El animal de moda

HUGO-ANDRÉS-ARÉVALO-G-columnaMucha gente piensa que ama a los animales, como si para amarlos tuviera que comprarlos. De esto precisamente se trata el discurso de dominación comercial del capitalismo: todo lo que hay en la tierra es y debe ser objeto de compra y venta. Creemos que todo nuestro amor depende de la posesión, pero estamos equivocados. Entre menos tengamos, más felices y livianos podemos vivir.

Por: Hugo Andrés Arévalo González

Con la prisa del ser humano por querer volver rentable lo que no se puede comprar ni vender como: la familia, la amistad o el amor, se cruzan casi siempre también los intereses por el comercio de la naturaleza y todo lo que contiene.

Una de las estrategias del capitalismo salvaje para ser beneficioso, es publicitar algo tradicional con un enfoque nuevo. No es asombroso, aunque lo sea, encontrar que la gente se vuelva histérica comprando objetos con figuras de búhos, elefantes o gatos. Cada cierto tiempo los medios de comunicación, el mercado y las personas, hacen de sus preferencias animales, un hobbie y un show de moda.

Para que la campaña de venta funcione, hay que echar mano también de la ciencia, y es por eso que mediante la genética, más específicamente, la eugenesia, se pueden modificar los rasgos de los animales a nuestro gusto. Tal es el caso de los Mini Pigs o TeaCup Pigs, es decir, cerditos (ver foto). Los puerquitos miden alrededor de 6 cm y alcanzan hasta los 30 cms ya en avanzada edad. En 2010, estos cochinitos costaban cerca de 677 euros; un poco más de 1 millón 800 mil pesos colombianos.

Ahora todos los famosos quieren tener, o ya tienen, un cerdito. Acá en Colombia, los animales de moda son los mencionados anteriormente, que han aplastado de gran manera a los que alguna vez estuvieron en los altares de la moda: los tigres y las cebras.

Mucha gente piensa que ama a los animales, como si para amarlos tuviera que comprarlos. De esto precisamente se trata el discurso de dominación comercial del capitalismo: todo lo que hay en la tierra es y debe ser objeto de compra y venta. Creemos que todo nuestro amor depende de la posesión, pero estamos equivocados. Entre menos tengamos, más felices y livianos podemos vivir.

Los animales hacen parte de la naturaleza y en ella deben estar. Habría dos clases de seres humanos a mi parecer que intervienen en la obtención de este tipo de especies “aptas” para un hogar humano: los que están o se sienten terriblemente solos, que no saben qué hacer para darle sentido a sus existencias, y por eso tienen que tener un animal con el cual pasar el rato; o los que se sienten tan plenos con sus vidas que desean compartirlas con otros seres humanos y animales. El problema de estos dos casos es según cómo se haga: si entendemos que los animales no son para comprar y vender, y dejamos de contribuir con ello, acabaremos al menos con nuestro grano de arena violento que tiene que ver con la cadena de extirpación del animal de su hábitat natural y su comercialización, ya sea legal o ilegal, que terminan siendo lo mismo. Y si en cambio, adoptamos a un animal callejero, como por ejemplo un perro, le daremos otra oportunidad a este animal para que tenga una vida más digna y, haciendo esto, no tenemos que seguir influenciando la cadena de este capitalismo que vende hasta la dignidad de las personas.