La ciencia sirve con ética para hacer la vida más confortable, sana, divertida o hasta para preservarla como se necesita ahora con el virus.

 

Por / Juan Pablo Plata

Fue en comunidad, en los asentamientos modernos humanos, con las comunicaciones y los viajes rápidos y masificados por las ciudades del mundo que emergió un virus hacia el final de 2019. Vivir juntos, visitarnos y consumir mercancías desde tanta lejos traía hasta hace poco más beneficios que otra cosa. En apariencia, no teníamos la memoria fresca en el mundo hispano de la gripe española de 1918, ni en el resto de Occidente de esta y otras enfermedades contagiosas, atraídas también por los viajes mercantes y de placer, el capitalismo rampante y el intenso movimiento humano desde siempre; pero aumentado desde hace quinientos años a esta parte y más desde el siglo XX que tantos avances tuvo con los inventos de transporte.
Entre los asuntos clave de vivir en una ciudad están la ciencia, la tecnología y la civilidad, sea en época de pandemia u otros tiempos.
La extensión y aplicación de la civilidad, o también llamada cultura ciudadana en Colombia, haría que como colectivo automatizáramos ciertos ritos de pertenencia e iniciación como ciudadanos. Por ejemplo, que un transeúnte colombiano pudiera en el futuro cercano cruzar con prioridad una calle, de una acera a otra, en un semáforo, en un camino veredal o una carrera –para dejar sentada la posible excepción o broma (solo dijo calles, no carreras) – sin ser atarbaneado, emprendido, rozado y, por qué no, atropellado por un vehículo que le debió ceder el paso.

Este es un solo ejemplo de muchas acciones que permitirían la modesta y anhelada vida feliz en un asentamiento urbano. Por otra parte, las ciencias exactas, la investigación y la civilidad han de ser entonces unas acciones obligatorias y permanentes del Estado y las personas en una ciudad y un país, es decir, un montón de ciudades con afinidades culturales. La civilidad en tiempos de pandemia  encuentra su significado al guardar la distancia entre seres humanos y llevar accesorios de protección como guantes y tapabocas.

La ciencia sirve con ética para hacer la vida más confortable, sana, divertida o hasta para preservarla como se necesita ahora con el virus.

La tecnología que hace un uso práctico o avanzado de la observación y los resultados de la ciencia puede dar constantes mejoras, progreso y solución de los problemas colectivos e individuales de una persona (prótesis, ventiladores, medicinas y vacuna de la covid) en una ciudad, por ejemplo, con el vilipendiado internet G5.

La civilidad, entendida como la conducta adecuada en una ciudad y acorde a las leyes vigentes en una sociedad ha de permitir que la ciencia y la tecnología florezcan. Si un ciudadano vota bien, un buen gobierno seguro promoverá de manera verdadera la creatividad (sin ponerle color naranja u otros colores a las economías), la ciencia y la tecnología que como se prueba en tiempos de dificultad como los que corren en junio de 2020, trae la posibilidad de tener ciudades y un país con autosuficiencia agrícola, de manufactura, industrial, sanitaria, científica y tecnológica: una sociedad organizada que brinda bienes de capital, servicios y uso de patentes como hace Israel, el país que más patentes registra en el mundo, pese a su población y territorio exiguos, que no parecen dar la apariencia de ser un país y gente que resuelve tantos problemas: eso es a resumidas cuentas una patente.

Hace un tiempo Colciencias (Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia) fue reformado y se le dio menos importancia a las ciencias humanas. Sin ciencias humanas no se logra la civilidad que permite todo lo demás.

Sin ciencia continuará Colombia con un penoso intercambio comercial foráneo en que importa arroz, importa café y en que no produce sus propias máquinas, inventos y soluciones científicas múltiples ahora en pandemia o antes, porque no ha habido un derrotero estatal serio y continuo que haga de la ciencia y la civilidad unas políticas de Estado que den más felicidad a los Colombianos en vez de una Estado policial, corrupto y paquidérmico que todo lo extranjero exitoso replica e importa.

Con ciencia, tecnología y civismo, el rastreo de un virus, el crecimiento de una economía y una nación pueden llegar a ser mucho más fuertes.

Celebro, para que no todo sea crítica, el acceso con la tarifa social a internet para estratos 1 y 2 en Colombia promovido por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y las empresas de comunicaciones Claro y Dialnet.