MARGARITA-CALLE-1El recorrido por el recinto ferial posibilitó el encuentro con lo más estable, lo más provocador, lo más comercial, lo más novedoso y lo más sugerente en términos estéticos y reflexivos.

 

Por: Margarita Calle

El pasado fin de semana Bogotá abrió sus puertas para que el mercado del arte de diferentes latitudes llegara a la ciudad. Impulsados por el interés de proponer alternativas a la feria oficial ArtBo, otros espacios se articularon en formatos novedosos para mostrar diferentes perspectivas del campo de las artes plásticas y visuales, del sistema institucional y del mercado que lo moviliza.

Sin desconocer la importancia que tienen los escenarios alternativos, quisiera detenerme en la experiencia de ArtBo y el marco de interacciones que posibilita un escenario como este, tanto para el visitante conocedor del arte, como para el neófito.

De entrada, es necesario señalar que resulta sorprendente presenciar las largas filas de personas, de todas las edades, intentando ingresar al espacio ferial, tal como suele suceder con otras ferias dirigidas a un público más masivo, y que ya han alcanzado un posicionamiento en el imaginario colectivo. Y sorprende, justamente, porque como señala Javier Lafuente en El País de España, la organización del evento ha tenido un interés claro por “apostar por lo selectivo”.

Si embargo, si esta intención declarada de aportarle a lo selectivo se hubiera logrado, seguramente la asistencia no habría sido masiva. 35.000 visitantes en 4 días de una feria que se congregó en un solo pabellón de Corferias, es prueba del carácter amplio que logró la convocatoria y la efectividad del “modelo boutique” que, según María Paz Gaviria, directora de ArtBo, se implementó para equilibrar la balanza entre tamaño y calidad de la muestra.

El recorrido por el recinto ferial posibilitó el encuentro con lo más estable, lo más provocador, lo más comercial, lo más novedoso y lo más sugerente en términos estéticos y reflexivos. El interés marcado por la creación multimedial, la reflexión sobre el cuerpo como dispositivo de acción, el lugar de la ruina y la investigación sobre las posibilidades del espacio en la recreación de las memorias y sus sentidos, fueron los ejes dominantes de la feria.

La muestra “Referentes: Lo continuo/lo discontinuo”, curada por Ana María Lozano,resultó gratificante, sobre todo para quienes insistimos en realizar conexiones y reconstruir los vínculos existentes entre diferentes momentos de la historia del arte, intentando ubicar puntos de mira para tejer el diálogo necesario entre las formas de hacer y concebir las prácticas artísticas.

Celebro el premio Oma al Arte entregado al artista José Alejandro Restrepo, a quien admiro y respeto por la coherencia en su proceso, y el Premio Prodigy Beca Flora a la artista Sandra Rengifo, quien integró la curaduría de Artecámara, por la poesía y el sentido de realidad que comunica con su obra.

Esperamos que en 2016, con el 44 Salón Nacional de Artistas, Pereira, también logre convocar miradas amplias en torno al arte de nuestro tiempo.

* Directora Maestría en Estética y Creación, Universidad Tecnológica de Pereira