SIMON BLAIR (IZQ)El problema, considero, es que Cabal está profundamente marcada por su ideología política o sus creencias inmutables y se le hace muy difícil ver los enormes crímenes consumados por la larga historia de las ideas políticas de derecha.

Por: Simón Blair

Ya que se ha hablado demasiado de María Fernanda Cabal y sus condiciones celestiales de mandar (como cualquier dios caprichoso) hombres al infierno que no comparten su ideología política o religiosa, vengo a meter la cucharada.  

La revista Semana publicó hace pocos días un escalofriante artículo sobre las ideas de Cabal al respecto de la fundación de grupos paramilitares. No vale la pena repetir lo dicho. Pero considero que aún queda mucho por agregar: ahora que Twitter se convirtió en la biografía de cada uno de sus usuarios cualquiera puede acudir a él para enterarse de las ideas proferidas por éstos y fue precisamente lo que hice.

María Fernanda Cabal propaga los comentarios de una cuenta tenebrosa llamada Restauración nacional (bueno, en realidad es una entidad política de ultraderecha) que se define  a sí misma como hispánica, nacionalista y católica. En su cuenta se puede ver un despilfarro de ataques al comunismo y elogios abrumadores a personajes de la iglesia católica. Lo que me parece más extraño de todo este asunto es el hecho de que la congresista enviara al infierno a Gabo por tener amistad con Fidel Castro, dictador cubano, sin considerar que las tesis neonazis de ese grupo están fundamentadas en otro dictador más tenebroso que todo el mundo conoce y cuyos crímenes atroces quedarán para siempre en los libros de historia.

Si se trata de irregularidades históricas, ella tiene un serio problema. Oponerse a la guerrilla de las FARC, pero hacerse la sorda ante las masacres de los paramilitares o protestar contra los crímenes de la guerrilla, pero hacerlo en compañía de un grupo de neonazis es un serio problema.  Si cree que tiene la condición ética para criticar a García Márquez y sus relaciones con el dictador de izquierda es porque tampoco puede olvidar que apoyar políticas de Estado a favor de otras que han demostrado pisotear los derechos humanos, presuponen sencillamente una disonancia. Por cierto, cuando la señora Cabal dijo que Gabo estaría en el infierno, acompañó el tuit con una imagen de éste con Fidel Castro. Ahora bien, hoy que Juan Pablo II ha sido canonizado, no dijo nada respecto al estadio celestial –cielo, purgatorio o infierno- al que fue; a pesar de las fotos del papa fallecido con Augusto Pinochet.

Las afinidades con este grupo no pueden ser mayores. El portal periodístico Las 2Orillas interrogó a la congresista sobre sus relaciones con Restauración nacional. Esto respondió: Ni más faltaba que una reunión de protesta en la que yo participé, pero para su pesar no organicé porque no tengo el tiempo que quisiera, ahora sea un delito. Esto es una clara persecución y matoneo y no se lo permito.”

Tal vez ese día no tuvo tiempo de conocer quiénes eran los organizadores, pero si Las 2Orillas se tomó la molestia de poner en duda sus relaciones políticas hubiera podido, al menos, revisar quiénes eran los que estaban detrás de Restauración Nacional (ya que sólo fue invitada). Pero no, la propagación de tuits día tras día de esta organización demuestra que no le interesa.  ¡Gran contradicción, señora Cabal! ¡Enviar al infierno a un escritor por ser amigo de un dictador cuando usted omite pronunciamientos relacionadas con un grupo que profesa la ideología que mató a más de seis millones de judíos!  ¿Ese no es el infierno?

Y más afinidades sí tiene: el otro infierno que es la iglesia católica. Propaga todo el día mensajes de sesgo religioso, olvidando, por otro lado, los grandes crímenes cometidos por la iglesia católica a lo largo de toda la historia. ¿El problema es la historia? Ahí lo tiene. ¿El problema son los crímenes que derivan de un sesgo político? Ahí lo tienen.

El problema, considero, es que Cabal está profundamente marcada por su ideología política o sus creencias inmutables y se le hace muy difícil ver los enormes crímenes consumados por la larga historia de las ideas políticas de derecha. Quizá podríamos ver una crítica legítima a Stalin en su cuenta pero nunca a Pinochet, una arremetida contra el Islam pero un elogio a Juan Pablo II a pesar de toda su responsabilidad en el detrimento de los derechos de homosexuales y ateos, sin contar la prohibición o satanización de los métodos anticonceptivos y la condena al disenso de grupos teológicos dentro de su propia religión.

Me pregunto qué hubiera pasado si un grupo antiuribista la hubiera invitado a protestar contra la guerrilla de las FARC y el ELN. Me imagino su respuesta a los periodistas. Por supuesto, no sería la misma.