De ahí que un gran bloque de colombianos impresionados o desilusionados por las malas gestiones presidenciales se pregunten sí es acaso una democracia lo que se está viviendo, y si es una democracia por qué entonces las armas.

La palabra, en esta democracia,se remplazó por el poder de las armas. /Tomado de El Espectador.

Por: Diego Firmiano

“La democracia es esencialmente libre discusión” Álvaro de Albornoz

 

EJÉRCITO NO DEMOCRÁTICO

Decir que el ejército de Colombia es del pueblo y para el pueblo, es un sofisma de esos que repite nuestro señor Presidente. Lo afirmo y hago la aclaración de que respeto las instituciones democráticas, pero la legitimidad de esas instituciones no la da la tradición o la autoridad, sino la función práctica, que obedezca a los fines para los cuales esas instituciones existen.

Sobra decir entonces que el Ejército es parte de la política del país. Hay quienes les da la sensación de que es una empresa privada del gobierno, porque nuestro Ejército no se concibe como un medio de defensa contra ataque del exterior, sino como un instrumento de dominación o control social.

Por eso no se puede hablar de una democracia en el Ejército de Colombia; el cuerpo castrense no es institución democrática como lo plantea el primer mandatario. Que exista un contingente militar para defender las instituciones democráticas, o el derecho de Estado, no lo legitima a ser constituido una institución por y para la ciudadanía.

De ahí que un gran bloque de colombianos impresionados o  desilusionados por las malas gestiones presidenciales se pregunten si es acaso una democracia lo que se está viviendo, y sí es una democracia por qué entonces las armas. En estas inquietudes que pululan en el aire social, empiezan a crear dudas sobre términos generalmente aceptados: Honor, Patria, Justicia, Verdad, Democracia, Estado, Derecho, etcétera.

Si la patria es un sentimiento, una idea, una pasión colectiva, ¿por qué se impone por la fuerza un tipo de justicia que se da por la presión gubernamental, de que hay que morir por ella, cuando la patria es la que mata para conservar su misma idea? Como diría Álvaro de Albornoz, el político y escritor español: “la expresión brazo armado de la patria no pasa de ser una expresión de retórica”

La función de nuestro Ejército Colombiano es servir y proteger a la ciudadanía por la amenaza que ella afronta, no por los interés de unos cuantos grupos económicos que se vean socavados por el terrorismo; la verdad es que en  Colombia se lucha es por defenderse más que para defender.

 

EJÉRCITO DEMOCRÁTICO

En los fundamentos de la democracia concebida por los griegos, el Ejército no tenía la facultad para intervenir en la política, ya que su finalidad y esencia era proteger a la ciudadanía; el Ejército era veedor del cumplimiento de las leyes, y no un mero agente o cuerpo armado de represión y control social. Esta sabia separación era para evitar el quiebre de la unidad del Ejército y el régimen, y para prevenir el conflicto entre la fuerza armada y los gobiernos.

Cuando el Ejército se convierte en un “micropoder”, subyugado por un “macropoder” establecido, que le lleva a accionar por ideas patrióticas, y no a favor de la ciudadanía, se desvía y se convierte en una antinomia; nace la triste jurisdicción de guerra, que se convierte en una falsa idea vendida como ideal democrático de seguridad y paz para el pueblo.

Kant proponía que la mejor defensa que se haya inventado contra la guerra es la democracia, y el Ejército debe ser un arma de defensa democrática; un Ejército así se puede llamar Ejército de Paz, y su espíritu va siendo cada día más el espíritu de la ciudadanía.

Su transformación será de una institución de guerra a un Ejército “Ciudadano”, y precisamente esto es lo que añoran los colombianos, una institución “pública” que se identifique con las intereses populares, no un Ejército de partido, que de la apariencia de está privatizado y sus acciones respondan a intereses comerciales antes que civiles. Sin perder de vista que también en una democracia siempre existirá el derecho a disentir, que puede ser un derecho personal o colectivo, tan respetable como el derecho de la mayoría a gobernar. Albornoz diría “y este derecho de la mayoría a gobernar, tiene por límite el respeto a la libre manifestación de las opiniones y al libre juego de las fuerzas políticas y sociales que esas opiniones determinen”.

ARMAS CIUDADANAS

Dentro de está democracia, el gobierno que tiene en sus manos el poder de las espadas o el fusil, no puede ser juez; si ejerce ambos papeles se encontrará con una incompatibilidad entre libertad y justicia; la ley del vencedor siempre producirá el rencor del vencido; y rencores generacionales, hostilidades convertidas en ideas de justicia como el incidente de Marquetalia, o el nacimiento legítimo del paramilitarismo en Colombia.

Mientras se viva la democracia y la ciudadanía cultive el respeto a la ley al gobierno y a las instituciones, las armas pueden ser reguladas por la sociedad, pues así sucedía en la legendaria Roma, madrastra de las civilizaciones occidentales.

Las armas han de estar en su lugar de descanso; de estar en la calle, son señal de que el pueblo ha perdido su representación; solo cuando haya peligro, ha de ser necesaria la intervención armada para proteger a la nación y rodearla de garantías de paz.

Armas usadas por el Ejército de Paz o Ejército Ciudadano, no contra la población civil, sino contra el enemigo hostil que amenace el bienestar colectivo y nacional.