Pero el hombre tiene la razón. Él quiere que le hable de un presidente pusilánime y de un expresidente que no se resigna a su condición, empeñados en una danza macabra cuyo escenario es un país en pedazos.
GUSTAVO COLORADO IZQPor: Gustavo Colorado Grisales

-¿Cuándo vamos a salir de esta? Me pregunta, desesperado, mi vecino en pantuflas blandiendo un ejemplar del periódico El Tiempo.

-Hum, tendríamos que aclarar primero que quiere decir usted con “esta”, le respondo, apabullado por la magnitud de su perplejidad.

-Bueno, pues esta mierda de país que les vamos a dejar a nuestros hijos, replica entornado los ojos, con la indignación convertida en súplica.

Y sí: ya sabemos que estamos jodidos por lo menos desde hace mil años, mucho antes de que los europeos pusieran pie en estas tierras. Pero algo habrá de hacerse ¿No?… aunque sea para consuelo de nuestra descendencia. Para empezar, no creo que Colombia sea más o menos mierdoso que el resto del mundo- pienso en Trump, en Clinton, en Berlusconi, en Angela Merkel, en la nueva derecha y en la nueva izquierda, en Estado Islámico, en Rajoy, en Putin, en el gobierno chino, en Mauricio Macri, en Nicolás Maduro, en las multinacionales que juegan a la muerte-. “Pero algo habrá que hacer”, me recita al oído mi conciencia atribulada.

Como sucede cada vez que el horizonte anuncia tormenta, corro en busca de Aristóteles: su Ética nicomaquea suele responder a las formas más negras de mi desazón.

Y entonces encuentro su alusión a la metáfora del cíclope: devorado por el odio, apañándoselas en su cueva con leyes que instituye y cambia a su antojo, gobierna con látigo de fuego sobre su mujer y sus hijos mientras otea el mundo con su único ojo, al acecho de navegantes incautos. Más o menos así vivimos en Colombia.

Dudo que el viejo filósofo pueda ayudarle en algo a mi vecino, pero en fin: desempolvo mi discurso sobre el ejemplo y la educación como elementos transformadores. Abro entonces la página 402 y le recito: “Por lo pronto, habiendo dejado nuestros antepasados sin explotar el campo de la legislación, alguna ventaja habrá quizá en que nosotros estudiemos y tratemos a fondo la política, para completar de esta manera y hasta el punto que podamos alcanzar la filosofía de las cosas humanas”.

¡A burlarse de su madre! Me grita antes de perderse por su camino sembrado de girasoles, lo que no considero una buena manera de contribuir a la conquista de la tan esquiva paz.

Pero el hombre tiene la razón. Él quiere que le hable de un presidente pusilánime y de un expresidente que no se resigna a su condición, empeñados en una danza macabra cuyo escenario es un país en pedazos. A lo mejor piensa en media docena de ladrones multimillonarios que recibieron casa por cárcel, mientras el ladronzuelo que robó un reloj se pudre entre rejas. Desea recibir noticias sobre el fulano que robó recursos de la salud y ahora- plácido Palacino- juega golf en Miami, al tiempo que sus víctimas mueren por falta de atención a las puertas de los hospitales. Lo angustian los niños muertos por malnutrición en uno de los países más desiguales del mundo: el nuestro. Le produce insomnio la manera como las corporaciones imponen congresistas, ministros y funcionarios de bolsillo que administran a la medida de sus apetitos.

Pero qué le hacemos: no a pesar, sino precisamente por el desastre que nos habita y que habitamos, pienso que afinar el entendimiento es hoy cuestión de supervivencia frente a la retórica de los voceros de la indolencia y la destrucción.

Y, de momento, no encuentro otro camino que volver a las ideas del filósofo escogido por Filipo de Macedonia como preceptor de su hijo Alejandro. Después de todo, ese hombre pensaba que la política era el bien moral supremo, en tanto su gran objetivo era la búsqueda del bien común.

“Cuando un vicio se repite y prolonga por mucho tiempo, acaba por convertirse en la naturaleza misma del individuo que lo practica”, escribió el sabio de Estagira, citando a un poeta acaso inventado por él mismo. Con las cosas cuesta abajo, nada perdemos los colombianos con invertir la premisa: si en lugar de nuestros vicios seculares empezamos a practicar y prolongar la virtud, a lo mejor encontramos una ruta hacia la razón en medio de tanta inmundicia y tanto fuego cruzado.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada: