CARLOS MARÍNVivimos nosotros los colombianos inmersos en un mundo de fantasías y realidades, anhelando tantas y tantas cosas, mientras otras que no se han pedido salen a la luz pública para enseñarnos que debemos poner los pies sobre la tierra. 

 

Por: Carlos Marín

Todos los días se abren escenarios de discusión de hacia dónde debería ir nuestra educación, qué se debe mejorar, de sí la calidad es mejor que la cobertura o de sí deben ir de la mano; sin embargo esto se ha vuelto una fantasía, porque tal vez en cobertura se ha dado un paso, pero en calidad se han retrocedido dos. Mientras fantaseamos con cobertura, la realidad son 148.000 alumnos falsos de los cuales se cobraba el cupo en diferentes colegios del país.

Todos los días fantaseamos con una mejor Colombia, con políticos transparentes, con mejores administradores de lo público; y todos los días como realidad un nuevo investigado por irregularidades, una nueva decepción. La última sorpresa, los escándalos del Partido Mira, que a través de la fe de las personas construía  un imperio y lograban votos en el espectro político.

Los héroes de Colombia y los héroes de nuestros hijos, los que salen por la televisión, los que nos llevan a la fantasía de la tranquilidad, la que a veces perdemos con tanta desfachatez de uno y de otro, hoy su realidad es otra. Recién, la Revista Semana hace pública grabaciones que dan cuenta de la contaminación interior de la que sufre una institución que supone un prestigio en el país; ahora, a qué fantasía nos vamos a apegar.

La igualdad social, la más cruel de las fantasías. Colombia cerró el año 2013 con aproximadamente 14 millones de pobres; y siempre fantaseamos para que los escabrosos números se reduzcan a la mínima expresión en ese tema.

La realidad, un departamento no sólo hundido en la pobreza, sino hundido en el olvido.  Parece que el país no entiende que el departamento del Chocó está dentro de los límites geográficos colombianos, de él se escribe mucho, pero se hace poco.

La fantasía de la paz, cuán larga y dolorosa, la que se ha padecido por décadas, la que dice estar cerca pero al mismo tiempo está lejos, una fantasía que no descansa en 47 millones de almas.

La realidad, el letargo sufrido por el proceso en la Habana, que ha servido para chuzadas ilegales y escándalos cínicos con origen en la oposición. Ese, el proceso  servirá también para airear a un presidente sin imagen; en algún punto de la campaña de reelección, será el que le salve el culo a Santos.

Así pues, de fantasías y realidades se vive en Colombia; después de todo en lo único que debemos dejar de fantasear es en los votos el próximo 9 de marzo y en las elecciones presidenciales de mayo; la realidad es más cruda y severa, no hay objeto que compre voto, ni fantasía que lo valga, sólo las desastrosas  realidades que sufre nuestra amada tierra.