MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINANo asisto a toros porque es una actividad de élites  y los precios de la boleta son muy costosos. Tampoco asisto a fútbol, aunque su precio es más accesible, tanto como para que los estratos bajos dejen de comer por ir a ver un partido; no asisto en rechazo a la violencia futbolera.

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Muchos se sueñan que al torero lo mate el toro; otros, que los hinchas de sus equipos favoritos de fútbol los desaparezca la divina providencia como por arte de birlibirloque. Los primeros marchan a pie, por las calles de las principales ciudades colombianas pidiendo la abolición de las corridas de toros, fundamentándose en movimientos animalistas de defensa a la vida y a la naturaleza, y casi siempre respaldados por movimientos vegetarianos, ambientalistas.

Mientras tanto, jóvenes en su mayoría, montados en un bus alquilado por uno de los líderes del grupo, cantan  fervores a su equipo del alma con tambores y cornetas, todos uniformados de los colores de las casacas  futboleras.  A simple vista, parecería más indefenso este acto que el de personas gritando “!!olee¡¡” a un torero  forrado en un traje de luces, en una plaza de arena, frente a un bravío toro de casta. Todo parece tranquilo, hasta que pasa por la misma carretera, otro bus encendido en el mismo fervor, pero con camiseta de color  diferente. Allí el hoy llamado deporte rey, se convierte en deporte gamín, pues las fuerzas no se miden por la calidad de las jugadas de los equipos, sino por la cantidad de apuñalados en medio de disturbios en la carretera.

Por estos días de temporada taurina en Colombia: a fin de año en Cali, al inicio de este en Manizales y hace poco en Bogotá, se pone en la mesa la discusión sobre las corridas de toros en el país. Ya el alcalde Distrital, Gustavo Petro, como promesa de campaña, ha puesto la primera piedra, en tanto tiene que ver con este tema, al no permitir que en la tradicional  plaza de toros la Santa María se puedan hacer corridas, lo que puso en vilo la temporada taurina, y colocó a los bogotanos de élites a buscar alternativas legales para la práctica de dicha actividad social. Mientras unos alegan que eso es violencia, y que la vida de un toro es algo que debe ser prioridad. Otros invocan las tradiciones culturales como patrimonio intangible e idiosincrásico de lo que somos.

La Corte Constitucional dictó sentencia al respecto:

Decisión: Declarar EXEQUIBLE  el artículo 7° de la Ley 84 de 1989 “por la cual se adopta el estatuto nacional de protección de los animales y se crean unas contravenciones y se regula lo referente a su procedimiento y competencia”, en el entendido: 1) Que la excepción allí planteada permite, hasta determinación legislativa en contrario, si ello llegare a ocurrir, la práctica de las actividades de entretenimiento y de expresión cultural con animales allí contenidas, siempre y cuando se entienda que estos deben, en todo caso, recibir protección especial contra el sufrimiento y el dolor durante el transcurso de esas actividades. En particular, la excepción del artículo 7 de la ley 84 de 1989 permite la continuación de expresiones humanas culturales y de entretenimiento con animales, siempre y cuando se eliminen o morigeren en el futuro las conductas especialmente crueles contra ellos en un proceso de adecuación entre expresiones culturales y deberes de protección a la fauna. 2) Que únicamente podrán desarrollarse en aquellos municipios en los que las mismas sean manifestación de una tradición regular, periódica e ininterrumpida y que por tanto su realización responda a cierta periodicidad; 3)  que solo podrán desarrollarse en aquellas ocasiones en las que usualmente se han realizado en los respectivos municipios en que estén autorizadas; 4)  que sean estas las únicas actividades que pueden ser excepcionadas del cumplimiento del deber constitucional de protección a los animales; y 5) que las autoridades municipales en ningún caso podrán destinar dinero público a la construcción de instalaciones para la realización exclusiva de estas actividades.

