Lo que requerimos en Risaralda, porque Dosquebradas es apenas un ejemplo de lo que pasa acá, es pasar a nuestros políticos y líderes la verdadera cuenta de cobro.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Los recientes hechos  acaecidos en Dosquebradas con la captura del alcalde Luis Fernando Muñoz y otros diez funcionarios de su administración, deberían poner a pensar a la ciudadanía dosquebradense (si es que tal categoría puede aplicársele a sus habitantes) en una reacción verdaderamente democrática que permita  la viabilidad de Dosquebradas como la segunda ciudad del departamento; y no lo que hace su clase política, dar más y más razones cada vez, para que sectores políticos, intelectuales, sociales y ciudadanos sustenten la adhesión del municipio como una comuna más de Pereira, ciudad de la cual depende para la mayor parte de sus actividades mercantiles, industriales, sociales, culturales, para su oferta de servicios, entre otros.

En sus 46 años de erección como municipio, su clase política no ha podido resolver al cien por ciento la cobertura de agua potable.

Viví hasta el año 2003 en Dosquebradas, por entonces ya se oía, entre conversaciones vecinales, noticias locales y asuntos de la política regional, sobre la fama de corruptos de sus dirigentes. Ningún partido se salva, pues por Dosquebradas han pasado liberales del más arraigado gavirismo y conservadores de tradición cafetera y comunal, que se han turnado por periodos el poder, no solo en el municipio industrial, sino en el departamento y en la capital, dejando sin opción la posibilidad de un enfoque alternativo y democrático, que vire la región hacia el desarrollo y la justicia social, la decencia  y transparencia en el gasto público, y la visión de una región realmente pujante.

Los delitos de los que se acusa al burgomaestre son un prontuario tal, que un juez podría saborearse en los expedientes practicando todas las tesis y vertientes del derecho y la jurisprudencia en la aplicación de las penas y sanciones del caso; mas la acción judicial, sin dejar  de ser importante, es apenas sustancial, es simplemente la aspirina que tomamos para calmar el dolor de cabeza, pero que no  erradica el mal, no mata la enfermedad, solo la silencia, la deja en alerta para volver más fortalecida a la acción.

Lo que requerimos en Risaralda, porque Dosquebradas es apenas un ejemplo de lo que pasa acá, es pasar a nuestros políticos y líderes la verdadera cuenta de cobro. Es la reacción ciudadana, sólida, contundente y crítica, la única con el poder de cambiar el rumbo;  ha llegado la hora de darle  a  los partidos hegemónicos, el Conservador partido del alcalde Muñoz y del gobernador Salazar y  que apoyó a  Juan Pablo Gallo a la Alcaldía  en Pereira, en coalición con el Partido Liberal,  un cruce de cuentas y esta se hace, amigos dosquebradenses y risaraldenses, poniendo el ojo político en alternativas democráticas que obtuvieron votaciones interesantes en la coyuntura pasada y que en reciente  Consulta Anticorrupción sumaron 270 744 votos (que ya los quisiera un alcalde o gobernador) para decir NO, no solo a la corrupción como sistema, si no a los partidos tradicionales incapaces de resolver sus problemas.

*Licenciado en Español y literatura y periodista. Universidad Tecnológica de Pereira.