Girar en torno a la capital es otro indicio de la desigualdad en el país; mientras en esa ciudad invierten mucho dinero en obras públicas y todo empieza y termina en ella, las demás ciudades se quedan paradas al lado como si no valieran nada. 

Por: Miguel Ángel López

Medellín tiene el hotel Nutibara, pero Bogotá tiene el Tequendama. Medellín tiene el Parque Lleras, pero Bogotá tiene la Zona T. Medellín tiene el centro comercial El Tesoro, pero Bogotá tiene el Andino. Bogotá tiene a LadyGaga, sí, pero Medellín tiene a Madonna. Por primera vez una ciudad logra, en verdad, quitarle el protagonismo a la capital y ocupa un lugar importante en todos los medios de comunicación.

Colombia es un país centralista porque todo gira alrededor en Bogotá. Es más, si nos descuidamos, el metro de Medellín tendrá estación Chapinero, el Mío los llevará a Unicentro y el Megabus hará taco hasta Chía.

Pero ahora, Medellín les demuestra a todos que hay opciones más allá del frío capitalino. Desde la semana anterior al concierto cerró media avenida Regional para instalar los puestos para la gente ya que decidieron adelantar los alumbrados para deleite (y publicidad) de la Reina del Pop.

En adición les brinda el servicio de metro a sus asistentes hasta la una y media de la mañana, con tres estaciones abiertas especialmente para quienes iban al concierto. Además, pueden comprar una edición limitada de la tarjeta cívica del Metro, con dos pasajes incluidos, no solo les sirve para llegar al Estadio, sino que también al pueden continuar usando.

También  había buses gratuitos que salían de unos puntos específicos de la ciudad y llevan a las personas al concierto desde las 2:30 p.m. hasta las 7:00 p.m. Y las calles aledañas al estadio que han sido cerradas o desviadas estratégicamente, solo recibieron taxis de unas cuantas empresas autorizadas por la alcaldía (de igual manera los taxis están absueltos del pico y placa en toda la ciudad por ambos días).

Estas palabras, más que hacer propaganda paisa, buscan pellizcar a las demás ciudades y a los colombianos. No todos los grandes eventos tienen por qué ser en Bogotá, no todo tiene que  pasar allá.

Girar en torno a la capital es otro indicio de la desigualdad en el país; mientras en esta ciudad invierten mucho dinero en obras públicas y todo empieza y termina en ella, las demás ciudades se quedan paradas al lado como si no valieran nada.  A la final somos un país completo, no una narcisista idea de capitolio.

De palabras de turistas que llegaron a la ciudad de Medellín escuché lo contentos que están con el clima, con la variedad de lugares que pueden visitar, con el trasporte público. Sobre todo, opinan que la sola idea de viajar a una ciudad distinta a Bogotá para un evento como este les ha gustado mucho y esperan que no sea el último.

Sí, Bogotá es la capital y esto le brinda un estatus y unas necesidades que debe suplir, pero la diferencia entre Bogotá y Barranquilla, Medellín o Cali es abismal. ¿Acaso pasa lo mismo entre Nueva York y Washington? ¿Madrid y Barcelona? ¿Sao Pablo y Brasilia? No, y si bien es cierto que el Festival de Barranquilla, la Feria de las Flores, el Festival de Negros y Blancos, inclusive las Fiestas del Diablo que se celebran cada dos años en Riosucio, jalan mucho turismo, nacional e internacional; el protagonismo de estas ciudades debería ser mayor.