De pasiones políticas

Perfil TLCDR Leandro ToroLa oposición tiene toda la validez de ejercer su derecho en un estado democrático, técnicamente son la base de éste ya que representan intereses variados que no están alineados con el de las mayorías.

Por: Leandro Toro Valencia.

Cuando don Apolinar Moscote intentó enseñarle las diferencias entre conservadores y liberales a Aureliano Buendía utilizó términos como masones, gente de mala índole y despedazadores del poder supremo a los liberales y asignara el poder terreno de dios a los conservadores quedó más que clara esa visión de rivalidad que pareciera siempre debe reinar en los partidos políticos y sus partidarios. Gabriel García Márquez fue también muy enfático al evidenciar las triquiñuelas de don Apolinar Moscote en contra de los liberales y dejar claro cómo la oposición siempre estará en desventaja frente a un sistema dominado por el establecimiento. ¿Han cambiado las cosas? Pareciera que no.

Estamos a poco más de un mes de las elecciones legislativas en el país y la transparencia de éstas ya se va viendo turbia por recientes hechos. La falta de garantías que miembros del movimiento Marcha Patriótica han denunciado, ya que en un año de ser fundado han muerto 29 de sus partidarios y cientos están amenazados (Vea la lista de muertos en este link) ¿Se sigue estigmatizando la oposición?

El escenario propuesto por nuestro Nobel de literatura en su obra Cien años de soledad con la llegada de Moscote al pueblo de Macondo y ese despertar de sentimientos políticos vistos desde el conflicto no es más que un retrato de lo que es nuestro país hoy. Luego de que Aureliano fuera testigo de cómo el encargado de la seguridad de la urna, don Apolinar, sacara papeletas rojas (liberales) y metiera azules (conservadores), se despertó su pasión política tildando de tramposos a los conservadores y dejando ver sus inclinaciones conflictivas liberales. Una provocación o una muestra de su mezquindad son suficientes para despertar pasiones conflictivas, más no políticas.

¿Seguirá siendo este el país de las pasiones? Pareciera que no, porque causa de esa falta de garantías que denuncia la oposición se evidenció la semana pasada cuando se detectaron en Bogotá oficinas clandestinas lideradas por ex-miembros de la fuerza pública para interceptar ilegalmente conversaciones de personas, oficinas encubiertas en un restaurante y un café internet. ¿A quién vigilaban? ¿Para quién vigilaban? ¿Por qué lo hacían? Aún son interrogantes materia de investigación, pero está más que claro que es el uso ilegal del aparato del estado para favorecer intereses personales o sectoriales.

La oposición tiene toda la validez de ejercer su derecho en un estado democrático, técnicamente son la base de éste ya que representan intereses variados que no están alineados con el de las mayorías. Pero ¿qué garantías existen para que esto sea así? Quedan muchas dudas si el mismo aparato para protegerlos (la institucionalidad de las fuerzas militares) es usada también por las mismas personas que quieren hacerles daño.

El secreto estará siempre en no ver la política como causa de la guerra o la rivalidad, sino como complemento del diálogo y aceptación de la diferencia. Lo que queda muy de para arriba, como se dijese popularmente, es intentar meter en el plano de la política intereses personales, o volverlo un negocio tan lucrativo que se mata por llegar a los puestos. Así como liberales y conservadores, que no son los mismos de hoy, se mataban en épocas de Cien años de soledad, así mismo, hoy se matan derecha e izquierda. Parecemos el libro de ficción futurista que un poblano del real y mágico Macondo leyera en una tarde de calor, de esos calores que pegan la piel a los huesos y la razón a la pasión.