MIGUEL ANGEL RUBIO (DER)2Como en los tiempos de Esparta, cuyos hijos deformes eran arrojados del Taigeto, deberíamos llevar a nuestros políticos en fila y arrojarlos aunque sea del cerro de Monserrate.

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

En la Antigüedad, más precisamente la de los 300 espartanos de las Termópilas, una antigua tradición religiosa-mítica ordenaba que a quien nacía deforme, o con algún defecto físico visible, justo en el momento posterior a su nacimiento, debía ser arrojado por un peñasco, con el fin de evitar que el ejército espartano, guerrero por naturaleza, se maldijera, o que este hombre contrahecho, significara alguna suerte de herejía al momento del combate.

La tradición medieval impuso a esta costumbre un velo cristiano y una moral escolástica, demasiado rígida, ya los leprosarios sirvieron a las élites feudales medievales para encerrar a aquellos a quienes el destino les había dado la espalda, a quienes su dios monotemático les ha dado la espalda. Y no solo leprosos eran encerrados allí, locos y posesos mentales compartían este duro sino impuesto por reyezuelos, papas, y toda la ralea palaciega de entonces.

Y podríamos hacer un más largo recorrido sobre estas costumbres y prácticas ancestrales, que son tantas y tan diversas  como culturas existen sobre este mundo, pero para ir dando hilo a nuestro tema, diremos que finalmente, en el siglo XX, en la primera mitad, e incluso, muy entrados los años 60, esta costumbre encontró dónde volver a anidar, y fue en Estados Unidos, junto con Sudáfrica, donde la segregación racial  se tornó en pan de cada día de las sociedades negras de aquellos países.

La coincidencia más asombrosa de todo esto es que tanto en Esparta, en la Europa medieval,  y en país del tío Sam y el Tea party, todas estas ideas tienen en sí mismas un fuerte arraigo religioso.

Entonces, no nos extrañe que los Mercachifles de la fe (incluya curas católicos), crean que por ser discapacitado, deforme, negro, gay, comunista y tantas diferencias de diversa índole que existen, no se pueda aspirar a ser predicador en sus credos, en sus templos, en sus estrados de la fe y el dogma teocrático.

Así pues, las declaraciones de María Luisa Piraquive, Papisa del MIRA, y de sus más aguerridos y dogmáticos lugartenientes políticos, como el “Senador” Baena, no me extrañan en lo más mínimo.

Se habían demorado en hacerlo, error o no, montaje o no, especulación mediática o no, escándalo de desprestigio o no, eso no es lo grave; el trasfondo es lo que estas ideas siguen significando en el currículo social y cultural del colombiano promedio, rezandero por excelencia, dogmático por herencia, camandulero por costumbre, fanático por ignorante. 

Y digo que lo grave no es si el video es o no un montaje, como defienden en su derecho legítimo sus feligreses, es ante todo el manejo mediático y el morbo social con el que esto se viene desbocando. Al otro día, en la mañana de un sábado, me encuentro en la plaza de Bolivar, una plaza atestada de creyentes, gritando arengas mano arriba, como en tiempos laurenistas, de hegemonía conservadora, facistoides y nazistoides, defendiendo su partido, pero más que su partido, sus pastores y políticos, aun por encima de las ideas nefastas que defienden en un país que aspira a la inclusión y a la reconciliación.

El MIRA debería tomar los ejemplos de otros partidos colombianos, que antes, han sobrepasado las cotas y las cuotas de inclusión al tener en sus dirigentes y militantes, discapacitados en todo el sentido de la palabra.

Acaso el partido de la U no tiene suficiente con la nariz de Lozano, o con las escamas de Roy, o la quijada de Angelino, donde le cabe el Valle del Cauca con rio y todo, ¿y qué tal el caso tan hermoso de inclusión del discapacitado del alcalde de Pereira?

El conservatismo, por ejemplo, partido también moralista por excelencia, y amo y señor del racismo y la exclusión como norma, ha moderado su discurso, pues Marta Lucia Ramírez fue elegida como su candidata presidencial, igual en las hordas conservadoras esto viene desde Noemí, quien iba a gobernar con Luis, Patricia, Juan, etc.

El liberalismo ya ha encabezado sus listas con su eterno candidato Gillete 2014-2018, Horacio Serpa, o por ejemplo mantiene en el curubito de su dirigencia a un candidato que no sabe leer, o a Riverita, que como bien lo ha dicho mi colega, Daniel Samper Ospina, el sodomita, que ya de por sí eso supone un delito, pecado, herejía, dado el caso que este último aspirara por el Conservatismo o el MIRA.

La Alianza Verde tiene a Navarro, o a Peñalosa, incluso su inclusión tiene mucho que ver con A.A. al incluir a Lucho, y ponerlo de ministro consejero para la prosperidad social (la cagar… se equivocaron, su puesto era la licorera de Cundinamarca). Ya el 2010 nos dio ejemplo de inclusión con Antanas.

El uribismo es la muestra más clara que debía tomar el MIRA, el corazón grande de Uribe, tan grande como la frente de Oscar Iván, o la calva de José Obdulio, o la nariz de Londoño, o las gafas de Holmes Trujillo, han mostrado que la incapacidad no es óbice para gobernar, predicar, dirigir masas y dogmatizar a este país de incautos. El Centro Democrático es un ejemplo de ello y el MIRA se ha tardado en imitarlo.

Claro, lo que el país no sabe, es que en el subconsciente de esta señora y dirigente religiosa y de su hija  y cacica política,  entre su familia, un escándalo de proporciones colosales estuvo a punto de filtrarse en los medios, y es el caso del hermano de Alexandra Moreno Piraquive, expulsado de las filas del MIRA por su condición de homosexual,  y a quien sacaron del negocito religioso solo por conveniencia política

El presidente es gago, y a ver, ¿quién lo destituye?

Como en los tiempos de Esparta, cuyos hijos deformes eran arrojados del Taigeto, deberíamos llevar a nuestros políticos en fila y arrojarlos aunque sea del cerro de Monserrate.