Cómo me gustaría

Cómo me gustaría escribir estas líneas con total libertad, sin miedo a ser censurado o silenciado.

 

Por / Alejandro Sepúlveda Quintero

Cómo me gustaría no escribir esta columna. Pero debo hacerlo, porque quizás la escritura sea el único medio eficaz para expresar el dolor y las inconformidades que muchas veces no logramos manifestar a través del lenguaje oral. No quisiera confesar las razones que me llevaron a redactar estas líneas; pero lo haré, por respeto a usted, apreciado lector: el pasado 13 de agosto se conoció la noticia de la muerte del comunicador indígena Abelardo Liz. Murió mientras hacía periodismo. Cómo me gustaría que no le hubieran arrebatado su vida.

Las balas atravesaron su pecho y su abdomen mientras cubría la ‘Liberación de la madre tierra’, una manifestación que realizan los pueblos indígenas en la vereda El Barranco del municipio de Corinto, Cauca. Según la FLIP —Fundación para la Libertad de Prensa—, los disparos provenían de la zona donde estaban los integrantes del Ejército Nacional. Cómo me gustaría que las instancias militares y estatales se pronunciaran al respecto y que, por lo menos, nos regalaran su versión de los hechos.

Cómo me gustaría que las discriminaciones no fueran el pan de cada día. Cómo me gustaría que a Luis Fernando Álvarez, el joven de 17 años, no le hubieran cortado su mano y parte de su brazo izquierdo por el simple hecho de ser homosexual. Yo me pregunto, con terquedad, ¿qué pasa por la cabeza de su agresor? ¿En qué piensa un individuo cuando ataca a una persona por tener una orientación sexual diferente? ¿Acaso es pecado o delito sentir atracción por alguien del mismo género? Repudio todo acto de rechazo y aplaudo toda manifestación de amor.

Cómo me gustaría que algunos integrantes de la Policía Nacional dejaran de cometer abusos. Cómo me gustaría que algún día entendieran que su principal responsabilidad es proteger a la ciudadanía. Pero se empeñan en lo contrario. Atacan al vendedor informal, patean, humillan y hasta matan a quienes se rebelan contra su brutalidad. Sólo basta recordar el caso de Anderson Arboleda, afrodescendiente de 19 años que vivía en Puerto Tejada, Cauca. Un policía le pegó en la cabeza con un bolillo porque al parecer violaba la cuarentena. De acuerdo con el periódico El Tiempo, Anderson muere al día siguiente en el Hospital del Norte —Popayán—, tras convulsiones y fuertes dolores de cabeza. Cómo me gustaría confiar en esta institución nacional.

Cómo me gustaría que nuestro país tuviera un sólido sistema judicial. Pero no es así. Tambalean, les tiemblan las manos para dar una condena, emiten órdenes de captura pero con suavidad. Sí, son laxos. Dan privilegios y casa por cárcel a esos poderosos que con los bienes del pueblo han alimentado sus mezquinos intereses. A esos poderosos que, como bestias hambrientas, muerden, usufructúan y manipulan el erario. Cómo me gustaría que la ley fuera para todos.

Cómo me gustaría que no existieran los créditos educativos. Porque no nos digamos mentiras. Los intereses de estos préstamos son cada vez más elevados y el tiempo para saldar la deuda es cada vez más reducido. La Radio Nacional de Colombia advierte que alrededor de 630.000 jóvenes en el país tienen un servicio activo con entidades prestamistas. Vivo, al igual que ellos, esa misma realidad. Cómo me gustaría que muchos estudiantes no tuviéramos esas millonarias deudas sólo por ingresar a una universidad y por el deseo de ser profesionales.

Cómo me gustaría que no se registraran más desapariciones o masacres. Como el caso de los ocho jóvenes que fueron asesinados en Samaniego, Nariño, tan solo unos días después de que en el sur de Cali aparecieran torturados y muertos cinco niños. Sus cadáveres, según la revista Semana, tenían golpes y heridas en brazos y cuello. Cómo me gustaría que la violencia cesara, pero desearlo resulta ingenuo porque se ha convertido en algo metódico y organizado.

Cómo me gustaría que no se presentaran más hechos de pederastia por parte de algunos curas. Como los 19 sacerdotes que, de acuerdo con el diario El País de España, fueron suspendidos en abril por abuso sexual en Villavicencio. ¿Qué se ha dicho al respecto? ¡Muy poco! Frente a estos actos nos encanta voltear la cara. ¿Por qué lo hacemos? Recordemos que quedarnos en silencio frente a estas atrocidades, nos convierte en cómplices.

Cómo me gustaría que todos los estudiantes contaran con los recursos para asistir a clases virtuales, que algún día nuestro presidente se comporte como lo que es y deje de buscar credibilidad a través de su programa televisivo que poco o nada soluciona las problemáticas nacionales. Cómo me gustaría que hiciera una transmisión destinada a intervenir las condiciones de las poblaciones indígenas, o donde se dedicara a exponer unas rigurosas estrategias para combatir los virus del desempleo, del hambre y la delincuencia.

Cómo me gustaría que la persona que insiste en suicidarse encuentre razones para aferrarse a la vida. Cómo me gustaría volver a respirar con tranquilidad, sin tapabocas o mascarillas, y no tener que mirar al otro como mi enemigo, como una amenaza. Cómo me gustaría que pronto se acabara este maldito distanciamiento social y que volvieran los abrazos y las sonrisas.

Cómo me gustaría que no nos mataran por nuestra manera de pensar y de hablar, que no nos rechazaran por nuestra raza, nuestra inclinación sexual o credo religioso. Cómo me gustaría que la sociedad dejara de señalar a la mujer que decide abortar. Necesitamos entender que son ellas las dueñas de su vida y de su cuerpo. Nadie más.

Cómo me gustaría que los periodistas pregunten, incomoden y revelen esas versiones y esas historias que importantes sectores de la sociedad se empeñan en ocultar una y otra vez. Cómo me gustaría escribir estas líneas con total libertad, sin miedo a ser censurado o silenciado. Cómo me gustaría…

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