MARGARITA CALLE-1Los cuerpos desnudos o semidesnudos de los estudiantes recorrieron las calles de diferentes ciudades gritando arengas, mostrando mensajes que invitan a salvar la educación. Sin embargo, aquí el cuerpo les jugó una trampa, no fue efectivo, lo que dejó al descubierto fue la falta de creatividad de los estudiantes, el lugar común de muchos de sus discursos y la poca coherencia con la que articulan lo que piensan, dicen y hacen.

 

Por: Margarita Calle

El cuerpo expuesto, desnudo, sin mediación ni artificio, ocupa hoy la escena pública. La música, las artes plásticas, la literatura, el cine, la televisión, la prensa escrita, la calle, son contextos en los que el cuerpo desnudo se ha convertido en un dispositivo mediador que moviliza, convoca, provoca y confronta. Las razones son múltiples: intereses estéticos o artísticos, causas humanitarias, altruismo, hedonismo, placer, dolor, todo cabe dentro de las motivaciones.

La cantante Lady Gaga se desnuda con el fin de recaudar fondos a favor de la institución fundada por la artista serbia, Marina Abramovic, una de las principales exponentes del arte del performance. Un atractivo grupo de sacerdotes romanos ortodoxos realiza un calendario para recoger dineros para su congregación, en el que exhiben sus atributos físicos recreando escenas bíblicas o cotidianas. La estrella pop Miley Cyrus, exprotagonista de la serie infantil Hannah Montana, promueve su disco Wrecking Ball balanceando su cuerpo desnudo sobre una enorme bola de acero, en medio de ruinas industriales. El reconocido fotógrafo Spencer Tunick convoca a los colombianos para que en el 2014 participen de un proyecto artístico, en el que aspira a cubrir con los cuerpos desnudos de quienes respondan a su llamado, un espacio emblemático de Bogotá.

Todas estas acciones han sido efectivas desde lo simbólico y como sensores de mercadeo: han movilizado donaciones, espectadores, compradores, aperturas estéticas, crítica y reflexión. En todas ellas el cuerpo ha servido de medium para activar en el otro el deseo de participar, de entrar en el juego, entregando lo que le piden. También en los clubes nocturnos hombres y mujeres desnudos, bailan y se contorsionan frente a unos espectadores deseosos, dispuestos a traspasar todos los velos que cubren los cuerpos exhibidos, a punta de billetes. Por todo esto la efectividad del cuerpo desnudo no se pone en duda.

Tal vez, pensando en esa efectividad, el pasado 16 de octubre los estudiantes de las universidades representadas por la MANE, programaron una nueva jornada de protesta para llamar la atención del gobierno nacional sobre el precario estado de la educación pública en el país. Los cuerpos desnudos o semidesnudos de los estudiantes recorrieron las calles de diferentes ciudades gritando arengas, mostrando mensajes que invitan a salvar la educación. Sin embargo, aquí el cuerpo les jugó una trampa, no fue efectivo, lo que dejó al descubierto fue la falta de creatividad de los estudiantes, el lugar común de muchos de sus discursos y la poca coherencia con la que articulan lo que piensan, dicen y hacen. En suma, banalizó la marcha y mostró el desgaste de un país asfixiado por los paros, la anarquía y la poca consideración frente a la realidad del otro.

Nuestra existencia consiste en tener cuerpo. Todo lo que somos, hacemos y sentimos pasa por una relación construida con el cuerpo. Por eso decimos que el cuerpo es el mediador fundamental de nuestra existencia. De allí que explotarlo sin sentido o sobre-exponerlo de manera gratuita, aminora su potencial para significar y su capacidad para decir.

Si reconocemos que frente a la enajenación que vive el sujeto contemporáneo, el cuerpo ha devenido como el último territorio de construcción identitaria, banalizar su capacidad expresiva es tanto como ponerlo al nivel de cualquier otro artificio de consumo, tal como se ha especializado en hacerlo el mercado.

*Directora Maestría en Estética y Creación