GUSTAVOCOLORADOEl equilibrio de poderes entre guerrilleros y paramilitares, la conquista de privilegios, los negocios particulares en un sistema donde hasta el aire vale plata y las  inconsistencias y corruptelas del aparato de justicia nos son presentadas echando mano de las viejas y efectivas técnicas del periodismo narrativo.

Por: Gustavo Colorado

La vieja imagen del periodista consagrado a fatigar las calles en busca de historias ha sido reemplazada por  la de un grupo de personas sentadas en una sala de redacción, a la espera de que el mundo y sus avatares irrumpan en la pantalla del computador o se  manifiesten a través de las vibraciones de sus tabletas y teléfonos digitales.

En ese punto se centra hoy la discusión acerca del presente y futuro de los periodistas y los medios de comunicación, sobre todo cuando algunos expertos auguran que no tardarán mucho en ser suplantados por las redes sociales y su capacidad para generar oleadas envolventes de información.

No suscribo esta  última tesis. Al contrario, pienso que la calidad, la velocidad y el tamaño de la información nos obligarán a cualificar los criterios y por ese camino a no confundir las herramientas con el producto: por eficaces que estas sean no conducen a parte alguna sin los buenos oficios del orfebre, en este caso el periodista. En esa medida ni Internet ni los otros valiosos recursos tecnológicos podrán sustituir a las fuentes verificables y mucho menos al trabajo de campo, es decir, a ese territorio palpitante donde el investigador se enfrenta a la vida  y sus protagonistas.

Por esas razones resulta tan gratificante encontrarse con trabajos de grado como el presentado por Laura Sánchez Largo, joven estudiante de periodismo de la Universidad Católica de Pereira. Su título es Cuando salí de Cuba, un reportaje donde recrea las condiciones  de vida de los presos por el delito de rebelión en la cárcel de Bellavista, ubicada en  el Área Metropolitana de Medellín.

Lausanla

Laura Sánchez Largo

Motivada por la convergencia de los diálogos de paz con las guerrillas y la crisis del sistema carcelario en Colombia, la  narradora emprendió la tarea de contarnos, desde las entrañas del penal, las visiones de mundo, los juegos de poder y las luchas por la supervivencia de un grupo de hombres que protagonizan tras las rejas su propia versión de la historia de Colombia.

En tiempos de facilismos  y de la religión del “corte y pegue”, Laura Sánchez se sumergió durante varios domingos en los pasillos de la cárcel de Bellavista y desde allí recreó para nosotros con  aguda mirada y fina escritura la manera como se reproducen en el interior de las cárceles los códigos de un país en guerra: el equilibrio de poderes entre guerrilleros y paramilitares, la conquista de privilegios, los negocios particulares en un sistema donde hasta el aire vale plata  y las  inconsistencias y corruptelas del aparato de justicia nos son presentadas echando mano de las viejas y efectivas técnicas del periodismo narrativo.

Cuando salí de Cuba es también una muestra de los intentos por abordar el conflicto armado  sin los maniqueísmos de la secular división entre buenos y malos. Para ello la autora se apoya tanto en la definición legal de preso político, rebelde o insurgente, como en el manejo que los organismos internacionales y las asociaciones de derechos humanos les dan a esos conceptos y a la manera como repercuten en la información sobre el conflicto. Pero ante todo, están las historias, obtenidas de la  voz misma de los protagonistas, que  en este caso se llaman Nilson, Alirio, Luciano o Damián, hombres que gravitan entre el idealismo, el pragmatismo, la arbitrariedad y la contumacia: por eso mismo ilustran tan bien una cierta manera de ser colombiano.

En la escena final del reportaje asistimos a una suerte de alegoría: hartos de consumir una magra dieta de  agua con apio, un grupo de reclusos decide sacrificar la enorme rata que habían adoptado como mascota. A modo de protesta la cuelgan en el bongo o comedor del patio. Suspendido de  una cuerda el cadáver del animal parece resumir muchos episodios de la reciente y remota historia de Colombia. Es por eso que textos como este le devuelven a uno la esperanza en el periodismo como recurso indispensable para contar, pensar  y comprender la realidad. La Universidad Católica de Pereira está en mora de  crear las condiciones  para que este tipo de trabajos sean divulgados y conocidos más allá de las aulas y no se reduzcan a la mera condición de requisitos para optar a un título profesional.