DANIELA CASTAÑOCreemos que el cambio social está dado por una buena educación, que inspire un nuevo modelo de pensar, que nos invite a indagar, que explote nuestra creatividad y establezca una ética rigurosa para formar seres integrales que transformen nuestro país en un lugar próspero y justo para las nuevas generaciones.

​Por: Daniela Castaño Ospina

Colombia ha sido un lugar de cambios,  un país que a lo largo de la historia ha sufrido grandes transformaciones para culminar en lo que es hoy: un país maravilloso, pero reinado por una herencia abominable. Una herencia de la colonia, cargada de codicia, represión y conformismo, factores que han desviado el futuro de nuestro país, de una educación pensada para el futuro, para las nuevas generaciones.

Al llegar los españoles a América se encontraron no sólo con seres hermosos e inocentes sino con una paraíso lleno de riquezas naturales. Siendo esto último lo que llamó su atención: el oro. Lo que para los nativos era simplemente un material ornamental, para ellos era una fortuna. Y fue esta diferencia el motor de un nuevo proceso de explotación que sería denominada como “La Conquista de América”.

A pesar de estar consolidada en El Nuevo Mundo una cultura, un estado, una religión y una conciencia histórica; a pesar de ser un lugar reinado por la diversidad de cultura, identidades y lenguas, los españoles lograron transformar esto en una colonia: con un único nombre, un único dios y una única lengua. Siendo producto de esto no únicamente miles de muertes de nativos sino también una nueva manera de pensar y actuar codiciosa, violenta e independiente en pos del individualismo y la veneración a las riquezas.

Fue el rumbo que tomó nuestro país durante la época de la conquista la causa primordial de que no logremos consolidar una educación correcta y que en lugar de esto continuemos siendo la misma sociedad excluyente y ensimismada por la riqueza y el poder. Porque somos conformistas y para nosotros actualmente las más grandes vaguedades pueden ser más importantes que la educación, vemos únicamente proyectos en el futuro: los niños; pero aun así se restringe la creatividad nata que poseen y se les impone una concepción del Mundo que está ya preestablecida, convirtiéndose en una educación conductista no muy diferente a la que transitaba por las vías de la pedagogía del siglo pasado.

Creemos que el cambio social está dado por una buena educación, que inspire un nuevo modelo de pensar, que nos invite a indagar, que explote nuestra creatividad y establezca una ética rigurosa para formar seres integrales que transformen nuestro país en un lugar próspero y justo para las nuevas generaciones. Esto tal vez sea cierto, y es lo que más se debe reprochar a nuestra sociedad: todas estas cualidades son las que un niño posee. Un niño es creativo, es un científico en potencia, todo el tiempo está cuestionándose el Porqué de cada pequeña cosa que le rodea, su espíritu indagador es probablemente más grande que el de cualquier civil corriente, al cual, supuestamente, se le ha dado una educación con formación investigativa. A ellos se les ve como seres inacabados y se les convierte en sólo receptores pasivos de información, pensando que sólo los adultos pueden saber, e ignorando que, sí, los niños poseen la capacidad de aprendizaje, pero también tienen una gran capacidad para enseñar.

Dice William Ospina, escritor y periodista colombiano, que bien se ha interesado por la educación de nuestro país, que “El más importante saber que puede alcanzar un ser humano tal vez sólo puede salir de sí mismo. Esto no significa que deba crecer indiferente al mundo que lo rodea, significa que sus preguntas deben nacer de sí mismo”. Con esta cita se hace evidente que el ser humano, desde la cuna, debe ser un pensado individual, debe crear su propia concepción del mundo que le rodea, y esto, en nuestro país, y en la gran mayoría, es algo que se le acuña a pocas personas, que por fuentes externas han logrado entender que no son cajas vacías que se llenan con la misma información y deben permanecer pasivos a ésta, sino que le dan uso, vida y un significado.

La idea que pretendo compartir es la de no destruir ese instinto propio de los niños sino fomentarlo. Que la educación no sea un adiestramiento, ni sólo transmisión de conocimiento. Que no sea algo cuadriculado, que en su lugar explote en los niños la creatividad y haga que jueguen con el conocimiento y que al mismo tiempo lo juzguen. Nada es más provechoso que la curiosidad y la falta de dogmas y es esto lo que necesita nuestra educación, que no esté tan llena de imposiciones sino de guías que hagan de ella un proceso para hacer de nuestro país un lugar pensado para el futuro, para hoy.