Miguel angel lopezAquí no se toma gaseosa, se toma Coca-Cola. No se cocina con caldo de gallina, sino con Maggi. La gente usa Converse,  come Nutella y bebe Smirnoff.

 

Por: Miguel Ángel López

Es increíble cómo la semana más grave del Paro Nacional, Starbucks decide informar que va a abrir sus primeras tiendas en el país. En Colombia, en la tierra del café, en las mismas calles en las que hace unos meses los cafeteros lucharon por un mísero subsidio del Gobierno y hoy vuelven a unirse a las movilizaciones nacionales.

El mayor problema de los colombianos es que más que el producto, compramos el nombre. Nos  guiamos mejor con las marcas que con cualquier mapa, o Google Maps  de una ciudad. Aquí no se toma gaseosa, se toma Coca-Cola. No se cocina con caldo de gallina, sino con Maggi. La gente usa Converse,  come Nutella y bebe Smirnoff.

En mi opinión, el problema no es la llegada de una multinacional. El problema es lo que eso hace en los colombianos. Si desde antes de su llegada muchos ya preferían comprar su café en Juan Valdez, ¿cuántos no irán a comprar Starbucks por ser Starbucks?

Recuerdo cuando abrieron el primer McDonalds en Pereira. Fue en Unicentro, un centro comercial que está destinado a la quiebra por su lejanía desde cualquier punto poblado de la ciudad. No obstante, por semanas eso no le importó a nadie y las filas para comprar hamburguesas y helados allá eran vergonzosas. Todo eso, cuando se puede comprar una hamburguesa y un helado colombiano de mucha mejor calidad. ¿Y saben qué? Hasta en lugares de renombre, para que no se sientan tan mal.

En dicho caso, Coca-Cola mata tinto, mata al agro y mata al mismo país. No es el momento adecuado para traer un monstruo del café a Colombia. No lo es, ya que estamos destinados a  quebrar nuestra propia industria, porque preferimos comprar un café que se va a ver mejor con los filtros de Instagram.