VICTOR ZULUAGADe acuerdo con el análisis que hace Gilberto Cardona López, entre las características que han primado en el proceso de acumulación de capitales en Pereira, ha sido la de una inversión preferente en el campo comercial en relación con el industrial.

Por: Víctor Zuluaga Gómez

 “Tres décadas después, en 1953, la industria pereirana empleaba 3.353 personas, mientras que el comercio ocupaba 4.022 con 1.517 establecimientos y el sector de servicios 2.027 con 777 establecimientos. Para ese entonces la industria de la confección ocupaba la mayoría de personal industrial, con relativamente bajas inversiones de capital y mucha intensidad de mano de obra femenina.” (Cardona López, Gilberto. La desindustrialización en Risaralda. Pereira, 2003).

Uno de los aspectos que señala Jaime Montoya Ferrer, que resulta importante para tener en cuenta en el tema del civismo es el celo que existía por parte de la dirigencia de Manizales, aspecto que también fue señalado en su momento por don Gonzalo Vallejo. Dice don Gonzalo que la tarea para los comerciantes de Pereira no fue fácil en lo relacionado con el incremento de sus negocios de importaciones, ya que los comerciantes importadores de la capital de Caldas trataron de bloquear las importaciones de Pereira, amenazando a los agentes vendedores de mercancías, con no comprar si venían a Pereira a ofrecer sus productos.

Añade que una manera de burlar las presiones de los comerciantes manizaleños era la de viajar a Manizales los comerciantes de Pereira, previo acuerdo con los agentes vendedores.

Si en efecto, como decíamos antes, la industria de la confección copó un gran porcentaje del desarrollo industrial de la ciudad, hay que tener en cuenta que un factor que motivó ese direccionamiento tuvo su relación con la baja inversión de capital y en cambio una parte importante de su componente representado en mano de obra. Al respecto, dice Jaime Montoya Ferrer que el estímulo por parte del gobierno departamental, es decir, de Manizales, era bien precario en lo que tenía que ver con inversiones en industria. Esto determinó, por ejemplo, que en Manizales, el 90% de los inversionistas eran manizaleños mientras que en el caso de Pereira, los inversionistas de la ciudad representaban un 58% en donde tenían presencia los sirio-libaneses. Un espíritu de mayor tolerancia, de pluralidad, era el que se respiraba en la ciudad por aquella época, y que fue un estímulo significativo para que, sobre todo los palestinos y sirio-libaneses optaran por radicarse en la ciudad y emprender sus proyectos comerciales e industriales.

A raíz del incendio que se produjo en Manizales en 1925 hubo varios escritores manizaleños que reaccionaron frente a lo que consideraban una verdadera afrenta contra la ciudad, en la medida (decían) que hubo manifestaciones de júbilo en Pereira, por el incendio que se había presentado en la ciudad de Manizales. La reacción de don Eleuterio Serna no se hizo esperar, toda vez que fue sindicado como uno de los líderes que había encabezado el tumulto de alegres pereiranos, arengando a dicha multitud: “El editorialista de la “Voz de Caldas”, Diario de Manizales, soñó sin duda alguna vez que en Pereira había un mitin estruendoso, en el que me había tocado la amarga y dolorosa tarea de llevar la palabra, para pedir que cien incendios cayesen sobre una ciudad, cuyas ruinas inspiran al viajero una abrumadora melancolía. Le pareció al escritor, en su imaginación levantisca y soliviantada por informaciones incompletas…” (Citado por don Gonzalo Vallejo. Así creció Risaralda.. pag. 19).

Lo que sí es cierto es que el incendio de Manizales fue de tales proporciones que muchos creyeron en la muerte de la ciudad. De allí que entre otros, don Gonzalo Vallejo propusiera al Presidente de la República que la capital del departamento de Caldas fuera trasladada a Pereira. La reacción a tal propuesta, la dejo a la imaginación de los lectores.