EDITORIAL – La soledad del cantor

William Restrepo es un periodista con 57 años de experiencia. Formado en Estados Unidos, donde estudió y desarrolló una extensa carrera periodística que le dio mérito para ganar cuatro premios Emmy. Fue director de noticias y presentador de la cadena nacional estadounidense Univisión (en su momento Spanish International Network), además de dirigir varias emisoras importantes de Los Ángeles y Nueva York; por último, cumplió con el rol de corresponsal de guerra en Kosovo.

De hecho, fue el latino que abrió senderos para que muchos otros se tomaran espacios en grandes medios de ese país, cuna del periodismo moderno. En Colombia fue presentador de varios noticieros nacionales de televisión, en los cuales brilló por la impronta de su voz y ágil manejo informativo. Una carrera estelar, si se quiere calificar así.

Hace 10 años regresó a Pereira, su tierra, para vivir los últimos días al lado de los suyos; pero todo se complicó cuando a través de redes sociales se impuso la tarea de denunciar irregularidades en las esferas gubernamentales y en el sector privado. Las amenazas de todo tipo empezaron a salir a flote, hasta el extremo de obligarlo a abandonar la ciudad en forma intempestiva ante la gravedad e inminencia de cumplimiento de tales intimidaciones.

En ese contexto progresa una acción judicial iniciada por Sergio Mauricio Vega Lemus, presidente de la Cámara de Comercio de Pereira, contra William Restrepo, a quien demanda por los delitos de injuria y calumnia debido a las apreciaciones que el periodista hacía desde su espacio en las redes sociales, denominado “Esta es mi opinión”.

El caso pasó a la justicia local que en dos instancias falló a favor de Vega Lemus. El periodista, asesorado por la FLIP (Fundación para la Libertad de Prensa), realizó las respectivas rectificaciones y disculpas no solo en redes sociales, también en una emisora radial y un medio impreso, como lo solicitó el juez. Pero para el juez segundo penal municipal no fue suficiente y falló en contra de Restrepo un incidente de desacato presentado por el presidente de la Cámara de Comercio. Debido a esa decisión el periodista fue condenado a cinco días de cárcel y a pagar una multa.

Luego de este recuento, surgen múltiples reparos a tal proceder por parte de la justicia, uno de ellos el siguiente: “Esta situación preocupa a la FLIP ya que las medidas ordenadas -en especial la orden de arresto- son desproporcionadas frente a los hechos, especialmente si se tiene en cuenta que el periodista publicó una rectificación de buena fe”, expuesto por la organización que representa a los informadores.

Nadie desconoce el importante papel que juega la Cámara de Comercio local, tampoco las realizaciones de su presidente, pero las acciones de Vega Lemus parecen estar enmarcadas dentro de lo que en su momento Pedro Vaca, director ejecutivo de la FLIP, denominó como “acoso judicial” de los periodistas por parte de funcionarios o personalidades. Debe añadirse que Vega Lemus ha demandado por delitos similares a por lo menos otro comunicador.

Tampoco es excusable el estilo si se quiere visceral del periodista, motivo por el cual ofreció disculpas públicas, no solo en las redes sociales donde divulgó sus columnas, también en otros medios, a pesar de que fue una medida exagerada por parte del juez, como argumenta la FLIP.

No es sano para el debate y la crítica en espacios democráticos que las personalidades cuestionadas inicien procesos de carácter judicial, haciendo gala de su enorme influencia en todos los ámbitos, incluido el judicial, mucho más en el contexto de una ciudad donde las relaciones de poder son evidentes y muchas veces se entrecruzan. Es insano, reiteramos, que no se insista en la conciliación o el llamado a la rectificación a la que está obligado cualquier profesional o medio de comunicación que incurra en errores demostrados; aunque cabe añadir que Vega Lemus afirma en un comunicado que el periodista fue renuente a entablar el mencionado diálogo e invita a Pedro Vaca a un encuentro formal. Por último, es lamentable no poner en práctica la tolerancia ante la crítica, la misma que deben tener los personajes públicos, como asevera la FLIP en su comunicado de ayer.

Mal sabor deja este caso que involucra a dos personas con relieve social, el cual avanza por ahora con una decisión que se respeta, pero de carácter desmesurado. Acciones como esta invitan a la autocensura periodística –la peor de las censuras–, a la ausencia de solidaridad gremial por el miedo a represalias y a la asfixia de los espacios de tolerancia tan necesarios en una Colombia que desea superar la intransigencia, la falta de diálogo y las acciones opresoras de quien se considere más poderoso.

En alguna entrevista de hace algunos años William Restrepo afirmaba que en Colombia no hay libertad de prensa y ese aserto parece confirmarse con esta decisión que ha incitado a un llamado de atención de la FLIP, tanto al dirigente como a la justicia colombiana. Pierden el periodismo, la alicaída justicia y el dirigente Vega Lemus. Una apuesta a la derrota colectiva.