En este orden de ideas, ¿qué es en lo que realmente se fundamentan los anti taurinos?¿Por qué buscan abolir este espectáculo? ¿Qué los lleva a pronunciarse de manera tan radical contra quienes gustan de la fiesta brava? ¿Es en el fondo, tan perjudicial este arte de la tauromaquia, como para afirmar que es un atentado contra la vida? ¿Es la abolición absoluta de las corridas la solución al problema? ¿Les interesa más la vida del toro o la del torero?

Nunca he encontrado razones de peso para poder responder estas preguntas; casi siempre hallo, en quienes defienden (con el derecho que les otorga las leyes  de escoger que quieren) estas posturas, lo hacen movidos o por un impulso medianamente claro, o por un hobby y una tendencia. ¿Cuántos de los que  se oponen a la tauromaquia han ido siquiera a una corrida alguna vez en sus vidas?  Esa extraña costumbre de las masas en todo el mundo de atacar o de apoyar todo como a control remoto,  movidos por emociones en las que casi siempre se carece de argumentos sólidos.

En las redes sociales, es común ver mensajes “copy paste” porque ni siquiera hay una elaboración propia sobre alguna reflexión de ese tema de tipo individual que más parecen resabios y pataletas;  la fiebre de las juventudes aplica al grafiti, que alguna vez vi en alguna calle: “los adolescentes son jóvenes que expresan su deseo de ser diferentes vistiendo todos iguales”. Habría que añadirle: “hablando, pensando,  viviendo, sintiendo, iguales”; como una interminable fotocopia sosa y poco original.

Sin embargo, y aunque es destacable que muchas personas empiecen, con o sin fundamentos a tomar conciencia del asunto,  creo que la sentencia de la Corte es equilibrada, sobre todo en el punto donde prohíbe a las entidades municipales en cabeza de las Alcaldías, de financiar la construcción de escenarios para promover estas actividades. Ya Petro en Bogotá, ya Fajardo en Medellín, han tomado decisiones a ese respecto, afirmando que el Estado no tiene por qué financiar temporadas taurinas, pero que no prohibirá que particulares con el suficiente capital para hacerlo las promuevan.

En este momento la temporada taurina se lleva a cabo en Manizales, hace poco pasó la de Cali y  el pulso sigue sobre la mesa. Meses atrás, Barcelona, prohibió las corridas de toros. La generalidad de la comunidad autónoma catalana, aun así debate todavía si es o no viable tal decisión.

A las barras bravas

¿Dónde queda, a todas estas, el tema de las barras bravas del fútbol? Acaso no es tan perjudicial que las nuevas generaciones desperdicien sus energías, su inteligencia, su vida, su vitalidad, todo lo que tienen, que es mucho para construir país, en enfrentamientos violentísimos entre iguales, solo por  llevar una camiseta del América de Cali y otro por llevar la del Atlético Nacional.

Estúpida costumbre de matarnos por mucho menos que eso, y sin embargo ahí siguen las masas, asistiendo a fútbol, pagando entradas, para ver tan bajo nivel deportivo, ahí  siguen los dirigentes sosteniendo, alimentando, alimentándose de esas mafias, ahí siguen los jugadores, generando polémicas por sus comportamientos antideportivos. Hace pocos meses, un jugador mató a un hincha por el simple hecho de criticarlo y poco tiempo después volvió a los estadios. Hace pocos días, otro amenazó a su novia de muerte, hace otros tantos días un jugador huye con su esposa por causar daños a terceros.  Hace meses un jugador fue suspendido por consumir drogas antes de cada partido.

