Con tanto video que circula en las redes sociales, termina uno en contra de los buenos y amando a los malos, como cual serie de ‘traquetos’. Los videos aficionados son solo una parte de la historia, como periodistas el deber es encontrar la otra.
Por: Carlos Marín
Si de las evidencias videográficas dependiera la Policía Nacional, este país estaría a punto de estallar en contra de quienes a diario defienden con un poco de soberbia a los ciudadanos. Los videos que suelen circulan con los abusos de autoridad de los miembros solo muestran una parte parcializada de la situación, no obstante tomar partido con este tipo de evidencias puede ser letal si no se cuenta al menos con un pedazo de la contraparte.
No es que mi quehacer diario en las redes sociales esté marcado por la difusión constante de los videos, prefiero en términos éticos relajarme, sentarme, ver el video y dejarlo pasar sin compartirlo; dejo esa labor a los apasionados de las causas sociales, a los animalistas, a los activistas, y los perseguidores de la fuerza pública.
Cuando somos espectadores de un video cualquiera que circula en las redes sociales, es menester que se busque información al respecto. Recuerden las clases de internet en los colegios y aplicaciones 2.0 en universidades, el primer sermón del profesor es: “en internet hay mucha basura”; bueno, pues eso es lo que hay que tener presente antes de difundir en Facebook, en Twitter o Instagram, cualquier tipo de información que convoque a la reflexión colectiva.
Así como las consultas para trabajos universitarios deben ser minuciosamente revisadas, invito para que las personas que constantemente difunden videos, se cuestionen al respecto. Porque de videos y otras basuras se construyen falsas denuncias.
¿Qué nos puede transmitir un video que muestra a un miembro de la fuerza pública maltratando a un civil? Indignación, miedo, desconfianza, injusticia; sentimientos que a priori los genera el desconocimiento. Alguien sabe qué pasó antes de, qué hizo el civil, porqué se llegó a esa situación. Son preguntas elementales en las bases del periodismo, que sin encajarlas rotundamente a la profesión del comunicador, una persona del común está en la capacidad de entender y más si maneja un computador.
Dejémonos de vainas, muchos de los videos que circulan en las redes sociales son evidencias videográficas parcializadas que generan descontento e indignación colectiva en contra de agentes de la vida pública, de organizaciones no gubernamentales, de establecimientos comerciales, de cuanto se le cruce en el paso a un ‘aficionado’ con un dispositivo móvil.
Las nuevas tecnologías se prestan para que los ciudadanos participen en esa construcción de la noticia; sin embargo, existe una diferencia notable entre lo que es noticia y lo que es información; la información en todas su composiciones es más detallada, la noticia, por simpleza, es apenas el punto de partida para llegar a la información.
En esa misma línea, quien hace un video aficionado en la calle es apenas un ‘iniciador’ de una posible información, de ahí que algunos medios después de recibir la noticia del “reportero ciudadano”, se ven en la obligación de comunicarse con los implicados de la noticia para no incurrir en graves acusaciones.
Ojo, las emociones hay que controlarlas, los videos hay que revisarlos con lupa para evitar cometer injusticias dentro de algo que tiene tanto poder de convocatoria y difusión como las redes sociales.


