SIMON BLAIR (IZQ)La especulación no sólo es común entre magos, chamanes y sibilas, también lo es entre ecologistas que, en últimas, terminan haciendo más mal que el que pretenden erradicar.

Por: Simón Blair

La emergencia ambiental que se vive en el Casanare debe preocuparnos, dando a entender que es urgente tratar de descifrar las principales causas de la problemática -no solo allí, sino en cualquier lugar del país donde se presente un problema de las mismas o menores magnitudes- pero no apelar, como hacen la mayoría de ambientalistas disolutos, a la especulación cerrada.

Lo he visto, y he tenido la oportunidad de leerlo en varios periódicos y revistas nacionales, donde ante la gran magnitud del problema, las voces ecologistas han sentado sus puntos de vista. Y en casi todos noto un común denominador: todo es culpa de las petroleras, de la inversión sin tregua que el gobierno ha otorgado a empresas multinacionales para saquear nuestra biodiversidad y, en cambio, producir dinero que se reflejará en carreteras, puentes y escuelas.

No quiero decir que no suceda esto (si lo hiciera, caería en el mismo error), pero no considero pertinente juicios tajantes que no permiten lugar a la saludable duda. Creo que todo se ha formado por las opiniones de la directora del Instituto Humboldt, Briggite Baptiste, después de su vuelo sobre la zona. Me ha parecido muy inteligente lo que ha dicho: que tratar de reducir el problema del agua subterránea a unos pocos estudios no es lo más adecuado -aunque es “plausible”- y que la muerte de chigüiros no es algo nuevo, pues “la literatura científica sí ha reseñado que en época de verano las poblaciones en Venezuela y Colombia de estos roedores se pueden reducir hasta en 30%, ya que se reproducen en grandes cantidades y están sujetos a la selección natural por estos impactos climáticos.”

Estas declaraciones no son pagadas por empresas multinacionales que quieren quedar como las buenas del paseo, pues sin los estudios, todas las cargas probatorias demuestran que son las culpables, ahí, justo en ese momento, nuestro deber moral e incluso de sentido común es responsabilizarlas de todo el daño ocasionado. Incluso los propios gobiernos son los responsables “indirectos” de estas tragedias: cuando no se invierte en ciencia, tecnología e investigación sucede lo que allí está pasando; un desconocimiento total que retarda las acciones que solucionarían las catástrofes ambientales y que solo nos llevan a maldecir. Lo que viene siendo una especulación que pondrá más enemigos sobre la mesa de los que ya hay.

Es cierto que también la comparación es importante. Si un estudio allá mostró que esto o aquello es malo, entonces también lo será acá. Puede ser. Pero no debemos estar tan seguros. Percival Lowell creyó que Marte estaba habitado por una civilización avanzadísima porque a través de su telescopio veía “canales” que llevarían agua a lo ancho y largo del planeta. Otro ejemplo: por décadas se ha enseñado que la gran causante de la Peste negra fue la pulga de las ratas, pero ahora, una nueva teoría con evidencias más convincentes, sugiere que se trató primero de una enfermad pulmonar que contagiaba a través de la tos y el estornudo. Nuestras intuiciones nos engañan, nuestras creencias políticas también. Considero que solo un verdadero estudio, detallado y organizado, sin ningún tipo de sesgos más que el de conocer la verdad, podría darnos las herramientas reales para solucionar un problema de tales magnitudes.

La especulación no solo es común entre magos, chamanes y sibilas, también lo es entre ecologistas que, en últimas, terminan haciendo más mal que el que pretenden erradicar. Nada más irracional que no querer la muerte de un toro (que yo comparto) pero desear con furor la muerte de un torero. Nada más barbárico que defender una plaga de ratas, pero desear la muerte de una parte de la “plaga” humana. Nada más temerario que “amar profundamente todas las especies de la madre tierra”, pero destruir campos de arroz dorado que podrían salvar de la ceguera y la muerte a miles de niños en la India.

La especulación cerrada no paga, la verdad sí.