HUGO ANDRÉS ARÉVALO G columna”La Iglesia católica, la ortodoxa y la protestante son la maldición más grande de la humanidad, casi tanto como el Islam”: Fernando Vallejo.

Por: Hugo Andrés Arévalo González

Hablando con mi papá, llegamos al asunto, como siempre, de la política. Me decía, por ejemplo, que un cura que militara en la política ideológica de la izquierda, así como Camilo Torres, ‘’no tenía carta de presentación’’, es decir, era una contradicción andante. En la conversación tampoco se salvó el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien proclamaba su Socialismo del Siglo XXI, donde mezclaba el materialismo dialéctico con el cristianismo que proponía el religioso y filósofo francés Teilhard de Chardin; su obra fundamental sobre la cual se basó Chávez: Evolución, marxismo y cristianismo. Por supuesto,  a lo que se hacía mención indirectamente, era a algo como la Teoría Marxista de la Liberación. Si se pudiera hablar de contradicciones históricas, esa propuesta sería una sin precedentes. Por tanto, ligar religión con política es el primer gran pecado de Chávez.

Independientemente de que se fusione socialismo con religión, esa estrategia no perdona a la Iglesia por casi dos mil años de crímenes y corrupción en casi todo el planeta. Por supuesto, lo de Chávez fue un plan para ser más populista, lo que le permitiría consolidar su estadía en el poder gracias a la mayoría de población venezolana: a finales de 2011, Venezuela era nación de un 89.3 por ciento (equivalente a 25 millones 800 mil ciudadanos: ver mapa interactivo) de personas que practicaban el cristianismo, siendo el séptimo país con más cristianos en América.

Cada que veo noticias sobre el Papa Francisco I, me pregunto si quiso llegar al Vaticano como lo hizo Chávez, por ejemplo. Después del fallido intento de golpe de estado en Venezuela, el 4 de febrero de 1992, Chávez quería alcanzar la presidencia del país vecino, pero esta vez, por la vía política y el voto. En una entrevista (ver video) que le hicieron en 1998, le preguntaban que si era el diablo, que porque había muchas personas que le tenían miedo. Chávez se reía y decía que no. Luego le preguntaron que si entregaría el poder al terminar su período de gobierno y Chávez dijo que sí, que incluso si era mal mandatario antes de finalizar su mandato, abandonaría el poder. Que si iba a nacionalizar a algún medio de comunicación y Chávez dijo que no, que antes iba a profundizar y mejorar los medios ya existentes.

Finalmente le preguntaron que si Cuba era una dictadura y Chávez dijo que sí. Desde luego, Chávez no era el diablo. Los graves pecados fueron: montar una nación paternalista y no saber administrar los recursos sobre una ideología de izquierda con vínculos religiosos.  Si Chávez logró convencer incluso a sectores de derecha en su momento, fue gracias a su discurso camuflado: evidentemente supo esconder el socialismo que venía detrás de la fachada de capitalismo. Si así es como funcionan las cosas con Bergoglio, pues pareciera ser que es un revolucionario como Chávez. Pero no.

Uno de los aspectos que permiten ver la gran diferencia entre un revolucionario como Chávez y un revolucionario como Bergoglio,  es que el venezolano se plantaba retador frente a las políticas imperialistas de Estados Unidos y todos aquellos países que lo apoyaban. Desde luego, pareciera ser que el argentino estuviera haciendo lo mismo contra el Vaticano, pero la última noticia que me hizo ver la gran diferencia entre el Papa actual, Joseph Ratzinger, alias ‘Benedicto XVI’ y, el procurador general de Colombia, Alejandro Ordóñez (y por supuesto, toda la estructura histórica del Vaticano), fue: ninguna, por supuesto.

La diferencia no es ninguna, y es evidente también en la última noticia que me llevó a la ira: el Papa Francisco I estaría contemplando la idea de santificar a Eugenio Pacelli, alias ‘Papa Pío XII’ dizque por salvar la vida de muchos judíos. Hay que recordar que Pacelli, en 1942, tres años antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, fue el creador de uno de los bancos más rentables del mundo, el IOR (Instituto para las Obras de Religión). Mientras Bergoglio expresa indignado que le ‘’duele ver a una monja o un cura con el último modelo de coche”, este banco, al 3 de julio del 2013, presenta activos de 7 mil 100 millones de euros (ver informe). La solución del Papa Francisco ante ese problema, fue ‘’crear una comisión para reformar la estructura económica administrativa (…) y revisar la Curia’’. En pocas palabras: más burocracia, donde se podrán evitar corrupciones, pero mientras la Iglesia siga de la mano de los líderes que dicen cómo debe moverse el mundo, nada cambiará. Tal es el caso de Karol Józef Wojtyła, alias ‘Papa Juan Pablo II’, que como comenta Fernando Vallejo (ver video), se reunía y salía en fotos tanto con el criminal dictador de izquierda, Fidel Castro, como con el dictador y criminal de derecha Augusto Pinochet.