Nadie, a pesar de todo esto, en Colombia ha hablado de acabar el fútbol, de prohibirlo (deberían), de evitar que (en muchas ciudades)  el erario pague la administración y el sostenimiento de los estadios. En Pereira fue promesa de campaña de un alcalde llevar al Deportivo Pereira a ser campeón del rentado nacional -consecuencia de ello fue la compra con dineros públicos de más de 20.000 boletas para regalarlas a los hinchas, además de  la exposición en vía pública, fachada principal del edificio de la alcaldía, de una camiseta del Pereira que fue pagada con dineros de la ciudad. Viola la imparcialidad que este como ente  rector municipal debe tener en el asunto, pues no todos los pereiranos son aficionados a este equipo y para muchos esa camiseta incitaba una ofensa directa de una institución con poder.

A pesar de eso,  vuelvo y lo digo, en Colombia  no se ha marchado por erradicar la violencia de los estadios, ni han salido fundaciones pro niñez y de vida juvenil a manifestarse en  contra de esto. Incluso, en ciudades como Manizales y Medellín, estas barras bravas, tienen líderes políticos elegidos popularmente, que son miembros de estas organizaciones; blanco es gallina lo pone.

La televisión muestra cómo un hincha del Santa Fe es arrojado desde una tribuna alta del estadio, a la tribuna de abajo, por hinchas del Millonarios, como si estuvieran lanzando un muñeco de trapo, otras imágenes muestran cómo en pleno partido se apuñalan y se matan mientras que el hincha impasible grita gol,  o se angustia por que el balón pegó en el poste.

Que pocos coherentes somos cuando tenemos que defender la vida. Es extraño, la humanidad ha llegado a tal punto de desprecio de sí misma, tocando los límites de la podredumbre y el horror sin encontrar consuelo en su propia condición

Esta poca fe en la sensibilidad humana, este cúmulo de culpas ancestrales que cargamos a cuestas, esta poca opción de ser algo más que humanos, ¿será lo que nos incita a  desbocar todo ese proteccionismo en animales irracionales como los toros, aun por encima de la vida misma del torero o del hincha de fútbol sacrificado? Sí, así es; sí, así parece ser,  qué extraños valores tenemos en esta sociedad.  ¿Cómo podemos ser honestos en valorar vidas ajenas, si ni siquiera podemos garantizar la protección y valoración de la propia?

Qué raras maneras de pensarnos y repensarnos, que esquivas formas de redimirnos de todas nuestras culpas. Todas las personas que asisten y que pertenecen a movimientos de protección animal, caso específico los toros, ¿han tenido siquiera hatos ganaderos, o se han acercado a tocar las pieles de un bovino de estos? Incluso, ¿son vegetarianos todos, o no los mueven esas razones?  Acaso no piensan que prohibir prácticas tradicionales como la tauromaquia, permitiría la creación de corridas clandestinas, ilegales, con apuestas de altas cuantías (pasa con las riñas de gallos y perros), donde no aplicarían medidas de mitigación del dolor de los toros. Algunos tibios, e ingenuos, piden seguir el ejemplo lusitano, pues en Portugal no se mata al toro (no se mata en el ruedo, pero después es sacrificado en otro lugar apartado de la vista del público).

No estoy defendiendo las corridas ni las estoy atacando, no asisto a toros porque es una actividad de élites  y los precios de la boleta son muy costosos. Tampoco asisto a fútbol  aunque su precio es más accesible, tanto como para que los estratos bajos dejen de comer por ir a ver un partido; no asisto, en rechazo a la violencia futbolera, al desperdicio de las mentes  humanas, cuántos sueños de realización personal se pierden por llevar un escudo distinto estampado en el pecho. Alguien afirmó algo muy cierto: “el fútbol es el opio del pueblo”, no asisto porque no quiero arriesgar mi vida, no asisto porque el futbol, que es durante todo el año, es la principal distracción de las masas, para sonsacarles la atención de los problemas neurálgicos de toda sociedad. El fútbol, en un año, deja más muertes humanas que toros sacrificados en temporadas taurinas.

O todos en la grama o todos en la arena, haber quién capotea un hincha del Nacional con una camiseta roja del América.

Pago por ver.