los medios enlodaron todavía más la campaña de Óscar Iván Zuluaga vinculando su asesor Duda Mendoza con narcotraficantes de Medellín. La semana pasada el gobierno allanó e incautó miles de millones a una poderosa red mafiosa de apuestas en la costa Caribe que siempre ha financiado al uribismo. Un golpe estratégico a la caja menor de la campaña presidencial en esa zona del país. La última noticia es la condena en firme contra Andrés Felipe Arias, acérrimo defensor y colaborador del ex presidente.

2. La OEA y el Departamento de Estado de los Estados Unidos emitieron sendos pronunciamientos públicos respaldando los diálogos esta semana. En esa misma línea se pronunció la Organización de las Naciones Unidas, señalando las inmensas posibilidades de crecimiento económico que tendría el país de concretar una paz negociada.

3. La guerrilla de las FARC anunció una semana antes de la segunda vuelta que estaba dispuesta a ceder en el tema de las víctimas, asunto nodal con que la campaña uribista ha desacreditado las conversaciones. Aquello fue invariablemente presentado por todos los grandes medios nacionales como un paso “histórico” de gran trascendencia, que acerca todavía más la posibilidad de la paz.

4. Los empresarios más importantes del país, incluyendo a Luis Carlos Sarmiento Angulo, uno de los mayores banqueros de latinoamérica, respaldaron públicamente el miércoles al Presidente con su proceso de paz anunciando que nunca la nación había tenido mejor rumbo económico. Empresarios antioqueños tan influyentes como Nicanor Restrepo o Londoño Santamaría -los cacaos que antaño respaldaron al uribismo- ahora cierran filas con Santos.

 A estos apoyos se suman prácticamente todos los partidos políticos, incluyendo la mayoría de la izquierda, 140 sindicatos, los colectivos LGTBI, la intelectualidad que opina en periódicos y los gobiernos vecinos. Uribe en cambio lleva 15 días de mentiras y giros desesperados que son desmentidos por quienes en otras épocas agachaban serviles la cabeza. Santos ratificó que le gusta apostar duro: inició esta semana, a menos de ocho días para la elección, una nueva mesa de conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional, el segundo grupo guerrillero del país. El Presidente tiene todo para ganar, empezando por lo más importante: controla la Registraduría, entidad encargada del conteo manual de votos.

Voy a apostar fuerte como el Presidente y confieso que espero no equivocarme: creo que Juan Manuel Santos será el caballo ganador el domingo. No porque sea la voluntad popular, que nada tiene qué ver en estos casos. Es algo más sutil, un terremoto dentro del poder hace varios años. Sólo ahora resulta obvio: los dueños del país van firmes cerrando las puertas de El Ubérrimo.