Convertir en santo a un Papa que creó un banco corrupto que se alimentaba de la ciega caridad de sus creyentes y que no les retribuía nada, es poco menos grave que lo siguiente: durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis liderados por Hitler y los fascistas fieles a Mussolini eran enemigos declarados, entre muchos otros, tanto de los judíos como del cristianismo. Con mucha creatividad, los líderes cristianos pudieron sobrevivir: en Italia, el criminal Benito Mussolini, en 1929 tuvo que indemnizar a la Iglesia para que esta reconociera su mandato, en tanto que el tirano reconociera la soberanía de los Estados Pontificios; para ello les tuvo que pagar 80 millones de liras. Por otro lado, Hitler y su nazismo le encargaron al Papa Pío XII dinero y oro que habían robado a los judíos, por lo que al deshonesto capital inicial se le unieron 160 millones de dólares producto de los tesoros nazi.

El Papa Pío XII, en época de guerra con Hitler y Mussolini, jamás mencionó palabra sobre los crímenes cometidos por la persecución y asesinato judío, comunista y racial. Esa complicidad de la Iglesia con nazis y fascistas, la argumenta el escritor colombiano Fernando Vallejo en su famoso libro La Puta de Babilonia: ‘’el arzobispo Kolb de Bamberg que predicaba que cuando combaten ejércitos de soldados debe haber un ejército de sacerdotes que los secunden rezando en la retaguardia (…) El obispo de Buchberger de Ratisbona: el Führer y el gobierno han hecho todo cuanto es compatible con la justicia, el derecho y el honor a nuestro pueblo para preservar la paz de nuestra salvación (…) El obispo de Ehrenfried de Wizburgo que decía: los soldados cumplen con su deber para con el Führer y la patria con el máximo espíritu de sacrificio, entregando por completo sus personas según mandan las Sagradas Escrituras’’. Así pues, el Papa que quiere santificar Bergoglio, es otro de los tantos corruptos del Vaticano. El único cristiano que se rebeló contra los nazis, agrega Vallejo, fue ‘’el padre alemán Sangel, que tuvo, este sí, el valor de enfrentárseles a los verdugos nazis que les faltó a los parásitos travestidos del Pío XII y sus obispos alemanes’’. El padre Sangel fue asesinado con aproximadamente 800 mil judíos en el campo de concentración de Treblinka.

Al nivel de Pío XII, está este Francisco, puesto que ambos conocían de los abusos de su Iglesia y nunca hicieron nada; Pío XII se quedó de brazos cruzados con los nazis y fascistas; y para Bergoglio, es preciso recordar que su ‘’indignación’’ por ver a los pobres sufriendo las desigualdades del mundo actual, no es más que la de las personas que recuerdan que en la época de la represión militar argentina de (1976-1983), él como testigo, no fue capaz de denunciar a los perpetradores de la masacre. Como dice la frase popular: el que calla, otorga. Porque no hay que hablar para estar de acuerdo con algo, Bergoglio es tan criminal como el ex militar y criminal Rafael Videla. Cómplice.

El Vaticano pareciera ahora tener una imagen ‘’más renovada’’, con el mandato de Francisco, pero todo es una estrategia publicitaria y comercial, cínicamente reconocida por ellos, donde varios cardenales le comentaron al periódico The New York Times que necesitaban “un comunicador persuasivo, que ganara almas con sus palabras” y que “entienda la fe y la anuncie de manera atractiva y simple”.

