Día a día vemos como se desatan escándalos al interior de estas corporaciones y en la prensa nacional de senadores borrachos, diputados malhablados, representantes envueltos en líos judiciales y concejales que a duras penas conocen el Concejo de sus ciudades. 


Por: Leandro Toro Valencia

Escuchaba esta semana en una emisora de radio nacional a un oyente que opinaba acerca de la clase de personas que están al mando de la política en nuestro país. El oyente, en tono muy enérgico, afirmaba que al interior de nuestro senado, cámara de representantes, asambleas departamentales y concejos municipales de todo el país, se encontraban ratas, ladrones, corruptos y hasta asesinos.

Me causó mucha curiosidad la opinión suscitada por aquel oyente en aquel programa de radio, su tono de voz lo hacía estar muy seguro de lo que decía y sus palabras eran tan frías como seguras. Como cosa rara se me ocurrieron un par de preguntas: ¿Hay verdaderamente ratas, ladrones, corruptos y hasta asesinos al interior de estas corporaciones si hasta tienen el título de “Honorables”? ¿Por qué se enfatiza en ese tipo de ratas, ladrones, corruptos y hasta asesinos si en la calle, en el barrio, la ciudad y nuestras casas también los hay?

Me genera demasiada curiosidad el hecho de que debemos de enfatizar en los actos que hacen estos honorables senadores, representantes, diputados y concejales. Son sus acciones las que tienen demasiadas repercusiones en el ámbito nacional y en los planos ético y moral, principalmente. Día a día vemos como se desatan escándalos al interior de estas corporaciones y en la prensa nacional de senadores borrachos, diputados malhablados, representantes envueltos en líos judiciales y concejales que a duras penas conocen el Concejo de sus ciudades. Yo no pretendo juzgar la labor periodística a la hora de hacer sobresalir los defectos y vandalismos de nuestros políticos, se trata más bien de curiosidad juvenil y de intentar explicar esto, y creo, afortunadamente, que tengo una pequeña respuesta y explicación a este fenómeno.

Desde hace años la humanidad tiene títulos para sus personas más influyentes en la sociedad, bien sea porque hacen aportes en cualquier rama de la ciencia, o porque su pensamiento trasciende el pensamiento de la gran mayoría y se gana un título especial dentro de la sociedad. El hecho de que se ganen estos títulos no los convierten en extraterrestres o en seres superiores, como se quiere hacer ver. Hoy la investidura de muchos de nuestros políticos pesa tanto a la hora de cualquier acción normal y natural de nuestra cultura que termina transformándola ¿Cómo así? No estoy diciendo que abusar del poder a la hora de que nos hagan un parte de tránsito sea una acción normal, ni que lo sea insultar a cualquier persona por su raza, lógicamente hay actos que están mal vistos en cualquier persona sin importar quién sea; a lo que voy es que pretendemos ver a estas personas que tienen investiduras políticas como si fuesen santos con aureola, como si se tratara de un ser de otro planeta que no comparte muchas de nuestras acciones, por violentas, grotescas y peyorativas que parezcan.

En la sociedad hemos pretendido ver que los que suben a estos poderes: Senadores, Representantes a la cámara, Diputados y Concejales, están un nivel más alto que nosotros, son los que encabezan la jerarquía de los poderes y que el ciudadano de a pie está un nivel más bajo que ellos. ¿Efectos de la cultura?, ¿de sus salarios?, ¿de su investidura?, yo diría que es una mezcla de muchas cosas, a la que hay que sumarle los medios de comunicación, los que se encargan de reafirmar esos poderes a través de sus escándalos ¡Qué contradictorio¡ No los justifico, ni más faltaba, solo pretendo que tomemos conciencia que los escándalos y faltas a ética y la moral de estos señores no son distintos a los escándalos y faltas a la moral de usted o mía cualquier día en la calle o en nuestras casas.