Cuando el Papa argentino silenció la masacre de la dictadura, ejercía el cargo de superior provincial en la Compañía de Jesús. A este Papa ‘’rebelde’’ que siendo arzobispo hasta hace poco, el 25 de marzo de 2012  en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, le dio por ofrecer una misa del ‘Día del niño por nacer’ (ver archivo), donde comentaba la importancia de la vida ajena más que la propia: ‘’cuidar la vida de cualquier ser humano supone sacrificio, supone cruz, supone no cuidarme yo’’.  Y por supuesto, este inteligente argentino supo cuidar su vida a costa de los demás. La misa que da ahora por los vientres y la vida, fue la que no ayudó durante la dictadura; qué bonita contradicción, ejemplo de entrega y cuidado de las vidas ajenas. Bergoglio sabía del robo de bebés por parte de las órdenes de los militares argentinos y dejó pasar todo como si nada: ‘’por no hablar y mantener el silencio hay 30 mil desaparecidos y 560 nietos apropiados por represores”, comenta Estela de Carlotto, actual presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Como un valiente guerrero que sobrevivió a una épica batalla, el ahora Papa, publicó en 2010 un libro en el que respondía el porqué de su silencio: “si no hablé en su momento fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar”. Como si las víctimas de ese crimen no hubieran sido nadie. Como si ese ‘’hacerle juego’’ a una sola víctima de los 30 mil desaparecidos no fuera más que una cifra.

La rebeldía es ahora la manera camuflada de seguir legitimando no sólo el capitalismo salvaje sino otras formas de desigualdades, sometimiento y tortura. A ese Papa rebelde que han montado El Vaticano y los medios de comunicación, se le suma un detalle que creen que lo hace ‘’moderno’’, y es que el líder religioso podrá ahora perdonar pecados por Twitter.

Otra de las noticias que conmocionó a los medios, y que aumentó la popularidad del Papa, fue su expresión de aparente ‘’tolerancia’’ a las personas gais, cuando mencionó que no era nadie para juzgarlos, comentario que sirvió para reducir el impacto de las noticias  de las protestas de su llegada a Brasil, puesto que su estancia costó  más de 150 millones de euros, donde los costos los asumían sobre todo el gobierno brasileño y la alcaldía de Río de Janeiro.

El cambio ‘’rebelde’’ por el que está pasando la Iglesia en estos momentos, es una de las tantas pruebas a la que ha tenido que hacer frente históricamente para no extinguirse; gracias a esos obstáculos y su creatividad en los momentos precisos, ha podido evitar el fin de sus tiempos. Sencillamente: la Iglesia se adapta o deja de existir. Y eso va en general para todas las religiones (ver noticia).

Terminaba de hablar con mi padre, y encontrábamos en Chávez y en religiosos como el cura Camilo Torres, la unión irreconciliable de la política y la religión. Chávez unía en su proyecto político la religión; mientras que Bergoglio pareciera darle otra cara a su gestión religiosa con pasos políticos en la ‘’reestructuración’’ del Vaticano. Para empezar a pedir por los derechos y justicia sociales, hay que empezar por ir desligando la Iglesia de la política, cosa que no hicieron ni Chávez ni Bergoglio. Son personajes similares que a su modo de ver, han construido un universo que argumente sus pasos equivocados.

La Teología de la Liberación que venía implícita en la conversación con mi padre, manifiesta que Jesucristo era un líder político y resalta su lucha por los pobres. Entendiendo ‘’pobres’’ no por los humildes ni los no creyentes en Dios, sino entendiendo a todos aquellos oprimidos y explotados por una clase opresora. Se les olvida a estos religiosos de la Liberación, que esa opresión que tanto quieren evitar y que ha generado pugna entre ellos mismos y El Vaticano, ha sido legitimada precisamente por la Iglesia, por la religión católica, cristiana, y todas sus derivadas y otras religiones. Porque cuando llegaron los colonos españoles a América, venían junto con los curas: los unos, a conquistar tierras a nombre del rey; los otros, a conquistar almas en nombre de Dios, que vendría siendo otro rey ser humano llamado Papa. Y ahí comenzó la decadencia, cuando los invasores llegaban, leían un discurso con el que buscaban convertir a la fe católica a los nativos americanos: ‘’si no lo hicieréis, o en ello dilación maliciosamente pusiereis, certifícoos que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y os haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiere, y os sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y Su Majestad mandare, y os tomaré vuestros bienes y os haré todos los males y daños que pudiere’’. Así lo retrata el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano en su reconocida obra Las venas abiertas de América Latina. Y mientras escribe la imagen histórica de dicho suceso como: ‘el signo de la cruz en las empuñaduras de las espadas’;  de la empuñadura de la espada que era directa, sangrienta y violenta, la Iglesia va resurgiendo entre sus cenizas y se va convirtiendo en algo más simbólico, algo más diplomático y no por eso menos atrevido y cínico, que es la conversión en una causa rebelde y social que nunca tuvo y de la que ahora hace alarde con su nuevo Papa fachada, imagen. Esa nueva cruz es Francisco Bergoglio en la empuñadura de la espada del capitalismo.